jueves, 10 de marzo de 2011

¿Ronaldo, Messi o Rubalcaba?


En los últimos años los médicos anestesistas tenemos un problema: empezamos a ser médicos y a hacer cosas de médicos. No es que antes no lo fuéramos, que sí, que lo éramos, sino que parecía como que no lo fuéramos. ¿Qué hacíamos? ¿Pinchar venas? ¿Cargar jeringas? ¿Sondar pacientes? ¿Intubar?. Todas estas cosas las puede hacer cualquiera. Por lo menos, eso parecía. Lo que estaba detrás, el saber llevar a un paciente durante la agresión de la cirugía, el compensar desequilibrios, el normalizar situaciones de vaivén... Eso sólo lo sabían valorar algunos entendidos y no siempre nos ganábamos el reconocimiento de los compañeros y mucho menos de los pacientes.
-¿Pero usted es que es médico, también?
Era la pregunta más normal y frecuente que te encontrabas cuando el paciente se preocupaba un poco por tí.

Cuando los anestesistas vamos a hacer un logotipo de nuestro trabajo nos ponen un laringoscopio, una aguja, una amapola, el sol, la luna... Cosas muy inespecíficas o más bien tirando a romanticonas.
Cuando los anestesistas salimos en alguna foto (pocas veces, muy pocas, porque aunque estemos entre el grupo quirúrgico, somos como los vampiros que no se nos ve en los espejos ni somos capaces de impresionar la película fotográfica) procuramos ponernos un fonendo en el cuello, para que vean que también somos médicos, que se vayan enterando.
Pero las cosas van a cambiar a partir de ahora, de hecho ya están cambiando.
En muchos hospitales ya tenemos ecógrafo en el quirófano. Es decir un aparatito que sólo tienen los médicos. ¿No les da envidia?.
Yo todavía no lo tengo, pero no pierdo la esperanza.
Un aparatito que nos hace distintos.
-¿Tú no ves nada?-le podemos decir al cirujano-¡Pues está muy claro!
Y venga a farfollear y venga a farolear.
-Esto de aquí es el músculo, esto la costilla y este circulito es el nervio que vamos a bloquear.
Estoy repasando anatomía como un pipiolo de primero. Cómo se forma el nervio, por dónde pasa, dónde se divide, qué raices da, cuáles son motoras, cuáles sensitivas.
Y luego coges la sonda y todo es verdad. Cada cosa en su sitio. O muy cerquita.
Ya no es como antes, cuando empleábamos el neuroestimulador, cuando había que saber todas las rutas y posibles variaciones de paso que podían tener cada nervio. Por eso había tantas vías de abordaje.
Para el interescalénico 8 ó 9, para el supraclavicular 5 ó 6, para el infraclavicular tantas como jugadores tiene el Madrid en el banquillo o el Barça repartidos por todos los equipos españoles. Porque el problema de la neuroestimulación es que tú tenías que suponer que el nervio pasaba por dónde tenía que pasar, es decir, por dónde venía en el atlas de anatomía dedicado a los nervios. Y en ese libro todos parecen que son Ronaldos. Vaya músculos. Vaya cuerpos.
Y no todos son Ronaldos. Hay algún que otro Messi, más chiquitillo, con un poquito más de grasa por aquí o por allá. Y sus nervios pueden pasar mijita más para arriba o mijita más para abajo.
Y cuando no es Ronaldo o Messi, puede ser un Rubalcaba, por decir un paciente al que le gusta acudir a los Servicio Públicos. Puede ser más canijo, más rollizo. Y cada uno tiene los nervios dónde quiere.
No se imaginan ustedes los sudores que se pasa, a veces, con la agujita del neuroestimulador buscando el nervio que tenía que estar por aquí, pero parece que está un poco más pallá y vamos a emplear la vía alternativa.

Ahora no. Las cosas están cambiando. Que viene Ronaldo, que se enciende el ecógrafo y que se le ven los nervios. Que es Messi, idem de lo mismo. Hasta con Rubalcaba sirve.
Ya no habrá preocupaciones. Sea quien sea, se le ve todo. Sólo que hay que seguir estudiando, y mucho, para saber lo que estás viendo.
Como si fueras un médico.

martes, 1 de marzo de 2011

Yuuuuju. Pimenteeeel. Yuuuujuuuuuuu.


¿Qué puedo hacer para que Pimentel se fije en mí?.
Yo también quiero lo mismo. No me importa tener un sueldo bajo (no sé si me llegará con 200.000 euros al año, aunque estoy dispuesto a cualquier sacrificio...).
Perdonen la broma, sobre todo, pido perdón a los controladores, porque no soy nadie para poner precio a su trabajo, que seguro que será más agotador, con más responsabilidad y más útil a la sociedad que el de Ana Rosa Quintana, por poner un ejemplo de gente que cobra una fortuna y no sabemos todavía la utilidad social que tienen.
Pero cuando un conflicto se soluciona, bienvenidas sean las soluciones.
Ya estamos todos contentos. O todos descontentos, que es otra forma de llegar a un acuerdo. Sea del tipo que sea. Porque más vale un mal acuerdo que una buena pelea.
Ventajas que le veo al laudo: entre otras cosas, que no se habla solamente de dinero. Se habla de condiciones de trabajo, de limitación de horas, de seguridad. De protocolos.
Y estoy deseando que en mi gremio se hable también de ciertas otras cosas.
No quiero generalizar. Lo mismo son sólo problemas de mi provincia. Seguramente.
Cada uno tiene su propia historia y tiene que aguantar las consecuencias de sus actos pasados. O las de los actos de los que están cerca de ti.
Y si en mi provincia hay gente a las que no le importa estar trabajando todo el día y muchas noches, a los que no le importa no descansar los fines de semana, no les importa no disponer de vacaciones un año tras otro y ganar, ganar, ganar más dinero que el Tío Gilito... es un problema de mi provincia, es decir, que es mi problema. Sólo mío.
Pero cuando yo veo que ésto puede influir en la asistencia a los pacientes, las cosas son de otra forma. Si dejamos de hacer las cosas que no son rentables económicamente, como la consulta de anestesia, las cosas son de otra forma. Si no hacemos tratamiento del dolor postoperatorio porque no es rentable económicamente, las cosas son de otra forma. Si no podemos asegurar una atención de urgencia, las cosas son de otra forma. Y si todo eso es porque hay algunos que quieren ganar mucho dinero y condicionan el trabajo de los demás sin que nadie arbitre y nadie ponga orden, las cosas son de otra forma.
Pimentel, yuuuuujuuuu. Pimenteeeeeeeel.
Que no está todo en ganar tanto. Que un sueldo puede ser muy digno incluso ganando un 50% menos. Y que se distribuya mejor el trabajo. Que no haya tantas anestesias simultáneas. Que entremos más profesionales en la distribución del trabajo.
Que no porque haya una serie de "compañeros" que lo quieran todo para ellos, tiene que condicionarse el trabajo de los demás.
Y como las aseguradoras, o algunos responsables, creen que hacen bien aprovechándose del río revuelto, si no hay un arbitro que arbitre, no quieren enterarse de nada...
Pimentel, yuuuuujuuuuuuu. Pimenteeeeeeeel.
Y es que cuando se aprietan las clavijas en la negociación de los honorarios y durante 10 años no se actualiza el valor de cada acto médico, llegan a ocurrir situaciones que pueden empeorar los resultados. Para tener un sueldo digno tienes que hacer más intervenciones de las que deberías.
Por eso creo que siempre es mejor que un buen árbitro pueda equilibrar el fiel de la balanza. Antes de que la cuerda se rompa, que siempre se rompe por el más débil (en este caso, el paciente).

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