
Quizá sea el más despreciable. Es el que consiente. El que permite. El que atrapa. Sin él no es posible el timo. Y es el que selecciona a los inocentes. El que realmente los engaña.
El que sirve de coartada a las compañías para cerrar el juego.
No se atreverían a defender ninguna de sus argumentos delante de ninguna Sociedad Científica.
Dirían, jurarían (sería perjuro) que ellos no tienen nada que ver con las líneas de actuación de las compañías. Que las compañías van por libre. Pero no es cierto. Cual ratas, cual sabandijas, se meten en los despachos y se escudan en la ignorancia, en el desconocimiento para convencer a los responsables de que las cosas se pueden hacer como ellos dicen. Es más, les dicen que es la mejor forma de hacerlo.
Pasan totalmente de los consejos de las sociedades médicas.
Esconden sentencias de tribunales españoles.
Esgrimen que quizá sea mejor pagar de vez en cuando una indemnización (cada vez más frecuentes), que sacar dinero día a día.
Pero olvidan que detrás de una indemnización hay alguien que sufre. El daño se puede compensar, pero no se puede resolver. No hay vuelta atrás. No hay consuelo.
Me dan asco.

1 Comentarios. Pasa y escribe tu opinión.:
Hoy estoy como el tiempo, nublado, me tienes en ascuas.
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