viernes, 25 de febrero de 2011

Matices del dolor


Algunas veces me pregunto si el dolor tendrá para nuestro organismo la importancia que nosotros le damos. Y me respondo que no, que posiblemente el dolor es sólo una mancha más de color sobre un cuadro repleto de ellas.
En nuestra vida cuentan las experiencias. Y los detalles, son sólo matices de esas vivencias. Es en este sentido que creo que el objetivo fundamental de nuestro cuerpo es saber valorar el sufrimiento y que el dolor es sólo una parte, una parcela, un retal. El dolor nos sirve para poder saborear nuestros recuerdos. El dolor o la ausencia del mismo. Recordamos si fuimos felices o si sufrimos y no siempre el dolor está presente en los últimos casos. Y no siempre se ausentó en los primeros.
De esta forma, quizá la pregunta más importante que tenemos que hacer a los pacientes no es ¿le duele algo?, sino ¿hay algo que le haga sufrir?.

miércoles, 23 de febrero de 2011

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Un joven asustado por no haber sido nunca valiente y muy disconforme con su vida anterior, decidió romper con sus miedos y con sus ataduras. El mundo se puso de su lado y se levantó con el sol más luminoso y la marea más coqueta y en el rincón más bonito del universo (por supuesto La Caleta), le dió ánimos para buscar la felicidad. Mientras otros daban brillo a fusiles, mientras otros ocultaban consignas y engaños, la vida le ayudó a buscar la sonrisa más hermosa y ponerla en un cruce, delante de él. O quizá fue en las escaleras de entrada a una facultad.
-Me gustaría volver a hablar contigo. Me gustaría tener una oportunidad de reencontrarme, contigo.
Y ese día, la esencia de ese día, quedó grabado en el viento, en la sombra de un gran ficus, en el brillo de las estrellas, en la espuma de las olas, en las huellas de la arena mojada.
Y ese día, ese mismo día, se repite mágicamente año tras año.
Porque ese día, dicen algunos jóvenes enamorados, almas locas descarriadas, que paseando por la Caleta te asoma la alegría a los ojos sin saber de dónde viene. Que la sombra de los árboles es cálida. Que las estrellas se esconden tras la luna llena, vergonzosas, azoradas. Que las olas escriben palabras de amor en la orilla y que no se borran hasta que alguien suspira. Y que si miras hacia atrás en el momento de la puesta de sol, las huellas que han dejado tus pasos, esconden el nombre de tu enamorada.
Y mientras otros piensan en balas, en disparos, en disputas, en La Caleta, la brisa recuerda que un joven empezó a ser feliz, que terminó encontrándose y que al pasar de los años agradece que nadie olvide ese día. Aunque sea por otra cosa.

domingo, 20 de febrero de 2011

En su hospital ¿ponen catéteres o ponen epidurales?


No es lo mismo poner un catéter que poner una epidural, como no es los mismo tener teléfono que tener línea. No es lo mismo tener una cuenta en el banco que tener dinero. No es lo mismo estar casado que tener marido (o esposa). No es lo mismo tener coche que viajar. No es lo mismo tener un jamón, que comerlo.
Poner un catéter es muy fácil. Cualquiera podría hacerlo. Poner una epidural es distinto.
¿Cuál es la diferencia? Vamos a entrar en faena. ¿Para qué sirve una epidural en un parto, por ejemplo? Para quitar las molestias ¿verdad?. Pues si se pone un catéter y no se quitan los dolores, es verdad que se está poniendo un catéter, pero no que se haya puesto una epidural.
Debemos entender que hay epidurales que fallan ¿cuál es el porcentaje adecuado? ¿En su hospital hay alguien que se preocupe de eso? ¿Sabe usted cuántas epidurales fallan en su hospital?
¿A qué se le llama fallo?
Una epidural falla cuando no cumple su objetivo. Una epidural falla completamente cuando no quita ninguna molestia. También falla la epidural cuando quita parte del dolor.
Cuando sólo se bloquea una parte del cuerpo pueden existir soluciones. Hay veces que se pueden administrar dosis complementarias por el mismo catéter y se puede arreglar la extensión insuficiente del bloqueo. Hay otras veces que hay que retirar un poco el catéter para que se reubique en su sitio. Otras veces no queda más remedio que colocar un segundo catéter.
Pero para que todo esto suceda, es necesario que la estructura del hospital o las ganas del personal incluyan que una vez puesto el catéter, se haga un seguimiento del resultado. Es algo que sirve para distinguir, también, los hospitales dónde se ponen epidurales de los que sólo se ponen catéteres.
Si el médico anestesista se responsabiliza del seguimiento, si está a mano para poder resolver en todo momento cada uno de los problemas, si la matrona que asiste a la parturienta colabora, muchos catéteres que están en su sitio, pero que no están consiguiendo el efecto deseado, podría aliviar muchos dolores de muchas parturientas.
Una vez que se pone el catéter hay que conseguir que sirva para algo, hay que conseguir que se convierta en una auténtica epidural.
Y si un catéter no consigue de ninguna forma resolver el problema, se le propone a la paciente colocarle otro.
Es lo que suelen hacer los médicos. Existen rescates de prótesis, existen reintervenciones, existen muchas ocasiones en que se reconocen los errores y se le da solución al paciente. Es lo que suelen hacer los médicos.
Los anestesistas somos médicos. O por lo menos, eso creo.
Me da mucha rabia que se hable mal de la epidural. Que haya muchas pacientes que digan que no les hizo efecto. Y que después digan que una vez que le pusieron el catéter no supo más del anestesista. O que la matrona le insistió en que aguantara.
¿Qué medidas se pueden poner para mejorar la atención del paciente?
En la medicina privada debería de haber un encargado de preguntar a las pacientes sobre la eficacia del catéter epidural y sólo abonar los honorarios si se hubiera conseguido la satisfacción completa de la paciente.
Y aquí radicaría el interés por la respuesta de la pregunta que antes se quedó flotando en el aire.
¿Cuál es el porcentaje de fallos aceptable? Pues el que no llegue a este nivel, que no cobre.

sábado, 19 de febrero de 2011

Déjamela a mí....


Algunos compañeros aburridos, quizá por ausencia de argumentos y con muchas ganas de notoriedad, han tenido la malévola idea de malinterpretar una entrada en el blog de la DraJomeini para hacerse publicidad en el mundillo de la globosfera. Una infancia con falta de cariño u otro tipo de frustraciones hacen que algunas veces se vean gigantes donde sólo hay molinos.
Ha empezado una competición para ver quién le pega más fuerte a nuestra cariñosa amiga. Déjamela a mí, parece que se dicen unos a otros para animarse a ver quién escupe el desafuero más grande entre aquellos que se autoerigen en defensores de los enfermos psiquiátricos.
Yo soy de los médicos que piensan que los pacientes no necesitan defensores, sino profesionales que los apoyen. No hay que inventarse enemigos para demostrar que unos somos mejores que otros. Hace falta sólo estar más cerca de ellos.
Espero, que si algún día necesito de ayuda, no me toque un médico que piense que la humanidad está sobrevalorada.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Orgulloso


Cuando el recuerdo de una persona siempre te trae una sonrisa a la cara. Cuando tienes grabados los primeros pasos de alguien en un camino difícil. Cuando la ilusión hace reunir a un modesto grupo de pequeños residentes en un proyecto de gran servicio. Cuando resulta que siempre te han llegado buenas noticias unidas al nombre de una persona...
No te queda la menor duda de que Consuelo es un nombre muy adecuado para una gran anestesista.

jueves, 3 de febrero de 2011

¿Por qué el dolor es tan difícil de controlar?

Primera Parte/Homenaje a los Castells
Sabemos que hay varios tipos de dolor o, por lo menos, los clasificamos con distinto nombre. Quizá al paciente le da lo mismo que lo llamen de una forma o de otra, porque lo único que le importa es que quiere que se lo quiten y no le da ninguna relevancia a si el dolor es un síntoma de alarma o es un fallo en el sistema de percepción.
Y el dolor, tenga el origen que tenga y tenga la función que tenga, utiliza siempre las mismas estructuras para despertar en el paciente la sensación tan desagradable que nos comunica en nuestra consulta. Para mí, la que creo que es la mejor definición de dolor que existe, la encontré en un libro de enfermería (ocurre muchas veces que los enfermeros nos iluminan con sus ideas, que se generan, normalmente, por su cercanía a los pacientes): "El dolor es aquello que siente un paciente cuando dice que le duele, que empieza cuando él dice y acaba cuando él dice". Compárenla con la definición del dolor que tenemos los médicos: "es una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada con un daño tisular, real o potencial, o descrita en términos de dicho daño". Liosa ¿verdad?
Pues bueno, ¿qué es el dolor, entonces?. Pues quiero convercerlos hoy de que el dolor es una herramienta. Una herramienta que funciona. Y que lo hace muy bien. Funciona a cualquier hora del día y de la noche. Nos avisa cuando estamos despiertos informándones de que algo puede ir mal. Nos despierta por la noche, para que el sueño no encubra una alteración importante. Funciona en verano y en invierno. En el Polo y en el Trópico. Al poco de nacer y momentos antes de la despedida. Funciona cuando no sabemos casi hablar, funciona cuando estamos perfectamente formados. Funciona cuando estamos enamorados. Funciona cuando llega el desengaño. Funciona en las alegrias. No se olvida de nosotros en las penas.
Funciona cuando estamos solos. Funciona en medio de la muchedumbre.
Funciona mientras rezamos en las iglesias, o mientras ayunamos en el Ramadan, o mientras celebramos la Pascua. Cuando confiamos en alguien superior o cuando creemos en el hombre.
Cuando viajamos, cuando estamos parados, cuando abusamos de la comida, cuando disfrutamos de una buena copa de vino.
Funciona siempre. Y algunas veces, cuando no debe.
¿No les gustaría tener una alarma en la casa en la que pudieran confiar en todo momento?¿Cómo sería esa alarma? No valdría si fuera un solo cable que cortara el ladrón escondido en la sombra y que nos dejara desprotegido de policías, amigos y agentes de seguridad. Tendría que ser un sistema basado en muchos componentes. En muchos sistemas que se complementaran. Que hicieran que uno despertara al otro y que si uno de ellos no funcionara en un momento, encontrara un recambio cerca para que no se perdiera la información necesaria que nos informara de la presencia del Caco.
Llamen a una agencia de seguros: les hablaran de los sensores de movimiento, de los sensores de calor, de los sensores de ruido. Vean una pelícuala de TomCruise en que trata de robar la joya más preciada. Miren como burla a vigilantes, cómo se ríe de las células de EstímulosDespertadosPorMultiFrecuenciaDeReferencialPoliFásicaAutónoma, cómo cabalga en las sombras y cómo se escabuye de los rayos MicroUltraPoliInfraLuminosos. Si TomCruise se intentara colar en el cuerpo humano sin despertar sospechas, lo tendría crudo. La película duraría menos de medio minuto. Y cazado por varios agentes a la vez. TomCruise en chirona.
Fundamentalmente el dolor nos ayuda.
Un buen invento.
Si a los abuelitos no les doliera las rodillas, los tendríamos haciéndonos las compras TodosLosDías, llevando a los nietos al cole TodosLosDías, pagando las facturas de los bancos TodosLosDías, haciendo cola en el frutero TodosLosDías.
Si no les doliera la barriga después de un empacho de chocolatinas, no habría forma de explicar a nuestros niños que ciertos excesos no son buenos.
Si no existieran los dolores de cabeza no podríamos confiar en que el niño dejará alguna vez el tambor que le regalaron los titos por su cumpleaños.
El dolor nos educa. El dolor nos hace mejor.
Luis García Berlanga, que ha demostrado que es mejor persona que director (y fue MuyMuyMuyMuy Grande) lo dijo muy claro antes de morir: "El dolor me jode, pero morirme me jode mucho más".
No podemos permitir que la alarma no funcione. Hace falta la alarma. ¿Qué pega tiene entonces? Pues que una vez que nos avisa, queremos que se calle. Y es normal. Pero no sería bueno que se desconectara sin ningún control. Un hueso roto que dejara de doler cuando tuvieramos la constancia de que está roto ocasionaría muchos daños. ¿Y si nos levantamos y tratamos de apoyarnos en un tobillo roto? ¿Y si intentamos seguir conduciendo nuestra moto con el hombro roto? En estos casos aguantamos el dolor. Nos sirve: "Movedme con cuidado y que alguien tire del pie antes de pasarme a la cama". Sabemos exactamente como tenemos que movernos, como queremos que nos cuiden. Gracias al dolor.
En el dolor colaboran muchos elementos. Hay una única sensación desagradable pero muchos agentes implicados en ella. A nivel periférico es dónde más trabajadores vemos empeñados en su buen funcionamiento.
El dolor es un niño que tiene que llamar a un timbre y tiene muchos amigos que lo suben en brazos para que llegue al botón. Mejor que eso, el dolor es una anxaneta que tiene que subir a un Castell y que van subiendo tramo tras tramo hasta poner sus dos pies en la cima y hacer la aleta.
A estas alturas espero que ya vean claro que no vamos a controlar a ese niño quitando a un solo casteller , ni siquiera quitando a la mitad de la pinya. El espíritu del Casteller hace que por cada uno que quitáramos viniera otro a sustituirlo. El Castillo termina formándose. Llueva, granice, nieve, haga viento, queme el sol. Con Tramontana o sin ella. El niño levanta su puño y todos comprueban felices que no hay quien pueda derribarlos. Bendito dolor.
Y ahora llega la alegría del derrumbe. La satisfacción del desmenuzamiento. La desintegración del Castillo. Y el niño pasa de brazo en brazo y es felicitado por su hazaña.
No tiene sentido un Castillo permanente. La belleza de cargarlo y la belleza de descargarlo. Pero, entonces, ¿por qué no baja ese niño?¡Decídle que ya terminó todo!¡Animadle a que baje!

...Se me está haciendo tarde. Continuaremos en otra entrada, para no hacerme muy pesado.

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