
Todos los cuentos deberían de tener un final feliz. Los cuentos no son historias, puesto que no son reales. Los cuentos no son relatos, suelen durar más y tienen sitio para la fantasía. Los cuentos son una mezcla de lágrimas y sonrisas, pero nunca deja un regusto amargo en la boca. Los buenos siempre ganan, los malos siempre pierden y, además, son castigados.
La semana pasada murió Caroline Lovell, defensora de los partos en casa. Sin duda, una buena persona. Alguien que creía en lo que hacía. Alguien que supo poner el acento en lo deshumanizada que estaba la atención a la embarazada en los grandes hospitales. Alguién que cogió el mundo y se lo puso por sombrero y gritó a los cuatro vientos que estaba dispuesta a que se tuviera más en cuenta las solicitudes de las embarazadas en el momento de preparar la llegada de su hijo al mundo.
Ella vio que el enemigo se vestía de hielo y que se dedicaba a atender con frialdad a todas las futuras madres que confiaban en su acúmulo de ciencia, y cometía estas tropelías confinado entre las paredes de los hospitales.
Por eso quiso matar al monstruo quitándole a sus presas de sus manos.
Era una idea que solo puede brotar de un corazón grande, de alguien que poner el amor por encima de otras sinrazones.
De esta forma, ella y otras como ella, han influido muy positivamente en la atención de las parturientas en todos los rincones del mundo. De esta forma, la tendencia que se ha seguido, gracias a ella y a personas como ella, es a humanizar el parto. A no entenderlo como una enfermedad, a no considerar a la embarazada como una paciente.
Y ese ha sido un gran logro.
Pero quizá, en un momento de su vida, tendría que haberse dado cuenta de que había muchas Carolinas Lovell dentro de los hospitales que habían entendido lo fundamental de su mensaje. Pero quizá, tendría que haber abierto las puertas a la negociación y permitir, con su ejemplo, que las pacientes supieran que también se podía hacer una atención humanizada en los hospitales. Una atención respetuosa que cuenta con las preferencias de las embarazadas. Que respeta sus decisiones.
Gracias a personas como Lovell el mundo ha cambiado.
El día 23 de enero falleció en su casa mientras estaba dando a luz.
Yo nunca he estado de acuerdo con el parto en casa. Ahora tampoco. Pero sí de recoger las sugerencias y las críticas que hay detrás de estas meditaciones sobre la atención al parto.
Quizá, el desgraciado final que ha tenido su vida, sea la última lección sobre la que haya que reflexionar con calma.
Quizá hoy el monstruo viva en las casas.
Hay cuentos que se merecen un final feliz. Pero la vida se impone a los cuentos.
Quizá, el desgraciado final que ha tenido su vida, sea la última lección sobre la que haya que reflexionar con calma.
Quizá hoy el monstruo viva en las casas.
Hay cuentos que se merecen un final feliz. Pero la vida se impone a los cuentos.












