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miércoles, 9 de febrero de 2011

Orgulloso


Cuando el recuerdo de una persona siempre te trae una sonrisa a la cara. Cuando tienes grabados los primeros pasos de alguien en un camino difícil. Cuando la ilusión hace reunir a un modesto grupo de pequeños residentes en un proyecto de gran servicio. Cuando resulta que siempre te han llegado buenas noticias unidas al nombre de una persona...
No te queda la menor duda de que Consuelo es un nombre muy adecuado para una gran anestesista.

lunes, 1 de febrero de 2010

Mis maestros en la anestesia privada


Hice la especialidad en Granada, en el Servicio de Anestesiología de Don Rafael Gálvez Carrillo de Albornoz, el primer jefe de Servicio de Anestesia que hubo en España en la Seguridad Social y al que le tengo que dedicar en exclusiva una entrada especial.
Pero hoy voy a incluir aquí a las tres personas que más han influido en mi formación en la medicina privada: Irene Gutiérrez Caba, mi Madre y mi Entrenador de hockey hierba cuando era juvenil.


Cuando fui a Madrid a elegir la plaza en la convocatoria MIR de 1982 estaba poniendo en el Teatro Lope de Vega una obra de Antonio Gala, El Cementerio de pájaros, creo que se llamaba. Los de pueblo, cuando vamos a Madrid aprovechamos para ir al teatro. Al entrar a la sala vi que había poca gente. "Ya se llenará", pensamos los tres cadidatos a lo que saliera, el uno, a psiquiatra el otro y a anestesista en mi caso. Pero cuando se acercó la hora del comienzo de la actuación me fijé en que no habría ni 10 personas en el teatro, contando a los tres futuros especialistas. Pensé entonces que saldría un figurante y nos diría algo como que "sintiéndolo mucho la actuación no va a reprentarse el día de hoy por..." y se inventarían cualquier motivo. Pero no. La obra empezó a la hora prevista y la representación fue memorable. Al final de la obra busqué por todos lados para encontrar a alguien importante, el Rey, el Presidente del Gobierno, steven Spielberg, yo qué sé quién... que justificara la actuación entre amigos de esa noche. Pero no ví a nadie. Entonces entendí que la persona importante para la que la Señora Gutiérrez Caba había sacado lo mejor de sí misma era YO. Me enseñó que uno se hace importante cuando, humildemente, trata a los demás como los más importantes del mundo.

Mi madre tenía problemas en los pies (muchos días yendo a la compra eligiendo las tiendas más baratas para ahorrar algún céntimo en los años 50, estuvieran la panadería, la carnicería, la pescadería ... lo lejos que estuvieran). Le indicaron que se operara, me llamó y se vino a Granada. Le puse una anestesia epidural y le dejé un catéter para controlar el dolor postoperatorio con una bomba de perfusión analgésica. A los días, ya desde Cádiz, me llamó y me dijo una frase que me quedó grabada en la mente: "Lo único que me ha molestado es cuando me han quitado los puntos". Desde entonces convertí esa frase en objetivo de mis anestesias.

Cuando intentábamos aprender algún pase nuevo en hockey hierba, y cuando ya estaba bastante encaminada su correcta realización el entrenador Manuel Izco Castro, que ese es su nombre, nos decía: "Primero, aprender a hacerlo; luego, hacerlo bonito; al final, hacerlo sonriendo". Allí estábamos cerca de 20 niños conduciendo la pelota con el stick de hockey y con la sonrisa en la boca. Un día le pregunté que porqué lo de la sonrisa y me dijo que "sonreír es algo tan complicado que si intentas sonreír haciendo algo que no tienes completamente automatizado, no te sale bien". Y es verdad, compruébenlo: ¿Qué cirujanos sonríen en quirófano?. También me decía: "Pero no te olvides de lo bonito, bien hecho, BONITO y sonriendo".

jueves, 14 de enero de 2010

Grandes maestros: Margarita Delgado Entrena


Cuando uno empieza la especialidad mira a los residentes mayores con bastante respeto. Margarita desprendía, además, otras virtudes. Era y seguirá siendo cariñosa. Era y seguirá siendo maternal. Era y seguirá siendo protectora. Era y seguirá siendo previsora. Era y seguirá siendo muy trabajadora. Algún defecto debería tener. Depende.

-¿Qué dosis de pentothal le pongo al paciente, Margarita?
-Depende.
-¿Cuánto propranolol le administro, Margarita?
-Depende.
-¿Le pido un electro, Margarita?
-Depende.
-¿Cuánta protamina necesitaremos para contrarrestar el efecto de la heparina?
-Depende.
-"¡Pero Margarita, caramba! ¿De qué pende? ¿Es que todo depende, depende y depende?".
Y Margarita sacó unas de sus más bellas sonrisas y me dio una lección magistral:
-"Miguel Ángel, estamos trabajando con pacientes, cada uno distinto, cada uno con sus características propias. No ponemos tratamientos, adaptamos tratamientos para cada enfermo."
Aprendí a estudiar con Margarita. Intenté copiar su bondad y su sonrisa. Trato de ponerle a cada paciente "su" tratamiento.
Pero algunas veces, cuando alguien me pregunta, saco una sonrisa malévola, me acuerdo de Margarita y respondo: 
-"Depende"
Margarita Delgado Entrena, una Gran Maestro.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Grandes Maestros: Ángela Gonzálvez


Si ustedes quieren saber cómo tratar a un cirujano desde el otro lado del paño hagan un Master con Ángela Gonzálvez, es barato y lo pasaran bien. Sólo cobra en cariño.

Estuvo poco tiempo en Granada, porque se enamoró de un mañico y querían hacer un nido cerca de Cádiz, dónde creo que estará ahora haciendo de las suyas.

"Venga rápido, a ver si terminamos pronto". Los cirujanos se animan a poner el campo mientras Ángela está induciendo al paciente. Betadine por aquí, betadine por allá. Ángela no se inmuta. Laringo, tubo, esparadrapo. Paño va y paño viene. Protección para los ojos. Los cirujanos pellizcándose un guante detrás de otro en la palma de la mano, haciendo el "pop, pop" característico que querrá decir, sabe Dios: "todo listo, ¡señorita!¡el bisturí!". Ángela que coge el fonendo, lo planta encima del campo ya embadurnado de betadine, posándolo sobre todo el pecho y en los laterales de los paños. Ángela auscultándo minuciosamente. Ángela que levanta la vista y mira frente a frente a los asombrados cirujanos. Ángela que les dice: "Todo listo, ¡pueden empezar!".

A veces, hay cirujanos que creen que entienden de medicina. A veces, hay cirujanos que quieren demostrar su preocupación por el paciente. A veces, esto puede ser cierto. A veces. No siempre.
Cirugía general. El cirujano lleva ya el tiempo suficiente para haber operado al paciente y a los familiares que están en la puerta. Ha tirado ya varias pinzas contra la pared. Ha pedido que le coloquen la lámpara de mil formas distintas. Ha presumdio varias veces de la suerte que ha tenido el paciente de que sea él el que lo opere. De pronto, parece que puede haber un problema. Un problema no quirúrgico, claro. Un problema que debería estar resolviendo el anestesista, claro. Ángela en un taburete en la esquina del quirófano. El paciente totalmente controlado, por supuesto. Monitorización básica de finales de años 80. El cirujano: "¿Qué tensión tiene el paciente?". Ángela, sin bajarse del taburete: "Shu, Shu, Shu, Shu, Shu. Piiiiiiiiiiiiiiiiiiii. ¡Doce, siete!. El cirujano atónito. Ángela: "¿Algún problema?".
Con mucho cariño. Un Gran Maestro.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Grandes Maestros: Marisol Imaz Torres


Marisol es la belleza personificada. Llama la atención que tiene siempre una sonrisa dedicada en exclusiva para ti, es elegante, siempre va exquisitamente arreglada, es estudiosa y siempre le ha gustado innovar, es habilidosa con las técnicas locorregionales y sabe enseñarlas, tiene carácter y tiene paciencia con los residentes, y además es guapa, muy guapa.

No sé si tuvo 5, 7 ó 9 hijos con Paco, su feliz marido, lo que si sé es que la mayoría de los residentes la adoptábamos como nuestra segunda madre durante la residencia, sobre todo ellas, a las que, además, sacaba de más de un apuro con sus consejos de cómo vestir y cómo estar.
Aprendí mucho de ella, los primeros bloqueos axilares, perfeccionar los retrobulbares, el buen uso de la ketamina, pero cuando me hablan de ella siempre recuerdo su cara, a través de los cristales de las puertas del solitario quirófano de cirugía vascular de la cuarta planta en mis primeros meses de adjunto recién salido del horno, "echando una ojeada antes de irme" y sacándome de grandes apuros, como si tal cosa. Una Gran Maestro.

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