domingo, 17 de noviembre de 2013

¿Qué os parece?

Los cirujanos se han buscado unas gafas para ver más allá cuando están en quirófano. A los anestesiólogos nos van a regalar una pulsera.



Creo que los hospitales que quieran estar en el TopTen tendrían, necesariamente, que ofrecerlo en su Cartera de Servicios.

Creo que las Compañías Aseguradores que se precien de proteger a sus pacientes deberían de exigírselo a los Hospitales.

Posiblemente su uso, eliminaría las anestesias compartidas.

Un poner.


Bienvenidos al Triángulo Anestésico.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Porque cada bigote es importante: Feliz Movember


Las primeras lluvias de invierno de este año harán florecer bigotes.
Mírate en el espejo más cercano porque puede que el tuyo esté naciendo.
Feliz Movember.

Para Jane: ¡El bigote os sienta tan bien!
 Para todos:

Bigotes en todos lados:


Cogiendo el ritmo:


lunes, 29 de abril de 2013

La Creación del Mundo y la medicina basada en la evidencia



Si usted tiene dolor el sexto día después de una operación de prótesis de cadera es su problema.
El dolor del sexto o séptimo día no existe. No hay evidencia.
Si un anestesista hubiera sido el encargado de realizar una Tesis Doctoral o un Trabajo de Investigación sobre la creación de El Universo, no le hubiera dado al Creador un día extra para descansar, porque todo el Génesis hubiera tenido que ocurrir en 5 días.
Una conclusión de sus Tesis hubiera sido que el mundo se habría concretado en cinco días y se añadiría que "se cree" que el sexto día descansó. Pero sin evidencia.
La mayoría de los trabajos de investigación sobre la eficacia del tratamiento del dolor postoperatorio compara los cinco primeros días que siguen a la operación. En algunos casos incluso se llega a decir que no hay diferencias significativas entre los métodos analgésicos utilizados, porque el nivel de dolor encontrado en el quinto día es coincidente en ambos grupos.
A mí me interesa saber si un paciente volvería a operarse a los 6 meses y elegiría, o no, la misma atención que recibió para controlar el dolor que sufrió después de su intervención.
Pero para saber eso habrá que esperar. Por ahora, no hay evidencias.

P.D.: Me preocupa que se descarten técnicas que han demostrado su validez y eficacia en el tratamiento del dolor postoperatorio en estudios puramente científicos. Me falta el toque humano.

lunes, 8 de abril de 2013

Medicina basada en la invidencia


Mi madre hacía las mejores tortillitas de camarones que pudiera imaginar cualquier gourmet. Nunca podía llenar un plato entero. Mis hermanos y yo nos la comíamos calentitas antes de que saliera de la sartén la siguiente ración.
Mi padre tenía una receta de sopa de ajo que no he vuelto a saborear en mi vida. Las hacía el domingo por la mañana. La casa olía a canela y caramelo. No había mejor forma de despertarse.
Pero no puedo demostrarlo.
Pueden preguntar a los que las probaron. Les confirmarán que no miento.
Pero mis padres nunca escribieron en ningún documento la bondad de sus recetas.
Por tanto, no hay evidencia.
Ningún restaurante les pagó ningún trabajo científico para demostrarlo. Tampoco hubieran sabido escribirlo.
Ningún vendedor de camarones, ningún traficante de canela les animaron a hacerlo.
Hoy en día puedes encontrar las pseudoTortillitas de camarones en cualquier supermercado. Y, escarbando un poco, tendrías bibliografía suficiente sobre el nivel de ventas, sobre la aceptación del consumidor, sobre la puntuación del gusto del cliente. Pero yo les digo que lo que se vende no son auténticas tortillitas de camarones.
Se lo dice un experto.
Un experto no titulado oficialmente.
Pero que sabe de lo que habla.
Perdonenme, lo siento, no puedo seguir. La boca se me ha hecho agua pensando en la cocina de mi madre. Evidentemente.


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La ausencia de bibliografía en este artículo es un hecho intencionado.


P.D.: La frase de "Medicina Basada en la Invidencia" es una idea prestada de la Dra Rosa María Sabatel, feliz Profesora de Ginecología Jubilada, desde hace unos días, de la Facultad de Medicina de Granada. Un beso.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Evitando la carne de caballo en los hospitales




Una cadena de supermercados que estaba vendiendo hamburguesas, en las que se ha encontrado trazas de ADN de carne de caballo, ha decidido retirar todas las unidades de sus estanterías y, además, suspender la relación con la empresa suministradora.
Después de leer esta noticia queda la impresión de que la empresa ha procedido correctamente tanto en la primera medida  como en la segunda.
Pero quizá haya un hueco para el escepticismo.
Si con estas medidas pretende la empresa dirigir la mirada hacia otro responsable, habría que sugerirle un par de reflexiones.
La primera es que el haber encontrado carne de caballo, no tendría que ser un problema en sí. El problema está en que si la etiqueta del producto señalaba que la pureza de la carne de ternera estaba contrastada, hay que pensar en que puede existir una doble mentira. La fundamental es que no hay un control en el origen de la composición de las carnes. La otra, no menos importante, es si no sólo ha existido un descontrol en el origen, sino que se puede dudar de que las medidas higiénicas hayan sido respetadas. ¿Podría tener la carne de caballo algún medicamento o producto peligroso para el consumidor que haya provocado la muerte del animal? ¿El sacrificio ha estado supervisado por el veterinario adecuado?. No solo se sospecha sobre la composición de la hamburguesa, sino de la manera en que el producto ha llegado al comercio.
La segunda reflexión es que, si bien puede haber un engaño en la empresa que suministra el producto, también puede haber habido una dejación en la responsabilidad de la supervisión de la calidad del producto por parte de la cadena de supermercados. ¿Quién nos dice que no puede existir el mismo problema en todos y cada uno de los productos que hay en sus estanterías? ¿Qué controles exigen la cadena comercial a las empresas subcontratadas?
Los supermercados venden productos alimenticios. Las aseguradoras, los hospitales, venden atención sanitaria.
Sería muy fácil echarle la culpa a un médico o a un equipo médico, de que la atención que está realizando con un paciente no es la adecuada. Pero ¿cómo se contratan a los cuadros médicos hospitalarios y de aseguradoras en la medicina privada en la actualidad? ¿cómo se va a hacer en el futuro inmediato en época de crisis?¿Buscarán las compañías aseguradoras carne de caballo para disminuir los costes económicos?. Entiéndanme la metáfora. ¿Buscarán las compañías aseguradoras médicos sin formación acreditada para atender a sus pacientes?. Médicos generalistas por pediatras. Médicos recién titulados por Médicos que se hayan especializados como mínimo en Medicina de Familia para atender servicios que requieren una formación específica, como Urgencias o Unidades de Reanimación?. ¿Quién nos atiende en las urgencias? ¿Quién diagnostica a nuestros hijos? ¿Quién se encarga de la anestesia en quirófano?. Carne de caballo en vez de carne de ternera.
Espero que la crisis no haga escurrir la responsabilidad a nadie. Deberíamos reflexionar sobre si no sería conveniente que hubiera una legislación adecuada que hiciera imposible dar caballo por ternera. O gato por liebre.

domingo, 17 de febrero de 2013

En defensa de la Medicina Privada

La Medicina Privada debería ser un negocio. Desafortunadamente no lo es. Tiene el riesgo de convertirse en un chanchullo.
En los negocios existen unas normas, tienes unos derechos y puedes defenderte. En los chanchullos no.
¿Puede haber una buena Medicina Privada? Yo creo que sí. Pero el problema es que no depende sólo de los médicos.
Y, además, los médicos españoles están acomplejados.
Pocos defienden públicamente un sistema Privado de asistencia. Y esto no es bueno.
Los médicos no estudiamos para ser empresarios. Es una tarea que tenemos que aprender con bastante esfuerzo. Pero los Pacientes lo necesitan. Necesitan que sepamos rebatir los argumentos pseudoeconómicos de los que quieren condicionar nuestra asistencia. Hoy más que nunca.
Hay un gran riesgo, en la actualidad, de que la Medicina Privada desaparezca.
La crisis está llevando a muchos médicos, que siempre han trabajado en la medicina pública, a la medicina privada. Y creo que esta renovación puede ser muy positiva. Pero lo gestores de la medicina privada están cayendo en la tentación de imitar a la medicina pública. Está cayendo en la tentación de funcionarizar al médico. Y sería bueno que alguien lo impidiera.
Se está atacando a la libre elección de médico. Se está echando a muchos compañeros de los cuadros médicos de las aseguradoras y están entrando otros que no tienen que demostrar en absoluto su valía. No hay Carrera Profesional en la medicina privada, y debería de haberla. Al paciente se le está obligando a elegir a otros médicos, sólo porque son más baratos.
¿Qué se entiende por barato?
Barato es que se le paga menos por cada acto médico. Pero también barato es que se está reduciendo el Baremo de Actos Médicos.
¿Y qué es un Baremo?
Es el documento que acredita la atención que el asegurado va a tener derecho a recibir.
Si en el Baremo de Anestesia las compañías aseguradoras no reconocen el pago de las Consultas de Anestesia, no se reconoce la atención de Urgencias, no se reconoce la atención al paciente de Alto Riesgo, se le están recortando derechos a los pacientes.
Las Compañías Aseguradoras han firmado un documento a nivel nacional reconociendo el Nomenclator de Anestesia y del resto de las especialidades. Pero en muchas provincias están costando mucho trabajo que se reconozcan dichos acuerdos.
A los médicos anestesiólogos nos está costando mucho trabajo que al paciente se le reconozca que tiene derecho a no tener un dolor descontrolado en el postoperatorio inmediato. Nos está costando mucho esfuerzo que se reconozca que los pacientes tienen derecho a ser vistos en consulta con más de 24 horas de antelación antes de la intervención programada.
En otros países (Francia tiene legislación desde 2004) ya existe una normativa que regule la atención anestésica del paciente que va a ser intervenido.
España le tiene miedo a la Medicina Privada porque, a diferencia de otros países, en el nuestro no hay una normativa legal que asegure la asistencia del paciente en la medicina privada y tampoco hay Defensor del Paciente en la Medicina Privada. El médico está indefenso para realizar esta defensa sin caer en las consecuencias de algún Gestor que piensa más en su sillón que en la defensa de la salud de sus asegurados.
Es hora de que se exija a las Compañías y a los Hospitales transparencia. Muchos hospitales estarían orgullosos de demostrarla. Muchas nuevas empresas que están recién introducidas en el negocio de la Sanidad, se beneficiarían de que hubiera una normativa. Los médicos y las Asociaciones Profesionales de Médicos Especialistas podrían ayudar mucho a tener la mejor Sanidad Privada de nuestro entorno. Es el momento de no tomar caminos equivocados.
La Sanidad Privada Española puede traer mucho dinero a nuestro país y mejorar la atención de nuestros propios pacientes, así como disminuir los costes totales de la atención sanitaria.
Este año, sin más demora, se deberían de establecer los Indicadores Mínimos de Calidad en la Asistencia Sanitaria Privada. Sería como la reconversión de los Bancos y Cajas de Ahorro, que hemos vivido en nuestro país cuando ya era un poco tarde, pero en los Hospitales, Clínicas y Compañías Aseguradoras, antes de que sea demasiado tarde. No vale cualquiera para dirigir un Hospital, como no vale cualquiera para llevar las riendas de un Banco. Ni todos los hospitales, clínicas y aseguradoras actuales están capacitadas para hacerlo. Y como hay dinero por en medio, sería bueno que se controlara dónde va a parar. Sobre todo, el que viene de la Tesorería del Estado, vía funcionarios.
Al asegurado hay que darle lo mejor. Al médico hay que dejarlo trabajar para darle lo mejor a sus pacientes. Y no debe de haber intermediarios que desvíen su esfuerzo. Solo los buenos intermediarios deberían de seguir en el negocio. Un negocio. No un chanchullo.
Los médicos sabemos mucho de Medicina. De medicina pública y de medicina privada. Y no deberían de olvidarse de nosotros. Ni de nuestros consejos. 
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P.D.: Mientras se entretiene a los ciudadanos con un debate falso entre Medicina Pública o Privada (cuando las dos deberían de ser buenas formas de aplicar la medicina), existe un riesgo real de que se disminuya la calidad en las dos formas en que el paciente puede acceder a la salud.
La defensa de la Medicina Pública no debería de implicar un enfrentamiento con la Medicina Privada.
La defensa de la Medicina Privada no debería de implicar un enfrentamiento con la Medicina Pública.

domingo, 27 de enero de 2013

Un libro para un Caso Clínico: Mercedes quiere pasear

El libro:

Y me da rabia este libro. Lo leo y me enfurezco.
¿Es envidia?
Puede ser.
La medicina española está entre las primeras del mundo.
¿También la anestesia?
Permítanme que lo dude.
Puede ser que sea terrible que veamos en poco tiempo como algunos médicos dejarán nuestro país. Ojalá me equivoque.
Pero si esto ocurre se comprobará que los médicos anestesiólogos españoles estarán preparados para trabajar en cualquier hospital de cualquier lugar de nuestro planeta.
¿Y esto contradice mis palabras anteriores?
Pues no. Tenemos a los mejores médicos anestesistas del mundo, pero vivimos en un país en que no podemos ejercer adecuadamente la especialidad.
Vayan a la página 11 y lean lo que dice sobre la consulta de anestesia:

"En Francia, tras el decreto del 5 de diciembre de 1994, esta consulta debe realizarse 48 horas antes de la anestesia para procedimientos programados y no dispensa de la consulta preanestésica durante las horas anteriores a la intervención."


Y es que, hoy por hoy, estamos en pañales en la defensa de algunos de los derechos de los pacientes y de los médicos anestesiólogos.
En un momento en que hay un pulso entre algunas compañías aseguradoras, que no respetan unos acuerdos firmados con las Asociaciones de profesionales en Anestesia en España en el año 1995 para poder desarrollar la especialidad con todas las garantías para el paciente, se echa de menos tener una legislación que ampare a los anestesiólogos y/o los pacientes.
Tenemos a los mejores anestesiólogos. Deberíamos de tener la mejor legislación. Nos quedan muchos años.
Libros como éste son una espinita que se clava en nuestra alma. 
¿Tendrán un momento los políticos para entretenerse en crear una legislación, parecida a la francesa, que defienda los derechos de los pacientes?
Todos los que hagáis comentarios durante el mes de febrero en esta entrada tendréis opción a recibir de la editorial Panamericana un ejemplar de este libro. Se realizará un sorteo entre las respuestas más adecuadas. Suerte.

El caso: Mercedes




Mercedes tiene 94 años. Al salir de un taxi no ha visto el escalón que tenía debajo y ha dado un traspié. Consecuencia: fractura de fémur. Solución: pasar por el quirófano.
He aquí las recomendaciones de cualquier libro de cirugía. La mayoría de las veces se explica en dos líneas en cualquier tratado de traumatología. Los anestesiólogos sabemos que no es tan simple.
No se ha roto un fémur. Lo que en realidad ha pasado es que una abuelita se ha roto un hueso. No es lo mismo. No se operan huesos. Se operan personas.
La vida de Mercedes está llena de sonrisas. A pesar de los pesares.
Una persona que nace en el año 18 del siglo pasado ha visto muchas cosas y, necesariamente, ha tenido que vivir muchas tragedias. Pero Mercedes no ha perdido la sonrisa.
Tampoco la perdió el día que la ingresaron con un infarto de miocardio masivo que la tuvo en la UVI unos cuantos días.
Se recuperó totalmente. Desde entonces solo ha precisado un tratamiento para controlar su hipertensión y unas dosis mínimas de aspirina que le recomendó su cardiólogo después de confirmar su recuperación total.
Mercedes sale todos los días. A Mercedes le gusta pasear. Le gustaría salir sola, pero acepta que siempre le acompañe un hijo o una hija. Ella dice que sale acompañada por la Guardia Civil. Mercedes siempre le busca la sonrisa a la vida.
Mercedes se asea sola, se defiende sola. Tiene una vida independiente que ya desearíamos muchos.
La intervención quirúrgica está indicada. La alternativa sería esperar que se consumiera en una silla.
Aquí os planteo las siguientes dudas:
-¿Cuales son las complicaciones más importantes del retraso de este tipo de cirugía en los ancianos?
-¿Qué problema se presenta al estar tomando aspirina?¿Habría que demorar la cirugía?¿Qué medidas se deberían de tomar si se quisiera realizar una cirugía inmediata?
-Esta pregunta es para anestesiólogos en formación o, para algún anestesiólogo desocupado que haya entrado despistado en esta humilde página y me esté leyendo: ¿qué técnica anestésica estaría indicada en la paciente?.
P.D.: Hace pocos días el médico traumatólogo me confirmó que había podido saludar a Mercedes por la calle.

El regalo:
La editorial Panamericana se compromete a regalar el libro "Anestesia y Reanimación. Protocolos" entre las personas que realicen los mejores comentarios a las preguntas que se plantean en este Caso Clínico.

Imagen de "Mercedes": blog http://patrichueck.wordpress.com/tag/curueno/

jueves, 24 de enero de 2013

A modo de disculpas


Desde pequeño me he escudado en que las cosas de Palacio (mi apellido) van despacio.
No me tengo por una persona lenta, aunque trato de defender que algunas actividades llevan su tiempo y no es bueno correr en ellas. También he defendido que no hay que desistir en intentar conseguirlas porque otros piensen que has consumido el límite que ellos tratan de imponer.
Nada más acabar la residencia me encontré inmerso en el equipo quirúrgico del Profesor Rafael Vara Thorbeck. Eran los tiempos en que los catedráticos tenían ganado un más que merecido respeto.
Un anestesista joven, casi un espontáneo, en el mismo cartel que un Gran Maestro.
Quizá voy a recordar lo que pudo ser el día de mi alternativa. Elegí una anestesia intradural para un paciente al que se le iba a realizar una herniorrafia inguinal.
Una espalda difícil.
Cuando elijo una técnica para un paciente es porque pienso que es la mejor que le puedo ofrecer. Y esa idea es la que me lleva al empeño de conseguirla.
Ese día tardé bastante. El límite de tiempo para realizar una técnica no está escrito en ningún libro. Tampoco está escrito cuánto puede un cirujano tardar en realizar una apendectomía o un traumatólogo es retirar un tornillo o una placa de una fractura consolidada.
Reconozco que ese día tardé bastante.
Me di cuenta que las manillas corrían más que yo cuando percibí que se podía cortar el silencio en el quirófano. Todo el mundo me miraba y pasaba su mirada al Señor Catedrático.
Quizá fue mi empeño o quizá la gran educación con que siempre me trató Don Rafael, al final pude acabar anestesiando al paciente con la técnica que había elegido.
A mis suspiro por haberlo conseguido, se unió el suspiro de todo el personal de quirófano.
Creo que algún cirujano ayudante pensó que iba a asistir a una reprimenda merecida por parte del Cirujano Jefe.
Pero yo estaba contento, esa fue mi fortaleza. Y se me notaba.
Me dirigí hacia él, que no había abandonado el quirófano en ningún momento, y busqué su comprensión.
-Creo que he tardado más de la cuenta Don Rafael.
-No se preocupe, todo el mundo puede tener un mal día.
Su sonrisa fue un capote que me acompañó durante mucho tiempo.
Hoy no es lo mismo. El caso es distinto.
La tardanza en escribir esta entrada y la siguiente han sido ajenas a mi voluntad.
Prometí que iba a participar en una idea de una editorial para poder regalar libros y ya ha llegado el momento.
Desde que me embarqué en esta idea de generar una serie de Casos Clínicos que ayudaran a conocer la anestesia y una serie de libros que hablan de ella, han surgido una serie de cambios en la editorial que han enlentecido el proceso.
Pero empieza el crucero.
Ya está preparada la primera entrada para iniciar la travesía.
En unos días será la botadura.
Disculpen la tardanza.

martes, 27 de noviembre de 2012

Mis libros y mis mudanzas


Mi madre, a quien echo tanto de menos, decidió un buen día que yo no iría sólo, nunca más, a comprarme ropa.
Fue aquel día en que me dio dinero para unos zapatos nuevos y volví a casa con un ejemplar de Hamlet en las manos.
De pequeño, todo el dinero que reunía era para tebeos y para cuentos.
Mi primer libro serio fue una Ilíada que todavía guardo con mucho cariño. Me pasé meses visitando el escaparate de la librería "El Cano" de la calle Real de mi pueblo, para confirmar, con inquieta esperanza, que era un libro que estaba reservado para mi biblioteca. De la misma colección, con las pastas blancas nacaradas, me compré la Odisea. Todavía no había cumplido los trece. Y en ese mismo año, me leí los dos tomos.
Mi primera mudanza fue desde la cuarta planta de la Residencia de Postgraduados de la Facultad de Medicina de Granada, en pleno primer año de MIR, Me mudé a una habitación algo más grande de la segunda planta. Me había roto el hombro en una caída tonta con la moto y tuve que empujar con el pie las cajas de cartón, llenas de libros, por los largos pasillos de la residencia. Tuve que dar muchas patadas y muchos paseos ese día.
La última mudanza fue un 24 de diciembre, único día que mi esposa encontró libre en la agencia de transporte que nos atendió y todavía, el 25 por la tarde, estaban los pobres jóvenes encargados de la faena, llevando cajas repletas de libros de una casa para la otra.
Al terminar, el Jefe del traslado me pidió que recompensara de alguna forma a los que habían tenido que dedicar esos días festivos, a complementar una mudanza pactada, para realizarla en una sola jornada, con un precio ya cerrado.
Y es que me pierdo por un buen libro.
Por eso salgo del ostracismo en que me encuentro inmerso (un master, un proyecto ilusionante y una locura informática tienen la culpa), para coger algo de aire y contribuir con esta entrada a poner a disposición de los amigos de lo negro sobre blanco de algunos ejemplares que la Editorial Panamericana quiere alojar en amables y cálidos nidos que sepan cuidarlos.
El juego es el siguiente: voy a exponer una serie de Casos Clínicos relacionados con la anestesia y con los temas tratados en dichos manuales. La Editorial regalará un ejemplar a los que participen en la discusión de dichos casos.
Quizá empecemos con el libro "Anestesia y Reanimación"
¿Lo conocéis?
¿Os apetece?
 Nos vemos esta misma semana.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Oración por una amiga



San Amando de Argentorato, dale un empujoncito
San Aptonio de Anguleme, protégela con tu manto
San Beano de Mortlach, apóyala en su tarea

San Ceda de Lastingham, extiende tu gracia sobre ella
San Eata de Hexham, socórrela en su desfallecimiento
San Evaristo papa, alúmbrala en su camino

San Felicisimo de Cartago, refresca su rostro en el desierto
San Fulco de Pavía, acompáñala en sus momentos de duda
San Luciano de Bitinia, sé su bastón al final del día

San Marciano de Nicomedia, premia su capacidad de hacer sonreír
San Rogaciano de Cartago, pregona su humanidad
San Rústico de Narbona, no te importe que te vean feliz al leerla

San Sigebaldo de Metz, ve reuniendo unas monedas
San Witta de Bürberg, reserva ya tu ejemplar

Santa Gibitruda vírgen, estáte contenta niña,
que la Doctora Jomeini,
ha elegido vuestro día,
para compartir con todos
sus momentos de ternura.

Arropadla en esta fecha.
Y entre rezo y rezo, espero
que disfrutéis el libro entero
y os unáis a nuestra fiesta.






jueves, 22 de marzo de 2012

Todos los pinchazos duelen


Por eso yo procuro dar pinchacitos.
Y no hay nada peor que decirle a un paciente que algo no le va a doler y luego hacerle daño.
-"Un picotacillo de nada. Esto no duele".
Y el paciente se rebota en su camilla.
-"Si esto no duele, dígame usted a mí lo que usted entiende por dolor. Y avíseme antes de que me vaya a hacer algo que según usted me vaya a doler de verdad, por favor. No quiero desmayarme."
Tuve yo un maestro de la anestesia que procuraba llamarte la atención sobre las cosas que no vienen en los libros. Si quieres saber las dosis de remifentanilo la encuentras en cualquier manual. Si quieres saber la duración del efecto de los bloqueantes neuromusculares, lo encuentras en cualquier prospecto del medicamento.
Pero si lo que quieres saber es como hacer tu trabajo con honradez y honestidad, tienes que pensar de vez en cuando en la opinión del paciente.
Y el concepto más claro que me puso este maestro delante, es que los anestesistas no le duermen los pacientes a los cirujanos.
Parece una tontería.
No lo es.
Es verdad que los anestesistas dormimos a los pacientes para que lo operen, pero no se lo dormimos a nadie.
Lo dormimos.
Así de fácil.
Y ¿dónde está el concepto tan clarividente entonces?
En que yo no trato de quitarle el dolor que le va a provocar el cirujano, las molestias de la cirugía. Tengo que quitarle todos los dolores. Todos. Incluidos los míos.
Y es que el paciente empieza a tener dolores cuando iniciamos nuestras técnicas con él.
El anestesista tiene que quitarle al paciente el dolor que le provoca el cirujano y también el dolor que le provoca el propio anestesista.
Es decir que lo primero que yo hago es dormirme a mi paciente para mí mismo. Procurar que no le duela lo que yo le hago.
Poner anestesia local para coger una vía venosa.
Poner anestesia local para realizar una punción lumbar.
Poner anestesia local para iniciar un bloqueo.
Sedar al paciente para que empiece a estar ajeno a todo lo que hacemos.
Es bueno avisar al paciente con la verdad cuando le vas a hacer daño:
-"Esto molesta un poco"
o
-"Esto molesta bastante, pero lo voy a hacer con mucho mimo".
Mejor que las mentirijillas piadosas que al final hace que el paciente pierda la confianza en ti.
Hay veces que el anestesista agrede más al paciente con sus técnicas, que el cirujano con su operación. Afortunadamente es cuando el paciente está dormido. Es decir, que hay veces que el anestesista duerme al paciente para sus cosas y el cirujano, aprovechando, lo opera. Por ejemplo, intubar al paciente es una de las agresiones que provoca una respuesta más intensa en el organismo de los pacientes. Nuestro cuerpo acepta mejor que cortemos la piel, que nos pinchen, que, por ejemplo, nos metan algo en la traquea.
Es por eso que digo que, algunas veces, me duermo al paciente a mí mismo para poder intubarlo y el cirujano, aprovechando la duración del efecto de esta anestesia, utiliza ese tiempo para operarlo.
Me duermo el paciente para mí, y de camino lo operan.
Por eso tengo presente siempre las enseñanzas de mis maestros.
Todos los pinchazos duelen. Hasta el de coger una vía venosa.
Por eso yo doy pinchacitos.
-"No me ha dolido nada, absolutamente nada"
Son las palabras más dulces que nos puede decir un paciente.


P.D.:Dedicado a NuriaSinAmo. Desde su mismo lado de la trinchera.

lunes, 19 de marzo de 2012

Frases famosas: No entiendo lo de los tres centímetros


Si te asomas a la ventana y ves el sol en lo alto: ¿qué temperatura hace en la calle?
Si tu hija te dice que su novio calza un 42 de zapatos: ¿en cuanto tiempo acabará la carrera de arquitectura?
Deduzco. No deduzco. ¿Tendrá algo que ver una cosa con otra?
Y ahora dígame usted ¿le han intentado callar alguna vez diciéndole que no le pueden poner la epidural porque no ha alcanzado los tres centímetros de dilatación? Pues no tiene nada que ver una cosa con la otra.
Una buena matrona sabe cuando una paciente se está poniendo de parto. Y sabe también decirle cuando se está iniciando el parto. No es lo mismo. No es igual.
Una paciente puede ponerse de parto cuando se inician las contracciones y empiezan a ser regulares y continuas.
Y decimos que el parto se está iniciando cuando las contracciones empiezan a ser efectivas. Es decir, cuando empiezan a provocar modificaciones en el cuello de útero. Cuando el parto ya no se para. Cuando no hay vuelta atrás.
Y este es el momento en que se puede poner la epidural.
La epidural es para el parto. Si el parto ha empezado, ya no hay motivo para retrasar el comienzo de los beneficios que suponen el no padecer los dolores del parto.
A los anestesistas no nos gusta quitar el dolor (lo he dicho y repetido ya muchas veces). A los anestesistas nos gusta que no haya dolor. Yo no pongo la anestesia cuando el cirujano empieza a abrir el abdomen para operar a un paciente que padece una apendicitis. Yo lo duermo, lo anestesio, antes. Antes de que lo abran. A mí no me gusta quitar el dolor. Me gusta que no haya dolor.
Y en el parto es igual. No me gusta quitar el dolor. Me gusta que no se presente.
Y además tengo que utilizar dosis más bajas si empiezo pronto. Y las dosis totales son más bajas.
Por eso no entiendo lo de los tres centímetros.
Hay partos en que no se produce la dilatación hasta que pasan un número de horas. Son horas para estar tranquilas. No para agotarse.
La epidural no retrasa el comienzo del parto.
Créame, es verdad.
La epidural no aumenta el número de cesáreas.
Créame, es verdad.
Y si se empieza desde el primer momento es todavía más verdad.
Que no le mientan con los tres centímetros.

La foto forma parte de la experiencia de la mamá de Alicia en su parto, recogida en su blog.

martes, 13 de marzo de 2012

La vena del torpe


O lo que es lo mismo, la vena del incompetente, la vena del incapaz, la vena del inepto, la vena del insuficiente, la vena del negado, la vena del ignorante, la vena del inútil, la vena del ineficaz, la vena del negligente, la vena del nulo, la vena del flojo, la vena del vago.
Son todos sinónimos, significan lo mismo.

-Me molesta mucho el suero.
-Lo siento, señora, es que le han cogido la vena del torpe.

-Desde que me han cogido la vena en el codo no puedo dormir..
-Lo siento, señora, es que le han cogido la vena del incapaz.

-No puedo darle bien el pecho a mi niña con la vía en la flexura.
-Lo siento, señora, es que le han cogido la vena del inútil.

-No puedo comer bien con esta maldita vena.
-Lo siento, señora, es que le han cogido la vena del vago.

-Le han atado el brazo al abuelo para que el suero entre bien.
-Lo siento, señora, es que le han cogido la vena del flojo.

Y no es que el abuelo sea un flojo, no es que usted sea un vago, no es que su niño sean un inútil, no es que su esposa sea torpe, no es que su marido sea un nulo. Todo eso y más es el enfermero (o el médico) que le ha buscado la vena en semejante sitio.

No hay ningún libro de enfermería, ni de medicina, en el que se recomiende que se canalice la vena del codo. Ninguno. Todo lo contrario. Se recomienda siempre que se haga en zona de "no flexura". Se recomienda siempre que todos los procedimientos que se realicen al paciente le afecte lo menos posible a su vida diaria. Y este es el que más le afecta, sobre todo a los pacientes quirúrgicos.

¿Se imaginan lo difícil que puede ser lavarse los dientes con una vía venosa implantada en el codo? Y lo doloroso también. Así que la excusa de que en el codo duele menos es sencillamente mentira. Una mentira interesada. Una mentira egoísta. Cuando un sanitario intenta convencer a un paciente de que es mejor canalizar la vía venosa en el codo, en realidad está pensando sólo en él. Un pensamiento egoísta. Siento decirlo, pero es una asignatura pendiente que tienen los enfermeros en la mayoría de los hospitales españoles.

No es lo mismo sacar sangre para una analítica, que es un acto puntual, donde no se deja nada en el codo, que se pincha y se saca la aguja en el mismo proceso, que colocar un suero en el codo. No es lo mismo. Por eso voy a invitaros a que rellenen un documento y lo lleven encima cuando entren en un hospital y haya previsión de que le canalicen una vía. Estamos inventando el auténtico Consentimiento Informado, estamos inventando el "Yo consiento si Usted me respeta".

Y hágalo con tranquilidad, no se corte, si el enfermero o el médico se empeña en no hacerle caso, usted le dice:
-"Si usted no sabe, no se preocupe, que venga alguien que sepa".

lunes, 5 de marzo de 2012

Lágrimas


Hoy he vuelto a llorar otra vez.
Lágrimas espontáneas que brotaron inesperadamente de mis ojos.
Hoy ha vuelto a conmoverme una historia sencilla, una sonrisa, un perro lleno de humanidad, una esperanza.
Esta noche pondré mi cabeza sobre la almohada y procuraré tener sueños en blanco y negro. Bajaré el volumen de la melodía que acompaña mis ensoñaciones e impondré el Sueño Mudo.
Esta semana quiero recuperar parte de mi pasado. Quiero pasearme por la playa o quizá por los Alcornocales y quiero que solo haya música acompañándome. Quise decir acompañándonos.
Porque estos momentos se disfrutan mejor en compañía.
¿Alguien se apunta?

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P.D.: Dedicado a "prestamos rapidos" que me emocionó con un comentario hacia mi blog.

sábado, 3 de marzo de 2012

Los superpoderes de Pablo


Si no quiere aburrirse nunca, ponga un Pablo en su vida.
Las anécdotas escolares más increíbles tienen a un Pablo detrás. Los sucesos más ingeniosos se ocultan detrás de un Pablo. Los cariños más intensos, lo suscitan los Pablos.
Los Pablos no pasan desapercibidos. Incluso los que son buenos, que los hay. Puedo decir que hay Pablos que no son inquietos, Pablos que duermen, Pablos que son capaces de estar quietos durante más de 10 minutos, incluso concentrados en hacer algo que no se pueda llamar travesura. Yo no los conozco. Pero sé que existen.
El lunes pasado era mi tarde libre. No sabéis lo frágiles y etéreas que son las tardes libres. Duran lo que puede durar el suspiro de un enamorado. Y se esfuman. ¡Pluf! y ya no están.
-"Miguel Ángel tengo un problema que no he podido resolver en la consulta".
Me llama el Dr Olóriz, familiar del que descubrió que cada uno tenemos una huella digital distinta. Y me cuenta la historia.
Y yo os la voy a resumir.
Pablo quiere ser superhéroe y se ha estado entrenando desde que nació.
Durante ese tiempo ha estado formándose de una forma muy intensa, con tareas que tienen como objetivo desarrollar las cualidades que le ayuden a poder salvar el mundo.
Esta es la tarea fundamental de los Súper Héroes cuando nacen, salvar el mundo.
Para eso ha ido acumulando experiencias que le pueden comparar con los Trabajos de Hércules.
De pequeño se introdujo una zanahoria en la nariz. Fue el primer capítulo de su curriculum. Se me ha olvidado decir que Pablo tiene 3 años en la actualidad. Más bien 3 añitos. Pero muy bien aprovechados.
Pues eso, que ya cuando era chico apuntaba maneras.
El tema de la zanahoria lo pudo resolver la madre. Fue un incidente que no precisó una asistencia extraordinaria, se quedó en el ámbito familiar.
Pero Pablo necesita expandir sus actuaciones para que la sociedad tuviera conocimiento de que estaba naciendo un ente especial.
Se tragó catorce globos. Catorce globos pequeños. En una fiesta de cumpleaños. Sabía lo que hacía. Su madre no podría interferir con sus proyecciones de futuro. Los padres del niño festejado, lo llevaron a Urgencias y cuentan que veían a Pablo sereno y desarrollando un papel que les tenía confundidos y asombrados. Empezaron a darse cuenta de que dentro de Pablo podría haber algo especial.
Después de esta hazaña, Pablo se sumergió en un letargo que ha durado unos cuantos meses. Hasta el lunes.
La madre nos dice que estaba un poco extrañada de que Pablo hubiera pasado una época tan tranquila. Aunque habían existido unas cuantas anécdotas sin importancia, no puede decirse que su Pablo era el niño merecedor de ese nombre. Parecía que se estaba convirtiendo en un Pablo bueno.
Hasta el lunes.
Cuando volvió del colegio se encerró en su habitación. Mientras la madre preparaba la comida, dice que escuchó unos ruidos en el dormitorio de los niños. Nada especial. Una silla que se caía. Golpes en la pared. Carreras. Algún que otro grito. Nada que le hiciera perder la compostura.
La sorpresa vino cuando tuvo la comida preparada y Pablo no contestaba a sus requerimientos para sentarse a la mesa. Al abrir la puerta Pablo estaba en la cama, en actitud reposada con un dedo metido en la nariz.
Toda la habitación estaba revuelta.
Parecía que la final de la Copa del Rey se hubiera jugado en su dormitorio.
Pero eso no le extrañaba a la madre, sino que lo extraño era la actitud de Pablo.
-¿Qué ha pasado Pablo?
-Ya ha terminado todo- decía Pablo mirando al vacío con un dedo hurgando en su nariz.
-¿Qué ha terminado Pablo?
-El hombre de rojo, lo tengo prisionero.
Hay niños que tienen amigos invisibles. Pablo nunca lo había expresado. Por eso la madre se puso más nerviosa. Sabía que no podía perder de vista a su fierecilla.
-Venga Pablo, vamos a comer. Ya me contarás.
El niño se levantó y le dio la mano a la madre para acompañarlo a la cocina.
No se quitó el dedo de la nariz hasta que cogió la cuchara.
En ese momento, una gota de sangre se desprendió lentamente por su labio superior.
-¿Qué te pasa Pablo?
-Nada, mamá.
-Tu nariz…
Inmaculada cogió a su hijo y se dirigió a la consulta del otorrino. Por el camino, Pablo le terminó de explicar.
-El hombre de rojo, mamá, Spiderman. Lo tengo en la nariz.
Tuvo que ser una lucha feroz. Pablo redujo a Spiderman, en una lucha desigual, convirtiéndolo con sus superpoderes en una pegatina de plástico. Lo dobló con tranquilidad y se lo metió en la nariz. Allí lo tenía enclaustrado.
El problema, me contó el cirujano, era que el terror que había despertado en el hombre araña, le había hecho soltar un montón de telarañas que lo protegían en la cavidad nasal y que no podía acceder con sus pinzas a la fortaleza que se había creado. Con el fotóforo pudo ver la cara de pánico que tenía el hombre enmascarado y pensaba que si no le suministraba anestesia, no podría sacarlo de su refugio.
Tuve que hacerlo.
Cuando le puse la mascarilla en la cara a Pablo era con la determinación de poder dormir a Spiderman y poderlo sujetar y sacarlo de su cueva.
También se me quedó dormido Pablo. Un Pablo colaborador, un Pablo íntegro, un Pablo que supo estar a su altura dejando que le ayudáramos a negociar con el superhéroe y devolverlo a la legalidad y a la justicia.
Tengo que decir que se resistió. Nunca he dormido a hombres arañas. No viene en mis libros. Pero gracias a la destreza de Don Javier, pudimos sujetar al encapuchado y liberarlo de sus propias estructuras.
Tenemos a Spiderman. Desmoralizado. Deprimido. Y esperamos que se restablezca. Nunca había tenido un oponente como Pablo. Es su primera derrota.
Pablo está bien. Pero su madre no se fía.
Quiere cambiarle el nombre.
El niño la mira y se sonríe.
Sonrisa de superhéroe.
Tendrán más noticias de Pablo.

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