
Una vez tenía que tirar un muro en mi casa y le pedí un presupuesto a un albañil. De todo el mundo se aprende. ¿Cuánto cobra un albañil por tirar un muro? Poco, muy poco.
Pero la factura tuvo cierto peso. ¿Quieren saber el secreto? Podemos saberlo leyendo la factura.
Cuando se tira un muro, no sólo se tira un muro. Vayamos por partes. Cuando se tira un muro se derrumba un muro, se recogen los cascotes, se desplazan los cascotes hasta la cubeta y se limpia la zona donde estaba el muro. Por supuesto que cada uno de los conceptos tiene su precio. Tanto por el derrumbe, tanto por la recogida, tanto por el desplazamiento y tanto por la limpieza. Resultado: pagas como si hubieras tirado todos los muros de la urbanización.
Los albañiles tienen su dignidad. Y su master en economía. Y la primera lección de este master es la pedagogía hacia el cliente. Es decir, es conveniente que el cliente sepa lo que realmente estás haciendo cuando estás haciendo lo que estás haciendo. Esto se lo están copiando la Consejerías de Salud a los albañiles con el tema de la Factura en la Sombra. De todo el mundo se aprende.
¿En qué consisten los gastos de la anestesia?
¿A que es una buena pregunta? Pues yo le propongo otra que la complementa ¿quién se lleva los dineros de la anestesia?
Para entrar en faena les voy a desglosar cada uno de los conceptos que realiza un anestesista cuando hace lo que hace.
El cirujano avisa al anestesista cuando tiene un paciente al que le ha propuesto cirugía. Y es entonces cuando la noria empieza a dar vueltas.
Lo primero es conocer al paciente: Consulta de Anestesia. Han leído bien Consulta de Anestesia, no Preoperatorio, no. Porque lo que hay que hacer es una Consulta de Anestesia: valorar al paciente, explicarle el tipo de anestesia que se ha pensado para él, prepararlo para la intervención (modificar los tratamientos habituales del paciente o ajustarlos) y darle las recomendaciones para el día de la intervención. ¡Ah!, ¡se me olvidadba!. Que firme el papel del Consentimiento Informado. Y digo que firme el papel, porque el Consentimiento Informado es lo que hemos hecho antes cuando hemos valorado, explicado, preparado y recomendado. Por lo que sólo queda la firma. Y ya está. Primer concepto a cobrar. Vayamos a la pregunta: ¿quién se lleva los dineros de la anestesia?. Debería ser el anestesista ¿no es verdad?. Pues no. Explicación: no se hacen consultas de anestesia, se hacen consultas de preoperatorios, donde un internista hace un estudio rutinario al paciente y, sin explicar, preparar ni recomendar, escribe un informe. Resultado: el hospital contratante de la parte contratada de la primera parte (que diría Groucho Marx) hace negocio con la Consulta de Anestesia y se queda con el dinero.
La noria sigue dando vueltas, el paciente entra en quirófano.
Así, a bote pronto, cada anestesista tenemos unos protocolos anestésicos ajustados a cada paciente, a cada cirujano y a cada intervención y procedemos a hacer la mejor técnica a nuestro paciente. Si el paciente ha sido preparado por un anestesiólogo, la estrategia ha podido se preparada con tiempo. Si no, se torea a Porta Gallola. El gasto total de la anestesia va a parar directamente al anestesista responsable de la faena. Los precios. No se lo creerán, pero por la misma intervención y con el mismo nivel de especialización, según sea una autonomía u otra, la misma compañía puede pagar un 50 % más o menos al anestesista responsable. Es decir, que los pacientes van a tener a anestesistas más descansados o más agotados realizando su trabajo según la autonomía donde se opere, o se anestesie, según quieran verlos ustedes.
Aunque el anestesista tire un muro durante la intervención, sólo cobrará un concepto. Aunque hay acuerdos para incluir actuaciones concretas: canalización de vías venosas centrales, colocación de catéteres epidurales para rehabilitación, hemodilución normovolémicas, etc., las compañias siempre se las ingenian para no abonar ninguno de los extras.
Seguimos en la noria. El paciente sale de quirófano.
Cuando el paciente sale de quirófano puede ir a un despertar, a una reanimación o a una UCI. Por cada uno de los conceptos se cobra. Quiero decir alguien cobra. Si el paciente va al despertar (intervenciones leves o cirugía ambulatoria) el anestesista suele hacerse responsable de la evolución del paciente (aunque siga trabajando en quirófano su parte programado habitual) ayudado por un equipo de enfermería del hospital y, será por eso, es el hospital el que cobra el concepto a la compañías. Los anestesistas no suelen ver ni un céntimo por este concepto.
Si el paciente va a una reanimación o a una UCI es el hospital el que cobra el concepto completo, por tener contratado al personal responsable del seguimiento del paciente. Es justo. Sobre todo cuando el personal que atiende estas Unidades es personal especializado.
Un par de vueltas más. Si el paciente precisa control del dolor postoperatorio pueden pasar dos cosas, que su compañía lo contemple en su baremo y lo-autorice-o-no-lo-autorice o que no lo contemple en su baremo (y no sé porque no lo contemplan porque se acordó formalmente con el Colegio Oficial de Médicos en 1995). Si lo contempla y lo autoriza, puede ser que se lo realicen-o-no (como el paciente no sabe generalmente de estas técnicas, puede que nunca lo pida) y si se realiza lo cobra el anestesista y lo disfruta el paciente. Si la compañía no lo autoriza puede pasar dos cosas: que el anestesista, a pesar de no cobrarlo, lo-haga-o-que-no-lo-haga. Si lo hace, por supuesto, no lo cobra el médico, sin embargo, lo disfruta el paciente y, como mal menor, el anestesista se conforma con las palabras agradecidas del paciente ("¡que Dios se lo pague!"). Los anestesistas somos todos creyentes y pensamos que Dios será un buen pagador por nuestras acciones. En eso confío.
Pues ya lo saben. Esta noria da dinero a mucha gente. Y yo no me quejo.
Pero si el anestesista cobrara por su trabajo, si nadie fuera intruso de su trabajo, los anestesistas no estarían mejor pagados, estarían más descansados. Los pacientes se beneficiarían enormemente por ello.

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