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domingo, 27 de enero de 2013

Un libro para un Caso Clínico: Mercedes quiere pasear

El libro:

Y me da rabia este libro. Lo leo y me enfurezco.
¿Es envidia?
Puede ser.
La medicina española está entre las primeras del mundo.
¿También la anestesia?
Permítanme que lo dude.
Puede ser que sea terrible que veamos en poco tiempo como algunos médicos dejarán nuestro país. Ojalá me equivoque.
Pero si esto ocurre se comprobará que los médicos anestesiólogos españoles estarán preparados para trabajar en cualquier hospital de cualquier lugar de nuestro planeta.
¿Y esto contradice mis palabras anteriores?
Pues no. Tenemos a los mejores médicos anestesistas del mundo, pero vivimos en un país en que no podemos ejercer adecuadamente la especialidad.
Vayan a la página 11 y lean lo que dice sobre la consulta de anestesia:

"En Francia, tras el decreto del 5 de diciembre de 1994, esta consulta debe realizarse 48 horas antes de la anestesia para procedimientos programados y no dispensa de la consulta preanestésica durante las horas anteriores a la intervención."


Y es que, hoy por hoy, estamos en pañales en la defensa de algunos de los derechos de los pacientes y de los médicos anestesiólogos.
En un momento en que hay un pulso entre algunas compañías aseguradoras, que no respetan unos acuerdos firmados con las Asociaciones de profesionales en Anestesia en España en el año 1995 para poder desarrollar la especialidad con todas las garantías para el paciente, se echa de menos tener una legislación que ampare a los anestesiólogos y/o los pacientes.
Tenemos a los mejores anestesiólogos. Deberíamos de tener la mejor legislación. Nos quedan muchos años.
Libros como éste son una espinita que se clava en nuestra alma. 
¿Tendrán un momento los políticos para entretenerse en crear una legislación, parecida a la francesa, que defienda los derechos de los pacientes?
Todos los que hagáis comentarios durante el mes de febrero en esta entrada tendréis opción a recibir de la editorial Panamericana un ejemplar de este libro. Se realizará un sorteo entre las respuestas más adecuadas. Suerte.

El caso: Mercedes




Mercedes tiene 94 años. Al salir de un taxi no ha visto el escalón que tenía debajo y ha dado un traspié. Consecuencia: fractura de fémur. Solución: pasar por el quirófano.
He aquí las recomendaciones de cualquier libro de cirugía. La mayoría de las veces se explica en dos líneas en cualquier tratado de traumatología. Los anestesiólogos sabemos que no es tan simple.
No se ha roto un fémur. Lo que en realidad ha pasado es que una abuelita se ha roto un hueso. No es lo mismo. No se operan huesos. Se operan personas.
La vida de Mercedes está llena de sonrisas. A pesar de los pesares.
Una persona que nace en el año 18 del siglo pasado ha visto muchas cosas y, necesariamente, ha tenido que vivir muchas tragedias. Pero Mercedes no ha perdido la sonrisa.
Tampoco la perdió el día que la ingresaron con un infarto de miocardio masivo que la tuvo en la UVI unos cuantos días.
Se recuperó totalmente. Desde entonces solo ha precisado un tratamiento para controlar su hipertensión y unas dosis mínimas de aspirina que le recomendó su cardiólogo después de confirmar su recuperación total.
Mercedes sale todos los días. A Mercedes le gusta pasear. Le gustaría salir sola, pero acepta que siempre le acompañe un hijo o una hija. Ella dice que sale acompañada por la Guardia Civil. Mercedes siempre le busca la sonrisa a la vida.
Mercedes se asea sola, se defiende sola. Tiene una vida independiente que ya desearíamos muchos.
La intervención quirúrgica está indicada. La alternativa sería esperar que se consumiera en una silla.
Aquí os planteo las siguientes dudas:
-¿Cuales son las complicaciones más importantes del retraso de este tipo de cirugía en los ancianos?
-¿Qué problema se presenta al estar tomando aspirina?¿Habría que demorar la cirugía?¿Qué medidas se deberían de tomar si se quisiera realizar una cirugía inmediata?
-Esta pregunta es para anestesiólogos en formación o, para algún anestesiólogo desocupado que haya entrado despistado en esta humilde página y me esté leyendo: ¿qué técnica anestésica estaría indicada en la paciente?.
P.D.: Hace pocos días el médico traumatólogo me confirmó que había podido saludar a Mercedes por la calle.

El regalo:
La editorial Panamericana se compromete a regalar el libro "Anestesia y Reanimación. Protocolos" entre las personas que realicen los mejores comentarios a las preguntas que se plantean en este Caso Clínico.

Imagen de "Mercedes": blog http://patrichueck.wordpress.com/tag/curueno/

jueves, 24 de enero de 2013

A modo de disculpas


Desde pequeño me he escudado en que las cosas de Palacio (mi apellido) van despacio.
No me tengo por una persona lenta, aunque trato de defender que algunas actividades llevan su tiempo y no es bueno correr en ellas. También he defendido que no hay que desistir en intentar conseguirlas porque otros piensen que has consumido el límite que ellos tratan de imponer.
Nada más acabar la residencia me encontré inmerso en el equipo quirúrgico del Profesor Rafael Vara Thorbeck. Eran los tiempos en que los catedráticos tenían ganado un más que merecido respeto.
Un anestesista joven, casi un espontáneo, en el mismo cartel que un Gran Maestro.
Quizá voy a recordar lo que pudo ser el día de mi alternativa. Elegí una anestesia intradural para un paciente al que se le iba a realizar una herniorrafia inguinal.
Una espalda difícil.
Cuando elijo una técnica para un paciente es porque pienso que es la mejor que le puedo ofrecer. Y esa idea es la que me lleva al empeño de conseguirla.
Ese día tardé bastante. El límite de tiempo para realizar una técnica no está escrito en ningún libro. Tampoco está escrito cuánto puede un cirujano tardar en realizar una apendectomía o un traumatólogo es retirar un tornillo o una placa de una fractura consolidada.
Reconozco que ese día tardé bastante.
Me di cuenta que las manillas corrían más que yo cuando percibí que se podía cortar el silencio en el quirófano. Todo el mundo me miraba y pasaba su mirada al Señor Catedrático.
Quizá fue mi empeño o quizá la gran educación con que siempre me trató Don Rafael, al final pude acabar anestesiando al paciente con la técnica que había elegido.
A mis suspiro por haberlo conseguido, se unió el suspiro de todo el personal de quirófano.
Creo que algún cirujano ayudante pensó que iba a asistir a una reprimenda merecida por parte del Cirujano Jefe.
Pero yo estaba contento, esa fue mi fortaleza. Y se me notaba.
Me dirigí hacia él, que no había abandonado el quirófano en ningún momento, y busqué su comprensión.
-Creo que he tardado más de la cuenta Don Rafael.
-No se preocupe, todo el mundo puede tener un mal día.
Su sonrisa fue un capote que me acompañó durante mucho tiempo.
Hoy no es lo mismo. El caso es distinto.
La tardanza en escribir esta entrada y la siguiente han sido ajenas a mi voluntad.
Prometí que iba a participar en una idea de una editorial para poder regalar libros y ya ha llegado el momento.
Desde que me embarqué en esta idea de generar una serie de Casos Clínicos que ayudaran a conocer la anestesia y una serie de libros que hablan de ella, han surgido una serie de cambios en la editorial que han enlentecido el proceso.
Pero empieza el crucero.
Ya está preparada la primera entrada para iniciar la travesía.
En unos días será la botadura.
Disculpen la tardanza.

martes, 27 de noviembre de 2012

Mis libros y mis mudanzas


Mi madre, a quien echo tanto de menos, decidió un buen día que yo no iría sólo, nunca más, a comprarme ropa.
Fue aquel día en que me dio dinero para unos zapatos nuevos y volví a casa con un ejemplar de Hamlet en las manos.
De pequeño, todo el dinero que reunía era para tebeos y para cuentos.
Mi primer libro serio fue una Ilíada que todavía guardo con mucho cariño. Me pasé meses visitando el escaparate de la librería "El Cano" de la calle Real de mi pueblo, para confirmar, con inquieta esperanza, que era un libro que estaba reservado para mi biblioteca. De la misma colección, con las pastas blancas nacaradas, me compré la Odisea. Todavía no había cumplido los trece. Y en ese mismo año, me leí los dos tomos.
Mi primera mudanza fue desde la cuarta planta de la Residencia de Postgraduados de la Facultad de Medicina de Granada, en pleno primer año de MIR, Me mudé a una habitación algo más grande de la segunda planta. Me había roto el hombro en una caída tonta con la moto y tuve que empujar con el pie las cajas de cartón, llenas de libros, por los largos pasillos de la residencia. Tuve que dar muchas patadas y muchos paseos ese día.
La última mudanza fue un 24 de diciembre, único día que mi esposa encontró libre en la agencia de transporte que nos atendió y todavía, el 25 por la tarde, estaban los pobres jóvenes encargados de la faena, llevando cajas repletas de libros de una casa para la otra.
Al terminar, el Jefe del traslado me pidió que recompensara de alguna forma a los que habían tenido que dedicar esos días festivos, a complementar una mudanza pactada, para realizarla en una sola jornada, con un precio ya cerrado.
Y es que me pierdo por un buen libro.
Por eso salgo del ostracismo en que me encuentro inmerso (un master, un proyecto ilusionante y una locura informática tienen la culpa), para coger algo de aire y contribuir con esta entrada a poner a disposición de los amigos de lo negro sobre blanco de algunos ejemplares que la Editorial Panamericana quiere alojar en amables y cálidos nidos que sepan cuidarlos.
El juego es el siguiente: voy a exponer una serie de Casos Clínicos relacionados con la anestesia y con los temas tratados en dichos manuales. La Editorial regalará un ejemplar a los que participen en la discusión de dichos casos.
Quizá empecemos con el libro "Anestesia y Reanimación"
¿Lo conocéis?
¿Os apetece?
 Nos vemos esta misma semana.

viernes, 18 de junio de 2010

Rosario, historias de la ONCE


¿Cuántas historias no le habrán contado a Rosario delante de su quiosco? ¿Cuántas ilusiones no se habrán abierto delante de sus cansados ojos? Porque a un comprar un cupón va uno sintiéndote protagonista. Construyendo uno mismo una bella historia. Si me toca... Cuando me toque... Yo me conformaría...
Y Rosario habrá escuchado de estas, miles. Y, cuando alguien le pregunta, también es de las que cuenta historias. Como, cuando cansada de comprar el mismo número todos los días, se puso en huelga y ese día no compró.

Su vecina llegó apurada.
-Mira Rosario, que no me he traido dinero y que me quiero llevar el cupón de siempre.
-Pues yo me he cansado y hoy no compro.
-Si me lo dices para que no me lo lleve...
-No, bonica, que lo digo en serio. Toma tu número, que no veas que tengo ningún interés. Ya me lo pagarás mañana.
Y llegó el mañana y la vecina se acercó a buscarla y no paraba de darle besos y más besos y de llenarle el quiosco de gracias y más gracias. Y todo se quedó en eso. Porque hasta unas migas, que le prometió la vecina que le iba a invitar para celebrarlo, están todavía esperando el fogón dónde se cocine. La vecina cumplió religiosamente con pagarle el cupón del premio gordo una vez que lo cobró. Que no ha habido en Granada negocio más rentable. Y seguro que algún día caerán las migas. Que la gente aquí es bonachona. Y algo olvidadiza.
Pero Rosario llegó a mí como paciente. Y como paciente contó su historia. Y Rosario no olvida.

A Rosario la operaron con tres años. De vegetaciones. Tres añitos. Y todavía lo recuerda.
-Doctor, que yo estaba en brazos de mi madre. Que a mi madre la dejaron entrar a quirófano hasta donde no llega nadie. Y que yo lo pasé fatal. Que no se me quita de la cabeza. Que yo estaba asustada y agarrada a su cuello. Y que, sin darme explicaciones, el médico vino por detrás y me puso una mascarilla en la cara. Y que yo, desde entonces, no puedo permitir que nadie me ponga nada en la cara. Que a mí del cuello para abajo, lo que quieran. Pero no en la cara. Que no se me olvida. Como si estuviera ocurriendo ahora mismo.
Y Rosario y su marido se miran.
-Cuando iba a tener a mi niño, fue un parto muy dificil, que estuve con contracciones casi cuatro días y yo tengo la malage de que no echo la placenta. Después de todos los puntos que tuvieron que darme faltaba por salir la dichosa placenta. Y después de mucho esperar me dijeron que tenían que sacármela. Y me dijeron que tenían que dormirme. Y vino alguien y me puso una mascarilla en la cara. Y del manotazo que le dí, tuvieron que salir a buscarla.
El marido asiente.
-Yo creo que me quedé con un trauma. Si no puedo soportar ni cuando me hacen las radiografías esas que te meten en un tubo. Que parece que no puedo respirar. Me ahoga tener algo delante de la cara.
-Es verdad - dice el marido.
Y veo a Rosario, tan entera, tan fuerte, que ha superado tantas cosas en su vida en penumbras. Que sabe lo que es la ilusión. Que sabe lo que es entrever la luz en medio de las tinieblas. Y que sabe también lo que es que te quiten un poquito de ti y que te dejen, a cambio, un recuerdo que te dure toda la vida.

lunes, 7 de junio de 2010

El cuento de las Vegetaciones



-¿Te llamas Pablo?
Pablo se coge de la falda de su mamá y se esconde detrás de ella.
Me agacho y me pongo a su altura.
-A mi me han dicho que todos los Pablos son malos. ¿Tú eres bueno o malo?
Mira a la madre para confirmar su respuesta
-Él es bueno...
-Soy bueno
-También me habían dicho que hay algún Pablo bueno. Entonces, ¿tú eres de los Pablos buenos?
Pablo me está mirando con cara de no saber por donde pueden ir los tiros. Coge su coche negro superdeportivo y me lo enseña. A mí me encantan los coches, pero hay un problema...
-¿No tienes ningún coche rojo?
Y Pablo mira a su madre para asegurarse.
-Sí - dice la madre.
-No - afirma el niño.

-¿Y tú por qué has venido a mi casita?
-Anda Pablo díselo. Porque tienes moquitos ¿verdad?
-Mocos - y me sañala la nariz.
-¿Tú quieres que se vayan los mocos?
-Sí.
-Yo tengo un globo mágico que si lo soplas se van los mocos. ¿Quieres soplar por mi globo?
-No.
-Menos mal, Pablo, por que no me queda ninguno. Hoy se me han acabado todos. Y si me hubieras pedido uno, no podría dártelo. ¿De qué color te gustan los globos?
-Negro
-Pues yo voy a pedir un globo negro para tí. Y si algún día te molestan tanto los mocos que quieres usar uno de mis globos se lo dices a tu mamá y ella me llama, ¿vale?
-Otro día
-Sí, sí, otro día. ¿Y quieres que te diga un truco para que los mocos se vayan más rápido al globo?. Hay que enfadar a los mocos.
Pablo ya está interesado en cómo quitarse los mocos de encima. Entonces empieza el "Cuento de la Vegetaciones".

-Atiende bien Pablo. El día que tú quieras soplar por el globo negro, le tienes que decir a tu mamá que no te dé ni de beber, ni de comer antes de venir a mi otra casita. Así los mocos empezaran a cabrearse y querrán irse de tu naricita.
-Vale
-Cuando tú llegues a mi otra casita, vamos a seguir enfadando a los mocos. Tengo unas gotas, que te las echamos a la nariz y así los mocos se enfadan mucho, mucho, mucho. ¿Sabes por qué?
Pablo mira a su madre. La madre le dice:
-¿Por qué será, Pablo?
Pablo me devuelve la mirada.
-Por que las gotas son muy, muy, muy amargas.
Eso empieza a no gustarle a Pablo.
-Pero....
Y Pablo me sigue mirando
-Pero mamá te va a preparar un ChupaChups para que tú te lo metas en la boca y así tú no notas lo amargas que están.
-¡Un ChupaChups, Pablo!¡Qué suerte!
-Sí un ChupaChups, Pablo. Tú acuérdate de recordáselo a tu mamá el día que vengas a mi otra casita, que a las mamás se le olvidan todas estas cosas. Y cuando los mocos estén tan enfadados, yo le pongo el globo delante y ellos saltan corriendo y los atrapamos. ¿Tu vas a soplar por el globo?
-Otro día
-Sí, otro día, que hoy no tengo globos. Y otra cosa. Cuando los mocos se van, se van tan enfadados que algunas veces dan un pellizco en la garganta antes de irse. Así que si tú te quedas dormido soplando el globo, que a algunos niños le pasa, y al despertarte te duele la garganta, que sepas que han sido ellos, que se han ido muy enfadados.
Pablo pone cara de no gustarle mucho lo que yo le estoy diciendo ahora.
-¿Y sabes como se quita el dolor de la garganta?
-¿Cómo? - pregunta la madre recogiendo el guante.
-Con una medicina que te va a dar la mamá y comiendo helados. ¿A tí cómo te gustan los helados, Pablo, grandes o pequeños?
-Grandes
-Pues grandes se los tienes que comprar mámá, para que se le quite el dolor del pellizco.
-De chocolate son los que a mí me gustan.
-Pues de chocolate te los compra tu mamá. Pero Pablo, si yo a tí te voy a dar un globo negro, un ChupaChups y un helado grande de chocolate. ¿Tú que me vas a traer a mí el día que vengas a soplar por el globo?
Pablo se queda pensativo.
-A mí me gustan los coches rojos....
Y la mamá le dice a Pablo
-¿Le compramos un coche rojo al médico?
-Sí mamá, un coche rojo, que el médico no pincha
Y me mira con cara de NuevoAmigo, mi NuevoAmigo Pablo.

jueves, 13 de mayo de 2010

El vino y la anestesia, a propósito de un caso


Siéntate tocayo, que hoy invito yo. Te voy a contar una cosa que quizá te guste. ¿Hace un vinito? ¿A ver que te parece éste?. Mira, me llegó hace poco a la consulta una señora muertecita de miedo. Yo ya había hablado con ella por teléfono y habíamos adelantado parte del preanestésico por esta vía.
Me llegó con su hija menor, que rondaría ya los cuarenta, una buena edad para vivir la vida con cierta tranquilidad. Venían de Almería y como la intervención iba a ser al día siguiente, habían concertado su estancia nocturna con un hotelito con encanto cerca del hospital.
La hija venía con ganas de devolverle a la madre parte del cariño que había recibido durante años y años. Era una pareja compenetrada. Se notaba que había complicidad entre ellas. Esas miradas donde sobran las palabras.
Cuando todo estaba explicado y solo faltaba levantarnos, darnos la mano y citarnos para el día siguiente, la abuelita me solicitó:
-"¿Me podría usted mandar algo para que durmiera esta noche?".
La hija hizo un gesto de resignación.

-"Olvídate de la operación mamá, no le des más vueltas".
Había mucho cariño en la demanda. Se notaba que la frase ya era repetitiva. Y me puso fácil poder intervenir.
-"Pues le va hacer caso a su hija. ¿Sabe lo que le digo?¿No quiere que le mande algo? Pues como mandar y ordenar es lo mismo, aquí va la orden. Y es de obligado cumplimiento. Va a buscarse un restaurante para esta noche. Se arregla, se pone guapa (que no le costará mucho a ninguna de las dos), se dan una vueltecita y se piden una botellita de vino en la cena. Creo que no se aburren ustedes hablando ¿verdad?. Un par de copas pequeñitas y ya verá lo bien que duerme.”.
Se sonrió, miró a su hija y pareció decirle que otra vez se había salido con la suya.
Nos despedimos hasta el día siguiente.

Por la sonrisa que trajo a quirófano, me imaginé que algo me iba a decir nada más verme.
-"Buenos días, ¿y esa cara señora?”.
-"Ay, doctor Palacio, que al final le hice caso”.
-"¿Cómo dice?”.
-"Sí, que mi hija se empeñó y encontramos un restaurante casero cerquita del hotel. Que nos fuimos las dos paseando despacito y que nos pedimos una botellita de tinto. Que nos entretuvimos charlando, sin darnos cuenta como corría el reloj y que se me olvidó hasta la operación".
-"¿Y de dormir?”.
-"Estupendamente. Así que le he dicho a mi hija que lo tenemos que repetir más veces"-y estalló en risas-"¿Me podría recetar el vinito para después de la operación?".
-"Eso va a ser más difícil".

Ya ves, maño. La moraleja es fácil, y tú ya lo has dicho muchas veces, que con frecuencia tratamos de pedirle a las pastillas cosas que tenemos más a mano de lo que creemos. No creo que fuera el vino, tuvo más que ver con la actitud de la hija. Pero quizá el vino ayudó.

jueves, 29 de abril de 2010

Risas y Epidural en la Ferretería de Taylor



El próximo lunes tenía una cita que me preocupaba. Me había adelantado mi Ginecóloga que iba a ver a una paciente que tenía dudas con la epidural. Pero todo se ha adelantado. Esta noche rompió bolsa.
No me ha dado tiempo a ponerme nervioso. Mi enfermera bajó a la habitación a comprobar como estaba y a saber las espectativas que tenía sobre la cesárea que le habían recomendado. No habíamos tenido tiempo de hablar de la epidural. Y me acordé de mi amigo Taylor.

He recurrido muchas veces a Taylor. Cuando tengo una dificultad de acceso, recurro a la vía de Taylor. Una vía que me ha funcionado siempre como un atajo libre de tráfico en las mañanas en que el atasco te impide avanzar a ninguna parte.
Y Taylor sigue ayudando.

Hablé con la paciente. Le expuse la dificultad que podíamos tener y que, a mi parecer, tenía ventajas intentarlo. Y ella confió y me dió permiso para empezar. Le dije que no iba a insistir, y que si no salía en los primeros intentos deberíamos optar a una anestesia general ("la ventaja que tiene la locorregional es que no tienes que esperar a que la suegra te diga a quién se parece el niño, porque ella no lo ve antes que tú", le dije y ella me respondió "ojalá se parezca a la abuela, que es muy guapa"). Así que no había problemas. Y lo intentamos.


Y es lo que pasa siempre, lo que parece que va a ser más difícil que nunca, fue más fácil de lo esperado.
La punción dural fue fácil (aguja G27 punta de lápiz). Administración de 14 mg de Bupivacaína Hiperbara con 10 microgramos de fentanilo).
La colocación del catéter tampoco fue difícil. El abordaje de Taylor es paramedial, con la referencia de la espina ilíaca posterosuperior. Le había dicho a Paola (una canaria muy simpática y muy entera) que no creía que hubiera problemas con el bloqueo anestésico, pero que el catéter no sabía si funcionaría hasta que se fuera pasando el efecto del bloqueo intradural. El catéter se lo dejamos por si se prolongaba la intervención, por si el bloqueo era insuficiente durante la cirugía poder poner una dosis suplementaria y para el Control del Dolor Postoperatorio.
El objetivo de la anestesia epidural/intradural en la cesárea es, entre otras, cosas conseguir una sonrisa en la madre y en el padre. Y creo que lo conseguimos.

Hoy hemos ido a visitarla a la planta y sigue con la sonrisa en la cara.

Desde aquí quiero darle la enhorabuena. Y también darle las gracias por confiar en nosotros.

sábado, 27 de marzo de 2010

Caso clínico: Una Tónica con sabor a ElixirDeLaVida.


Cuando trabajas de médico anestesista te vienen días que te ponen a prueba.
Días que empiezas a las 8 y acabas no se sabe cuando. Son días que al finalizar, no te llega la vista a las manillas del reloj y no sabes distinguir la aguja grande de la pequeña.
Días que empiezas con trauma, sigues con otorrino, continúas con urología y terminas con obstetricia. Son días en que la enfermera de Reanimación te pregunta si hay un nuevo protocolo que mejore los resultados de las amigdalectomías poniendo Methergin XX gotas cada 8 h.
Días que empiezas en la Consulta de Anestesia, sigues pasando sala, continúas ayudando en la compra del Mercadona y para terminar vas a la salida del Colegio a recoger a los niños y ellos te dejan en la puerta del Hospital para hacer el turno de tarde. Son días en que cuando llegas a la casa no sabes si hacer un almuerzo/cena/desayuno, meter las alitas de pollo en el café, echarle el ketchup a las naranjas o mezclar los cereales con la sopa sevillana.
Pero a fuerza de pasar días y días, los días se repiten y un día te van recordando al otro, que fue exactamente igual que el día que ha pasado y no distingues si vives tu vida o eres un remake del Día de la Marmota.
Entonces es cuando llega el día que marca la diferencia. Una urgencia. Un paciente se ha caído de la cama y se ha roto la cadera. Tiene 105 años.

Repasas toda la Medicina Interna. Repasas toda la Geriatría. Repasas todos las Escalas de Riesgo Preoperatorio. Repasas todas las contraindicaciones para una intervención urgente. Y con toda la ciencia encima, sobre todo con los apuntes subrayados de CómoConvencer-AFamiliares-DeCuándo-No-SeDebeOperarAUnPaciente, te encuentras a un abuelito encantador que sólo toma Urolisin, que no ha tenido nunca HipertensiónArterial/Diabetes/Neumonía/UlcusGástrico/Hepatitis/Arritmias y que te dice que SiHayQueOperarUstedSabráComoHacerlo con una sonrisa en la cara.
Te imaginas al abuelito acostado sin operarse, sin moverse en la cama y empezando las complicaciones....
NoNoNoNoNoNo
Te imaginas al abuelito en la mesa de anestesia con respuestas que van debilitando su organismo....
NoNoNoNoNoNo
Te imaginas al abuelito en la reanimación con alteraciones de sus funciones vitales, sangrando....
NoNoNoNoNoNo
Te imaginas al abuelito operado, con su prótesis parcial de cadera puesta, sentadito en su silla a los tres días, con los sobrinos al lado, preguntándo:
-"¿Y quién dice usted que es?¿El anestesista? No, no me acuerdo de usted"
Y pides a los ángeles, que vuelan algunas veces por quirófano, que te ayuden a que ocurra lo que tenga que ocurrir, pero que pongan un poco de su parte para que el abuelito, después de operarse, olvide que se cayó, olvide que lo hemos operado y, que olvidándolo todo, siga en su residencia dentro de un mes ofreciendo su bella sonrisa a sus familiares.
Hablas con el cirujano y le dices que no te puedes negar. El Traumatólogo llama a los familiares y habla con ellos seriamente. La familia es cariñosa y comprensiva. A la segunda pregunta el cirujano les dice: "que lo operamos esta tarde".
El cirujano me dice después de ver a los familiares y al paciente:
-"¿Sabes que te digo?"
-"¿?"
-"Que cuando ves a este hombre, te das cuenta que estamos en la mitad de la vida"
Y así, viendo la botella medio llena, no nos pueden salir mal las cosas.
El ligamento de la cabeza del fémur era el de un adolescente. Meter la prótesis ha costado como si se la hubiéramos puesto a Mister Universo.
Al salir lo han visto los familiares. Chiquicientos sobrinos. Se le han ido acercando.
-"¿Juan me conoces?"
-"¿Quién eres?"
-"María Dolores, tu sobrina"
-"¿Has venido de Jaén para verme?. Pues felicidades."
-"¿Felicidades por qué, tito?"
-"¿No es hoy el día de tu santo, Lola?"
Y la Lola le ha dado un par de besos más, mientras se le asomaban unas lágrimas.
El abuelito ha respondido muy bien a la anestesia. El abuelito ha respondido muy bien a la cirugía. El abuelito ha respondido bien a la reanimación. El abuelito responde siempre con una sonrisa.
Hay días que son completamente distintos a los demás.

viernes, 12 de marzo de 2010

Casos clínicos: Póngame una Tónica ConSaborAPie


¿Saben lo que es un Juanete bien criado?. Pues ésto. También se llama Hallux Valgus, que no sé si llamar a ésto de esa forma es algo cursi. Yo creo que la única definición que daría alguien QueYoSé es ¡CoñoQuéJuanete!.
Y, la verdad, es que la pobre ha tenido que padecer mucho y tiene mérito andar con un pie como éste, porque el otro está igual. Y dependiendo de cómo le dejemos éste, viene por el otro. Éste es el problema de tener dos piernas.
Nuestra paciente, tiene una Artritis Reumatoide, además de ser muy educada y de tener muchas ganas de vivir, en el pleno sentido de la palabra.
Cuando la ví en la consulta me pidió que, por favor, la durmiera con la mascarilla. Pero yo le ofrecí una Tónica.

Las piernas son muy largas y los nervios que van a ella son también muy largos. Salen todos de la parte de los riñones, pero quizán porque temen perderse o porque les da miedo tanto camino por andar, se juntan en un solo nervio todas las raíces que tienen que llegar tan lejos, como es a la planta del pie. Así que se cogen de la mano y, juntitas, forman el nervio ciático. Quizá el más largo y gordo que tengamos en nuestro cuerpo. Es así de gordo desde el sitio que se apoya en el sillón cuando nos sentamos, hasta la parte de atrás de la rodilla (lo que llamamos el hueco poplíteo). Y ahí es dónde nos gusta pillarlo a los anestesistas. Antes de que se separen, nos acercamos a él con una agujita y, con poca medicación, conseguimos dormir el pie entero.
Para hacerlo más fácil nos ayudamos con un aparatito que manda calambres suaves cada cierto tiempo (dos por segundo) y se contraen los músculos a los que llegan los nervios que nos interesan. Como el nervio es tan grande y se divide en dos en esta zona, nos interesa saber si estamos pillando a todo el nervio completamente, por eso buscamos las dos partes. Una de ellas es la que nos serviría para apretar el pedal del acelerador del coche (el tibial) y cuando lo estimulamos hace el mismo movimiento. Le doy al aparatito y veo como el pie se extiende. La otra parte va para el grupo muscular que nos serviría para cambiar desde el pedal de freno al pedal del acelerador, es decir, lleva al dedo pequeño y a la parte externa del pie para arriba (son los peroneos). Le doy al aparatito y cuando estoy cerca de esta parte el pie se flexiona de esta forma tan elegante.
Pero hay un nervio chulo, el femoral, que, solitario va desde la ingle hasta donde le dejen, y algunas veces, llega hasta el dedo gordo del pie. Es un nervio que sólo es motor en el muslo y recoge la sensibilidad de la parte interna de la pierna y del pie. Así que cuando le acerco el aparatito, no hace nada en el pie, sino en la rodilla. Efectivamente, sube rítmicamente la rótula cuando me acerco a él.


Empezamos la anestesia. Primero le canalizamos una vía venosa en la mano. Se pone el antibiótico y se seda un poco a la paciente, para que esté más tranquila.

Comienza el brevaje.

Receta.

Paciente boca abajo. Aguja localizadora de nervios en el hueco de la rodila (10 cm por encima del pliegue). Pie en posición de apoyo en el pedal de freno. Peroneos: levanta el pie y se va para el acelerador. Tibial posterior: aprieto el acelerador. Media vuelta. Paciente boca arriba. Aguja en el pliegue inguinal: Crural: baile rotuliano. Diez minutillos y tenemos esta Tónica preparada para que la paciente se olvide de la mascarilla.



Me dió las gracias por la Tónica.
Espero que le haya gustado y que vuelva para la siguiente.



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