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domingo, 19 de junio de 2011

El Granada en Primera


Vaya regalo, vaya regalo,
El Granada en Primera,
Con gol de Ighalo.

Vamos a celebrarlo,
Vente a mi Zambra,
A cantarle a la Luna,
Junto a La Alhambra.

Vaya regalo, vaya regalo,
El Granada en primera,
Con gol de Ighalo.

Vamos a celebrarlo,
Somos felices,
El agua del Darro saluda
Al Generalife

Vaya regalo, vaya regalo,
El Granada en primera
Con Gol de Ighalo

Vamos a celebrarlo,
Noche sin fin
Que la Vega y La Sierra le guiñan
Al Albaicín

Vaya regalo, vaya regalo,
El Granada en primera
Con Gol de Ighalo

Vamos a celebrarlo,
Vístete a  rayas,
De rojo y blanco, mi niña
En Las Batallas.

domingo, 12 de junio de 2011

Números



3000 personas. Tres mil.
5 kilómetros. Cinco.
99 años. Noventa y nueve.
15 sesiones. Quince.

Yo siempre he tenido una idea estúpida. Los números no existen. Los números nos mienten.
No tienes dos hijos. Tienes un hijo y otro hijo.
No tienes dos libros. Tienes un libro y otro libro.

Me cuesta trabajo saber cuánto es dos mil millones de euros. Me cuesta trabajo imaginármelo. ¿Cuántos billetes son? ¿Cuántas maletas llenas de billetes? ¿Cuántos bocadillos de tortilla de atún se podrían comprar con dos mil millones de euros?.
Por eso me gusta detenerme en lo que puede haber detrás de los números.

Han sido más de tres mil personas las que han participado en la a "Segunda Carrera de la mujer contra el Cáncer de Mama en Granada", un regalo que inició el año pasado un granadino en homenaje a su mujer cuando le diagnosticaron Cáncer de Mama. Un regalo para todas las mujeres. Un regalo que he podido compartir hoy. Se han apuntado 3.000 porque era el número de dorsales que había preparado la organización de la carrera. Pero han sido más de mil más los que han compartido este momento con nosotros sin poder llevar el dorsal oficial.

Han sido cinco kilómetros. Un motón de pasos. Un montón de gente dando un montón de pasos. Un esfuerzo colectivo empujando. Cinco kilómetros para pensar. Cinco kilómetros para ver fotos colgadas en las espaldas de algunas corredoras con una cara de una mujer joven y una frase conmovedora: "Va por tí". Una carrera dónde empiezas pensando en tí (¿podré aguantar hasta el final?¿para qué me habré metido en ésto?) y que acabas fácilmente con la sensación de que te han estado llevando en volandas. Que todo es más fácil cuando nos unimos en una misma idea.

Noventa y nueve años tenía la corredora de más edad. ¿Quién llegara a esa edad participando en una carrera? Y más cuando ella coge el micrófono y le da las gracias a los médicos que le diagnosticaron el cáncer cuando era joven y le pusieron uno de los primeros tratamientos que, hoy en día, siguen dando esperanza a todos y todas.

Quince sesiones. Eso dijo la mujer que cogió el micro al empezar la entrega de premios y se quitó la gorra que protegía los pocos pelos que quedaban en su cabeza. Quince sesiones de radioterapia y tres de quimioterapia. No sé. Quince sesiones que no le habían impedido correr la carrera. Quince sesiones que no le han impedido terminarla. Quince sesiones, como quince soles, que no le han quitado la sonrisa de la cara. Quince sesiones que le atan a la vida. Una vida de lucha. Una vida donde hay sitio para la sonrisa. Donde hay sitio para la felicidad.

3000 personas. Tres mil.
5 kilómetros. Cinco.
99 años. Noventa y nueve.
15 sesiones. Quince.


Foto cortesía del Doctor Jesús Florido, con el que comparto mucho.

jueves, 7 de octubre de 2010

Anestesia Privada y Vida Privada: El nudo lo Confirmó todo.






El Monasterio de los Jerónimos de Granada es un tesoro escondido en medio de la ciudad. Un paraiso, un oasis.
Hay una Granada mora sublime, que encandila, que conoce todo el mundo. Y una Granada cristiana, no menos cautivadora, pero que está reservada para los granadinos y para los visitantes curiosos de descubrir la ciudad oculta.
Y allí es dónde eligió el padre Toñín el lugar en el que se iba a celebrar la Confirmación de mis dos hijos.
Todo estaba preparado: "En el nombre del Padre, del Hijo, del Espiritu Santo. La Gloria del Señor se derrame sobre nosotros".
Y me sonó el teléfono.
Saben que trabajo con una Ginecóloga que se llama Gloria, y esa misma Gloria me apareció a mí en la pantalla de mi teléfono. Es decir, que mientras la Gloria divina se desparramaba sobre todos los asistentes de la ceremonia, yo tenía mi propia Gloria reservada sólo y exclusivamente para mí.
-"Miguel Ángel, una cesárea urgente".
Me había resguardado, para poder contestar a la llamada, en el pórtico que da entrada a la iglesia y tuve que volver sobre mis propios pasos para coger las llaves del coche del bolso de MiEsposa. Afortunadamente estaban a mano, no tardó más de tres eternos minutos en abrir todos las cremalleras, bolsillos y escondrijos del pequeño bolso y solo le faltó volcar todo el contenido sobre el banco de la iglesia. Pero aparecieron, al fín.
En la cola de la máquina de cobro del parkin sólo había una señora, que estaba tratando de abonar el total de su aparcamiento, acompañada de una "ayudante" que le asesoraba amablemente de que los billetes hay que estirarlos antes de meterlos en la máquina y de que todavía faltaba alguna cantidad, que ella metía céntimo a céntimo por la ranura.
A la salida del aparcamiento me encontré una familia entrando en un coche aparcado en medio de la calle, como si de una pasarela Cibeles se tratara, recreándose cada uno de ellos en mostrar sus preciosos vestidos de fiesta antes de entrar en el utilitario.
El Monasterio no está lejos del Hospital y tuve la gentileza de ir saludando a todas las cámaras del Ayuntamiento que registran a los coches que avanzan por el carril TaxiBus y cuyas fotos confirmarán que no estoy hablando de un suceso inventado.
Al llegar al hospital todo estaba en orden, había dado tiempo de preparar a la paciente para la cesárea y me dio lugar de preparar la medicación antes de que llegara a quirófano.
La futura mamá no se creía lo que estaba ocurriendo. Faltaban todavía cuatro semanas para que naciera Javier, pero había acudido al hospital, en contra de la opinión de todas sus amigas y conocidas, porque se había notado que tenía un flujo algo más abundante de lo que consideraba normal y se había encontrado con que los acontecimientos se habían acelerado como si se hubiera subido en un tobogán que le precipitara al vacío.
La matrona, sospechando una fisura de la bolsa, le había hecho un registro al niño y se puso de manifiesto que las contracciones uterinas que había empezado a tener la madre, no le sentaban nada bien a Javier. Cada contracción se asociaba a un descenso intenso de la frecuencia cardíaca, que remontaba poco después y llevaba de nuevo a Javier a tener un ritmo normal. Las alteraciones del ritmo sugerían que había un problema latente que había que resolver pronto.
Los abuelos venían en camino, pero no había opción de esperarlos.
La anestesia no tuvo ninguna complicación y mientras que en el Monasterio de los Jerónimos una veintena de jóvenes confirmaban su confianza en desenredar su vida alrededor de un ideal, los padres de Javier tomaban conciencia de que cada vez que este niño proteste en el futuro, no tendrán más remedio que hacerle caso.

Nació un niño sano, que transformó todas las preocupaciones en alegría, las lágrimas en sonrisas.
El motivo de todas las modificaciones que se habían puesto de manifiesto en la exploración que la matrona había realizado previamente, era que durante el embarazo, entre brazada y brazada, entre salto y salto en el líquido amniótico, Javier se había hecho un nudo auténtico en su cordón. Un nudo que afortunadamente había estado flojo, un nudo que quizá se había apretado un poco en el comienzo de las contracciones y que amenazaba con irse apretando, o no, con el paso del tiempo.
Un nudo que lo confirmaba todo. Un nudo que hacía la competencia a la Confirmación que se estaba celebrando en el Monasterio de los Jerónimos. Un nudo que me ataba a la vida el día en que no pude estar con mis hijos en su ceremonia de Confirmación.



miércoles, 14 de abril de 2010

Las flores del cerezo


No hay planta más exhuberante que el cerezo. No pasa desapercibido. De natural es tímido. Es silencioso. No da un ruido. Lo tienes al lado, quieto, inmóvil, agazapado. Y de pronto, habla.
Y sus palabras son de una belleza sencilla. Sus palabras van componiendo frases de rama y rama y va dibujando un mensaje que te hace liberar la ilusión y la sonrisa.
En mi casa ha florecido el cerezo. Y mi vida parece que está floreciendo. Todo se contagia.

Ha sido una semana intensa.
He tenido una experiencia muy gratificante en la Facultad de Medicina, en que me invitaron a dar una clase de Anatomía y los estudiantes tuvieron la amabilidad de dedicarme unos aplausos.
He comprobado que la red informática sirve para recuperar antiguas y queridas amistades y, he visto con agrado que la palabra red vuelve a recuperar su sentido marinero, porque entre los frutos que el mar/maribel me ha traido, ha aparecido, una conchita muy especial.
Me han dado la acreditación de Web de Interés Sanitaria, que con tanta ilusión he colgado en la esquinita superior de la pared de la puerta de entrada de esta casita.
Han hecho referencia de una entrada de unas de mis reflexiones en un portal de resúmenes semanales relacionados con temas de salud.
Y mientras contemplo los brotes del cerezo, espero ilusionado que siga floreciendo y que pueda continuar compartiendo sus frutos con todos vosotros. Mis amigos.

sábado, 16 de enero de 2010

Cierra los ojos para imaginar


Me he despertado de la siesta porque mis músicos han dejado de tocar. He notado un silencio blanco. La Sultana estaba a mi lado, pero las odaliscas estaban asomadas a la ventana y un frío traicionero se introducía por entre los arcos. Quizá sea eso lo que me ha sacado del sueño. O los agudos sonidos de las risas de las concubinas.

El Abencerraje estaba parado en la puerta como siempre, inmóvil. A este hombre no le importa que llueva, que granize o que los rayos del sol quemen las hojas de los naranjos. Sin embargo hoy, cuando he salido al Patio del Generalife, he visto una sonrisa en su cara antes de que paseara su mirada por el paisaje encantado. Es un hombre hermoso, muy hermoso. Y su piel negra hacía un contraste mágico con el manto blanco entre los chorros de agua.




Hemos andado los largos senderos del jardín que lleva a la Alcazaba y mi vista se ha ido deteniendo en cada árbol, en cada pisada, en cada banco. ¿Dónde se meten las sombras los días de nieve?



Me he asustado al ver toda la explanada que lleva a las altas torres totalmente vacías, sin embargo, la ausencia de pisadas extrañas me llevaban a pensar que todavía no ocurría nada que tuvieramos que lamentar.



Nos hemos desviado a la zona desde donde se vislumbra el alto de la Torre de la Vela y he visto ondear mis pendones en lo alto. La campana solo sonaba acompasada con los bailes del viento.



Los estanques quietos. Los caballos en las caballerizas. Alguno bufaba, quizá por el frío, quizá por las esperanza de salir a la batalla.



He vuelto la mirada para confirmar que nadie me sigue. Mi Abencerraje y yo sacamos nuestros alfanjes al mismo tiempo. Parece que hay algo que quiere estar presente, imponiéndose.



Sólo se ven las huellas de los carros que trasladaron mis cañones durante la madrugada para poner sus abiertas bocas ante los ojos de mis enemigos.



Se vislumbra la quietud de la ciudad del Albaicín a lo lejos. ¿Cuántos enemigos estarán agazapados entre sus paredes?



¡Tanta quietud te llena de congoja!



La Alcazaba tiene que servir de escudo en la batalla.



¡No me puedo imaginar que las almenas se humillen ante el poder de esa pareja de santones cristianos!



¡Granada!¿Cuántas lágrimas harán falta para derretir en mi retina tanta belleza de blanca nieve?



Fotos propiedad de Enrique Laguna, Guía Oficial de turismo de Granada.


Dedicado a todos los amantes de Granada y a todos los enamorados de la Casa del Maño.

sábado, 2 de enero de 2010

¡Vaya susto!


Dice el refrán que año de nieves año de bienes y los granadinos estábamos tan contentos. Un par de días de frío en una semanita en que se vieron nubes y más nubes nos habían preparado una sierra blanca preciosa de nieve en los finales de diciembre. Pero el día 31, el día en que el año viejo se despide, el día en que coge su báculo y sus arreos y nos mira con cara airada a los que seguimos vivos, en un descuido, se llevó la nieve. Ocultó la sierra con las nubes y puso en marcha el programa de lavado. Los granadinos creíamos que tanta lluvia pondría la mejor nieve en la sierra y cubriría Trevenque, Alallos, Boca de la Pescá...
Pero cuando amaneció el día 31, el viejo año 2009 estaba en lo alto de la montaña, despidiéndose entre risas y dejándonos la sierra pelada, pelada, pelada.
El mosqueo fue morrocotudo. Pero ese día alguién guiño un ojo y nos puso este Arco Iris sobre Granada. Mirabas a un lado y veías la sierra asombrada, cuando tenía que reflejar tanta luz como siempre en estas fechas. Mirabas al otro y veías el Arco Iris. ¿Qué pasaría?

La noche del día 31, es decir desde el primer segundo del primer minuto de la primera hora, el bebé que vino trayendo al año nuevo demostró que Granada se merecía mejor cosa y empezó a trabajar en la Sierra. Los que miramos de vez en cuando las cámaras güeb de la sierra vimos como el paisaje fue cambiando y nos parece verlo sobre un risco, bajo un saliente, entre medio de los árboles... desplegando la alfombra de nieve.
Desde la ventana de mi cocina, mientras tomaba mi tostada de aceite y mi cafelito he podido tener en mi retina el paisaje que comparto con vosotros.



Puedo auguraros un feliz 2010. Año de nieves, año de bienes.

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