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viernes, 3 de febrero de 2012

Y no somos felices, ni comemos perdices.


Todos los cuentos deberían de tener un final feliz. Los cuentos no son historias, puesto que no son reales. Los cuentos no son relatos, suelen durar más y tienen sitio para la fantasía. Los cuentos son una mezcla de lágrimas y sonrisas, pero nunca deja un regusto amargo en la boca. Los buenos siempre ganan, los malos siempre pierden y, además, son castigados.
La semana pasada murió Caroline Lovell, defensora de los partos en casa. Sin duda, una buena persona. Alguien que creía en lo que hacía. Alguien que supo poner el acento en lo deshumanizada que estaba la atención a la embarazada en los grandes hospitales. Alguién que cogió el mundo y se lo puso por sombrero y gritó a los cuatro vientos que estaba dispuesta a que se tuviera más en cuenta las solicitudes de las embarazadas en el momento de preparar la llegada de su hijo al mundo.
Ella vio que el enemigo se vestía de hielo y que se dedicaba a atender con frialdad a todas las futuras madres que confiaban en su acúmulo de ciencia, y cometía estas tropelías confinado entre las paredes de los hospitales.
Por eso quiso matar al monstruo quitándole a sus presas de sus manos.
Era una idea que solo puede brotar de un corazón grande, de alguien que poner el amor por encima de otras sinrazones.
De esta forma, ella y otras como ella, han influido muy positivamente en la atención de las parturientas en todos los rincones del mundo. De esta forma, la tendencia que se ha seguido, gracias a ella y a personas como ella, es a humanizar el parto. A no entenderlo como una enfermedad, a no considerar a la embarazada como una paciente.
Y ese ha sido un gran logro.
Pero quizá, en un momento de su vida, tendría que haberse dado cuenta de que había muchas Carolinas Lovell dentro de los hospitales que habían entendido lo fundamental de su mensaje. Pero quizá, tendría que haber abierto las puertas a la negociación y permitir, con su ejemplo, que las pacientes supieran que también se podía hacer una atención humanizada en los hospitales. Una atención respetuosa que cuenta con las preferencias de las embarazadas. Que respeta sus decisiones.
Gracias a personas como Lovell el mundo ha cambiado.
El día 23 de enero falleció en su casa mientras estaba dando a luz.
Yo nunca he estado de acuerdo con el parto en casa. Ahora tampoco. Pero sí de recoger las sugerencias y las críticas que hay detrás de estas meditaciones sobre la atención al parto.
Quizá, el desgraciado final que ha tenido su vida, sea la última lección sobre la que haya que reflexionar con calma.
Quizá hoy el monstruo viva en las casas.
Hay cuentos que se merecen un final feliz. Pero la vida se impone a los cuentos.

lunes, 30 de enero de 2012

Censura y Mesura: Censura en el Twitter


Podríamos ponernos de acuerdo en censurar todo aquello que atenta contra las buenas costumbres. No creo que alguien pueda ponerse en contra de eso.
Una vez puestos de acuerdo, nos volveríamos locos en definir lo que son las buenas costumbres.
Twiter quiere censurar el lenguaje que se emplea en los trinos que hacemos a la red.
Como nuestro tiempo vale mucho y no merece la pena que lo gastemos en cuestiones inútiles, propongo una forma de censura que me gustaría que fuera valorada. Por lo menos que me escuchen un poquitito.
¿Algunos de ustedes habrá estado en Cádiz? Pues síganme.
Estamos en la puerta de la habitación de un hospital. Hay una señora que ha visto como su compañera de habitación se está poniendo malita y sale a avisar a la enfermera. Casualmente hay una que trae la bandeja de la medicación por el final del pasillo.
-¡Chochete!, ¡ven rápido que a mi amiga le está dando una fatiguita!
Chochete significa en este caso enfermera, sobre todo si es alguien amable y predispuesta a atender a sus pacientes. Chochete es una forma cariñosa de dirigirse a alguien que sabe que va a responder amablemente a tu solicitud.
En Twiter sería:
-¡??????????!, ven rápido que a mi amiga le está dando una fatiguita.
Verdad que no es lo mismo. No, no es lo mismo.
Otro caso.
En el segundo día del postoperatorio, tienen que quitar el drenaje a una paciente que se ha operado de prótesis de cadera. El paciente se coge a los laterales del colchón esperando sufrir las torturas del señor en el monte de los lamentos. Cuando el enfermero ha terminado su trabajo y no ha sufrido lo más mínimo, la paciente le dice:
-¡Qué manos tienes más lindas!, ¡Pichita de oro!
Ser Pichita de Oro es un título que poca gente puede alardear de tener. Es lo máximo que se le puede decir a quien tú quieres elogiar. Y además, cuando te lo dicen te suben la moral más alto que el Himalaya. Tenía yo a mi vecina Aurora que cada vez que salía a la calle en la adolescencia, con mi flequillo repeinado con la colonia Nenuco, me cogía de las mejillas y gritaba en el rellano de las escaleras: "Quién fuera joven para irse contigo, Pichita de Oro. Hoy vas a ir partiendo corazones por la calles. Lo más guapo de la barriada". Y mis pies volaban por el aire mientras me acariciaba la cara la brisa de mi bahía.
En Twiter sería:
-¡Qué manos tienes más lindas!, ¡??????????!
Verdad que no es lo mismo. No, no es lo mismo.
Y el último:
Mi padre está enseñándome a ir en bicicleta. Los Reyes me han traído un monstruo al que no llego ni poniendo calzas en las suelas de los zapatos. Después de varias horas, parece que empiezo a coger algo de estabilidad. Cuando me emociono y voy cogiendo la vertical sin que las manos de mi padre arropen mi desenvoltura, una piedra se interpone y doy con los huesos en el suelo.
-¡Qué niño más carajote!. Ven que te levante y te coma a besos.
Si alguno ve alguna palabra ofensiva que me lo diga. Pero a mí lo que más rabia me dio fue que me dijera niño, cuando yo me sentía un Bahamonde sobre la bicicleta.
Sería una pena, por tanto, que quisieran quitar del glosario twitero palabras que, bien empleadas, pueden llevar tanto o más cariño que cualquiera otra.
Así que antes de hacer un listado de palabras, prueben a entender a la gente que las emplea. No vaya a ser que quieran terminar con la forma de hablar de un pueblo. Y, cuidado, en este caso los que perderían serían ustedes. Cádiz es mucho Cádiz y ha sobrevivido a mucha gente. También va a sobrevivir a Twitter. No lo duden. Ya vendrá otra cosa.
Por eso les recomiendo que no demuestren su falta de cultura, mandatarios del Twiter. No pasen por esa vergüenza, que muchas veces lo han intentado y no han conseguido nada.
Porque si esto es lo que quiere censurar Twitter, se puede encontrar con que en Cádiz inventemos el "Retuite" o el "Contratuite". Porque años, siglos llevamos que no nos callan la boca. Y en esta tierra de la libertad, hemos demostrado siempre, que aunque nos tachen las palabras, no podrán nunca pisotear nuestras ideas.

Si Twiter es tan tontón,
que me quiere censurar,
va a tener que demostrar,
que piensa con la cabeza,
y si no tiene destreza,
cuando escucha a un gaditano,
se creerá muy ufano,
que lo está entendiendo tó
y si no está muy fino
en vez de comer tocino,
se comerá un mo-rcón.



Posdata para los no gaditanos: las rimas truncadas sirven para expresar con ironía lo que quieres decir sin tener que decir lo que no te dejan decir. Prueben a cambiar mo-rcón con otra terminación, por ejemplo, con la que misma con la que acaba cajón.

viernes, 20 de enero de 2012

Salud. Dinero. Amor


Ni salud, ni dinero, ni amor, yo lo que quiero es acceso gratis a la cultura.
No soy pirata. Mi casa está llena de libros.
No soy pirata. Mi casa está llena de discos de música.
No soy pirata. Mi casa está llena de DVDs.
No soy pirata. Estoy abonado a todos los canales de pago.
Soy un afortunado.
Pero hay escenas escondidas en algunas películas que le daría vida a muchos enfermos. Hay estribillos de canciones que serían capaces de enamorar a las parejas más distantes. Hay ideas agazapadas en algunos libros que resolverían la vida profesional de muchos indigentes.
Y hemos tenido en nuestra mano, durante algún tiempo, la oportunidad de ver como todos podían disfrutar de secretos escondidos.
No me quiten los manuales. No me quiten los libros. No me quiten la música. No me quiten las películas.
Algún médico de algún país en que los libros no llegan fácilmente a mitad de la jungla habrá podido aplicar a algún paciente algún remedio novedoso.
Algún emprendedor de algún país en que las ideas no floten en los ríos que perfilan sus aldeas habrá podido desarrollar alguna idea enriquecedora para favorecer a alguno de sus conciudadanos.
Algún joven romántico de algún país en que escasean las bellezas habrá podido robarle con una melodía sensible el corazón a alguna chica que se podía deslumbrar ante las riquezas algún cacique de turno.
Alguna pareja habrá entrelazado sus manos en alguna habitación oscura mientras aúnan sentimientos y acercan voluntades.
Hoy en día los artistas se están convirtiendo en los ciudadanos más egoístas e insolidarios. No se conforman con ganarse su sustento, quieren enriquecerse rápidamente por un afortunado día en que las musas compartieron algo de su gracia con ellos.
Artistas que llevan las pancartas más agresivas cuando se trata de pedir sanidad pública y gratuita. Artistas que son los más solidarios cuando quieren que papá estado reparta las migajas entre los desahuciados. Artistas que se bajan de sus grandes cochazos y que momentáneamente abandonan sus hermosas mansiones, para hacerse la foto de turno con el indigente.
Artistas que quieren convertir los derechos de autor en un impuesto revolucionario mafioso que les permita no abandonar su traumática y atormentada vida de artista.
Los mismos argumentos que utilizan para cerrar las puertas a las descargas de cultura son las que se podrían utilizar para cerrar las bibliotecas públicas (¿por qué no hay fonotecas públicas?¿por qué no hay videotecas públicas?).
Internet está en peligro. Las ventajas de Internet están siendo minadas.
Nadie acaba con el pirateo de los auténticos piratas, de los que quieren vender como trabajo lo que sólo es propaganda. Los discos deberían de ser regalados como material informativo y lo único que se debería de pagar son los conciertos, las actuaciones públicas. Los auténticos piratas son ellos, que quieren convertir la cultura en un tesoro al que no tenga acceso nadie que no ponga un doblón de oro en la mano del corsario de turno que te amenaza con su cuchillo en la boca.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Madridistas y Culés. Sevillistas y Béticos.


Con Mayúsculas. Madridistas y Culés, ambos con Mayúsculas. Sevillistas y Béticos, ambos con Mayúsculas.
En España hay mucha gente a la que le gusta el fútbol. Algunos lo reconocen y otros no ("Yo sólo veo los documentales de la 2"). En España hay mucha gente a la que le gusta hablar de fútbol ("Cuando llegue a la oficina el lunes, ya verás lo que le voy a soltar al Guardiolo"). En España hay mucha gente que disfruta con el fútbol.
De chico nos preguntaban si queríamos más a Mamá o a Papá. De mayores si éramos del Madrid o del Barça.
Siempre en la disyuntiva.
Y el tema da mucho juego. Y hasta es divertido.
Y en algunas épocas podíamos decir que a Mamá. Y en otras que a Papá.
Con el fútbol ya es distinto. No se puede ser del Madrid lunes, martes y miércoles y del Barça los jueves y los viernes. No se puede ser Vikingo en primavera y verano y Culé en otoño e invierno. No tiene defensa. O sientes los colores o no los sientes.
También es posible la Conversión. Es dura. Desgarradora, a veces. Pero hasta puede entenderse.
Y me gusta ver y escuchar a merengues y blaugranas discutir, polemizar, acalorarse. Dos buenos seguidores, delante de un café, enzarzándose en una buena discusión un lunes por la mañana, puede ser antológico.
Cuando volvía a casa de pequeño, mi madre tenía la radio puesta escuchando al Tío y al Sobrino. Uno de los programas que más risas provocaban en los tiempos en que para decirnos algo, nos mirábamos a la cara, en los que no estábamos permanentemente conectados, ni atareados; cuando el día duraba tanto. Béticos contra Sevillistas. Sevillistas contra Béticos. Y entre risas y risas, lecciones de educación, de cariño, de ciudadanía, de respeto.
Ayer le tiraron piedras a una caravana del PSOE en Madrid. No lo entiendo. Nunca he entendido la violencia.
Hoy he leído que la portavoz adjunta del PSOE en la Asamblea de Madrid hace unas declaraciones intolerables, salidas de madre.
Me da la impresión de que ya no te preguntan si eres del Madrid o del Barça. Irremediablemente tienes que ser de los UltraSur o de los BoixosNois. Y creo que somos más a los que nos gusta el fútbol. Somos más los que somos seguidores, y no forofos. Somos más, pero se nos escucha menos.
Pero yo no quiero callarme. Hay muy buena gente en el Barça. Hay muy buena gente en el Madrid. Me caen bien los Béticos. Tengo amigos Sevillistas.
Si a alguien no le gusta el fútbol, que lo deje. Pero que no enfangue.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Un verano sin internet


Todo empezó con un robo. Me robaron el iPhone4. En el hospital. Tenía muchas cosas en las manos y las dejé encima de un armario que hay al final del pasillo de quirófano, para poder informar tranquilamente a los familiares.
Llevé al paciente a la Reanimación, informé al médico de la Unidad, escribí el tratamiento y, a la vuelta, ya no estaba mi aparatito.
El iPhone me servía para conectarme a internet. Una de las opciones de su última versión de su sistema operativo, te permite compartir internet desde el teléfono. Con eso puedo conectar mi portátil y hasta el iPad.
Pero el robo me dejó desconectado. Recurrí a mi antiguo iPhone3G y descubrí que no te lo permite.
Esto ocurrió en Junio. Desde entonces ando cojeando.
Y, para guinda del pastel, a finales de Julio perdí el 3G. Así que he estado mudo, sordo y ciego.
Quizá les cuente la experiencia, por ahora solo sé que me siento algo desconsolado: he estado desconectado de gente a la que aprecio mucho, gente muy especial.

domingo, 12 de junio de 2011

Números



3000 personas. Tres mil.
5 kilómetros. Cinco.
99 años. Noventa y nueve.
15 sesiones. Quince.

Yo siempre he tenido una idea estúpida. Los números no existen. Los números nos mienten.
No tienes dos hijos. Tienes un hijo y otro hijo.
No tienes dos libros. Tienes un libro y otro libro.

Me cuesta trabajo saber cuánto es dos mil millones de euros. Me cuesta trabajo imaginármelo. ¿Cuántos billetes son? ¿Cuántas maletas llenas de billetes? ¿Cuántos bocadillos de tortilla de atún se podrían comprar con dos mil millones de euros?.
Por eso me gusta detenerme en lo que puede haber detrás de los números.

Han sido más de tres mil personas las que han participado en la a "Segunda Carrera de la mujer contra el Cáncer de Mama en Granada", un regalo que inició el año pasado un granadino en homenaje a su mujer cuando le diagnosticaron Cáncer de Mama. Un regalo para todas las mujeres. Un regalo que he podido compartir hoy. Se han apuntado 3.000 porque era el número de dorsales que había preparado la organización de la carrera. Pero han sido más de mil más los que han compartido este momento con nosotros sin poder llevar el dorsal oficial.

Han sido cinco kilómetros. Un motón de pasos. Un montón de gente dando un montón de pasos. Un esfuerzo colectivo empujando. Cinco kilómetros para pensar. Cinco kilómetros para ver fotos colgadas en las espaldas de algunas corredoras con una cara de una mujer joven y una frase conmovedora: "Va por tí". Una carrera dónde empiezas pensando en tí (¿podré aguantar hasta el final?¿para qué me habré metido en ésto?) y que acabas fácilmente con la sensación de que te han estado llevando en volandas. Que todo es más fácil cuando nos unimos en una misma idea.

Noventa y nueve años tenía la corredora de más edad. ¿Quién llegara a esa edad participando en una carrera? Y más cuando ella coge el micrófono y le da las gracias a los médicos que le diagnosticaron el cáncer cuando era joven y le pusieron uno de los primeros tratamientos que, hoy en día, siguen dando esperanza a todos y todas.

Quince sesiones. Eso dijo la mujer que cogió el micro al empezar la entrega de premios y se quitó la gorra que protegía los pocos pelos que quedaban en su cabeza. Quince sesiones de radioterapia y tres de quimioterapia. No sé. Quince sesiones que no le habían impedido correr la carrera. Quince sesiones que no le han impedido terminarla. Quince sesiones, como quince soles, que no le han quitado la sonrisa de la cara. Quince sesiones que le atan a la vida. Una vida de lucha. Una vida donde hay sitio para la sonrisa. Donde hay sitio para la felicidad.

3000 personas. Tres mil.
5 kilómetros. Cinco.
99 años. Noventa y nueve.
15 sesiones. Quince.


Foto cortesía del Doctor Jesús Florido, con el que comparto mucho.

domingo, 15 de mayo de 2011

Hoy dormiré más tranquilo


Durante mucho tiempo he intentado convencer a mi hija de que la anestesia no era su futuro. Durante mucho tiempo he estado buscando argumentos que no tuvieran contestación posible para que ella no siguiera mi estela profesional. Durante mucho tiempo he tratado de esconder mi ilusión y mi regocijo por mi trabajo para no influir sobre su vocación.
Y hoy, por fin, tengo argumentos.
Mira tú qué notición:
"EEUU ha probado con éxito el primer robot intubador en una operación real"
Y la inquietud que este hecho despierta en el periodista:
"¿Será factible que en pocos años sustituyan a los actuales anestesistas?"
Y a mí me viene la alegría, que me llena, que me invade, que me hace levitar.
Primero por mis pacientes, que van a tener la tranquilidad a partir de ahora de que una de las técnicas más dificultosas de nuestra especialidad va a quedar en mera pelusilla. Algo sin importancia.
En segundo lugar por mi hija, que si las previsiones del periodista se consolidan, hará que no pueda seguir mis pasos porque no serán necesarios los anestesistas. ¿Un quirófano sin anestesistas?. No veas la ilusión de los cirujanos y los directores de hospitales. ¡Un quirófano sin anestesistas!. El Nirvana. El Paraiso.
Sólo me queda una duda.
Si el paciente vomita o si hay un broncoespasmo ¿a quién llamarán los cirujanos para que les resuelva el problemita?.

jueves, 10 de marzo de 2011

¿Ronaldo, Messi o Rubalcaba?


En los últimos años los médicos anestesistas tenemos un problema: empezamos a ser médicos y a hacer cosas de médicos. No es que antes no lo fuéramos, que sí, que lo éramos, sino que parecía como que no lo fuéramos. ¿Qué hacíamos? ¿Pinchar venas? ¿Cargar jeringas? ¿Sondar pacientes? ¿Intubar?. Todas estas cosas las puede hacer cualquiera. Por lo menos, eso parecía. Lo que estaba detrás, el saber llevar a un paciente durante la agresión de la cirugía, el compensar desequilibrios, el normalizar situaciones de vaivén... Eso sólo lo sabían valorar algunos entendidos y no siempre nos ganábamos el reconocimiento de los compañeros y mucho menos de los pacientes.
-¿Pero usted es que es médico, también?
Era la pregunta más normal y frecuente que te encontrabas cuando el paciente se preocupaba un poco por tí.

Cuando los anestesistas vamos a hacer un logotipo de nuestro trabajo nos ponen un laringoscopio, una aguja, una amapola, el sol, la luna... Cosas muy inespecíficas o más bien tirando a romanticonas.
Cuando los anestesistas salimos en alguna foto (pocas veces, muy pocas, porque aunque estemos entre el grupo quirúrgico, somos como los vampiros que no se nos ve en los espejos ni somos capaces de impresionar la película fotográfica) procuramos ponernos un fonendo en el cuello, para que vean que también somos médicos, que se vayan enterando.
Pero las cosas van a cambiar a partir de ahora, de hecho ya están cambiando.
En muchos hospitales ya tenemos ecógrafo en el quirófano. Es decir un aparatito que sólo tienen los médicos. ¿No les da envidia?.
Yo todavía no lo tengo, pero no pierdo la esperanza.
Un aparatito que nos hace distintos.
-¿Tú no ves nada?-le podemos decir al cirujano-¡Pues está muy claro!
Y venga a farfollear y venga a farolear.
-Esto de aquí es el músculo, esto la costilla y este circulito es el nervio que vamos a bloquear.
Estoy repasando anatomía como un pipiolo de primero. Cómo se forma el nervio, por dónde pasa, dónde se divide, qué raices da, cuáles son motoras, cuáles sensitivas.
Y luego coges la sonda y todo es verdad. Cada cosa en su sitio. O muy cerquita.
Ya no es como antes, cuando empleábamos el neuroestimulador, cuando había que saber todas las rutas y posibles variaciones de paso que podían tener cada nervio. Por eso había tantas vías de abordaje.
Para el interescalénico 8 ó 9, para el supraclavicular 5 ó 6, para el infraclavicular tantas como jugadores tiene el Madrid en el banquillo o el Barça repartidos por todos los equipos españoles. Porque el problema de la neuroestimulación es que tú tenías que suponer que el nervio pasaba por dónde tenía que pasar, es decir, por dónde venía en el atlas de anatomía dedicado a los nervios. Y en ese libro todos parecen que son Ronaldos. Vaya músculos. Vaya cuerpos.
Y no todos son Ronaldos. Hay algún que otro Messi, más chiquitillo, con un poquito más de grasa por aquí o por allá. Y sus nervios pueden pasar mijita más para arriba o mijita más para abajo.
Y cuando no es Ronaldo o Messi, puede ser un Rubalcaba, por decir un paciente al que le gusta acudir a los Servicio Públicos. Puede ser más canijo, más rollizo. Y cada uno tiene los nervios dónde quiere.
No se imaginan ustedes los sudores que se pasa, a veces, con la agujita del neuroestimulador buscando el nervio que tenía que estar por aquí, pero parece que está un poco más pallá y vamos a emplear la vía alternativa.

Ahora no. Las cosas están cambiando. Que viene Ronaldo, que se enciende el ecógrafo y que se le ven los nervios. Que es Messi, idem de lo mismo. Hasta con Rubalcaba sirve.
Ya no habrá preocupaciones. Sea quien sea, se le ve todo. Sólo que hay que seguir estudiando, y mucho, para saber lo que estás viendo.
Como si fueras un médico.

martes, 1 de marzo de 2011

Yuuuuju. Pimenteeeel. Yuuuujuuuuuuu.


¿Qué puedo hacer para que Pimentel se fije en mí?.
Yo también quiero lo mismo. No me importa tener un sueldo bajo (no sé si me llegará con 200.000 euros al año, aunque estoy dispuesto a cualquier sacrificio...).
Perdonen la broma, sobre todo, pido perdón a los controladores, porque no soy nadie para poner precio a su trabajo, que seguro que será más agotador, con más responsabilidad y más útil a la sociedad que el de Ana Rosa Quintana, por poner un ejemplo de gente que cobra una fortuna y no sabemos todavía la utilidad social que tienen.
Pero cuando un conflicto se soluciona, bienvenidas sean las soluciones.
Ya estamos todos contentos. O todos descontentos, que es otra forma de llegar a un acuerdo. Sea del tipo que sea. Porque más vale un mal acuerdo que una buena pelea.
Ventajas que le veo al laudo: entre otras cosas, que no se habla solamente de dinero. Se habla de condiciones de trabajo, de limitación de horas, de seguridad. De protocolos.
Y estoy deseando que en mi gremio se hable también de ciertas otras cosas.
No quiero generalizar. Lo mismo son sólo problemas de mi provincia. Seguramente.
Cada uno tiene su propia historia y tiene que aguantar las consecuencias de sus actos pasados. O las de los actos de los que están cerca de ti.
Y si en mi provincia hay gente a las que no le importa estar trabajando todo el día y muchas noches, a los que no le importa no descansar los fines de semana, no les importa no disponer de vacaciones un año tras otro y ganar, ganar, ganar más dinero que el Tío Gilito... es un problema de mi provincia, es decir, que es mi problema. Sólo mío.
Pero cuando yo veo que ésto puede influir en la asistencia a los pacientes, las cosas son de otra forma. Si dejamos de hacer las cosas que no son rentables económicamente, como la consulta de anestesia, las cosas son de otra forma. Si no hacemos tratamiento del dolor postoperatorio porque no es rentable económicamente, las cosas son de otra forma. Si no podemos asegurar una atención de urgencia, las cosas son de otra forma. Y si todo eso es porque hay algunos que quieren ganar mucho dinero y condicionan el trabajo de los demás sin que nadie arbitre y nadie ponga orden, las cosas son de otra forma.
Pimentel, yuuuuujuuuu. Pimenteeeeeeeel.
Que no está todo en ganar tanto. Que un sueldo puede ser muy digno incluso ganando un 50% menos. Y que se distribuya mejor el trabajo. Que no haya tantas anestesias simultáneas. Que entremos más profesionales en la distribución del trabajo.
Que no porque haya una serie de "compañeros" que lo quieran todo para ellos, tiene que condicionarse el trabajo de los demás.
Y como las aseguradoras, o algunos responsables, creen que hacen bien aprovechándose del río revuelto, si no hay un arbitro que arbitre, no quieren enterarse de nada...
Pimentel, yuuuuujuuuuuuu. Pimenteeeeeeeel.
Y es que cuando se aprietan las clavijas en la negociación de los honorarios y durante 10 años no se actualiza el valor de cada acto médico, llegan a ocurrir situaciones que pueden empeorar los resultados. Para tener un sueldo digno tienes que hacer más intervenciones de las que deberías.
Por eso creo que siempre es mejor que un buen árbitro pueda equilibrar el fiel de la balanza. Antes de que la cuerda se rompa, que siempre se rompe por el más débil (en este caso, el paciente).

domingo, 20 de febrero de 2011

En su hospital ¿ponen catéteres o ponen epidurales?


No es lo mismo poner un catéter que poner una epidural, como no es los mismo tener teléfono que tener línea. No es lo mismo tener una cuenta en el banco que tener dinero. No es lo mismo estar casado que tener marido (o esposa). No es lo mismo tener coche que viajar. No es lo mismo tener un jamón, que comerlo.
Poner un catéter es muy fácil. Cualquiera podría hacerlo. Poner una epidural es distinto.
¿Cuál es la diferencia? Vamos a entrar en faena. ¿Para qué sirve una epidural en un parto, por ejemplo? Para quitar las molestias ¿verdad?. Pues si se pone un catéter y no se quitan los dolores, es verdad que se está poniendo un catéter, pero no que se haya puesto una epidural.
Debemos entender que hay epidurales que fallan ¿cuál es el porcentaje adecuado? ¿En su hospital hay alguien que se preocupe de eso? ¿Sabe usted cuántas epidurales fallan en su hospital?
¿A qué se le llama fallo?
Una epidural falla cuando no cumple su objetivo. Una epidural falla completamente cuando no quita ninguna molestia. También falla la epidural cuando quita parte del dolor.
Cuando sólo se bloquea una parte del cuerpo pueden existir soluciones. Hay veces que se pueden administrar dosis complementarias por el mismo catéter y se puede arreglar la extensión insuficiente del bloqueo. Hay otras veces que hay que retirar un poco el catéter para que se reubique en su sitio. Otras veces no queda más remedio que colocar un segundo catéter.
Pero para que todo esto suceda, es necesario que la estructura del hospital o las ganas del personal incluyan que una vez puesto el catéter, se haga un seguimiento del resultado. Es algo que sirve para distinguir, también, los hospitales dónde se ponen epidurales de los que sólo se ponen catéteres.
Si el médico anestesista se responsabiliza del seguimiento, si está a mano para poder resolver en todo momento cada uno de los problemas, si la matrona que asiste a la parturienta colabora, muchos catéteres que están en su sitio, pero que no están consiguiendo el efecto deseado, podría aliviar muchos dolores de muchas parturientas.
Una vez que se pone el catéter hay que conseguir que sirva para algo, hay que conseguir que se convierta en una auténtica epidural.
Y si un catéter no consigue de ninguna forma resolver el problema, se le propone a la paciente colocarle otro.
Es lo que suelen hacer los médicos. Existen rescates de prótesis, existen reintervenciones, existen muchas ocasiones en que se reconocen los errores y se le da solución al paciente. Es lo que suelen hacer los médicos.
Los anestesistas somos médicos. O por lo menos, eso creo.
Me da mucha rabia que se hable mal de la epidural. Que haya muchas pacientes que digan que no les hizo efecto. Y que después digan que una vez que le pusieron el catéter no supo más del anestesista. O que la matrona le insistió en que aguantara.
¿Qué medidas se pueden poner para mejorar la atención del paciente?
En la medicina privada debería de haber un encargado de preguntar a las pacientes sobre la eficacia del catéter epidural y sólo abonar los honorarios si se hubiera conseguido la satisfacción completa de la paciente.
Y aquí radicaría el interés por la respuesta de la pregunta que antes se quedó flotando en el aire.
¿Cuál es el porcentaje de fallos aceptable? Pues el que no llegue a este nivel, que no cobre.

sábado, 19 de febrero de 2011

Déjamela a mí....


Algunos compañeros aburridos, quizá por ausencia de argumentos y con muchas ganas de notoriedad, han tenido la malévola idea de malinterpretar una entrada en el blog de la DraJomeini para hacerse publicidad en el mundillo de la globosfera. Una infancia con falta de cariño u otro tipo de frustraciones hacen que algunas veces se vean gigantes donde sólo hay molinos.
Ha empezado una competición para ver quién le pega más fuerte a nuestra cariñosa amiga. Déjamela a mí, parece que se dicen unos a otros para animarse a ver quién escupe el desafuero más grande entre aquellos que se autoerigen en defensores de los enfermos psiquiátricos.
Yo soy de los médicos que piensan que los pacientes no necesitan defensores, sino profesionales que los apoyen. No hay que inventarse enemigos para demostrar que unos somos mejores que otros. Hace falta sólo estar más cerca de ellos.
Espero, que si algún día necesito de ayuda, no me toque un médico que piense que la humanidad está sobrevalorada.

jueves, 27 de enero de 2011

Made in Spain


Yo también he disfrutado de muchos inventos Made in Spain, señor Juli Capella.
Vi a mi madre fregar los suelos de nuestra casa arrodillada durante mucho tiempo, con el cubo al lado y escurriendo la josifa. Y recuerdo la llegada de la fregona como la liberación que pudo curar las bolsas que ya le aparecían en sus rodillas.
He disfrutado del Chupa-Chups.
Me he montado en un Seita día tras día para acudir a la Facultad de Medicina y tengo unidas en la mente la belleza de las imágenes de los amaneceres en la Bahía de Cádiz, de las mareas y de los días de levante con el marco la ventanilla de ese minísculo coche, con mi cabeza apoyada en el cristal del asiento trasero izquierdo del amigo que nos llevaba y nos traía todos los días desde la Isla a Cádiz.
La paella de los domingos. ¡Qué rica como la hacía mi madre!
La guitarra española de mi amigo Pepe Nacente.
El ColaCao en el que he confiado todas las mañanas y que todavía no me ha regalado con sus efectos deseados de aumentar mi estatura los centímetros que me faltan.

Y quizá podría tener un comentario para cada unos de los inventos recogidos en tu libro.
Una idea estupenda. Un buen libro.
Es hora de sentirse orgulloso de nuestra inventiva. Es hora de rescatar nuestra dignidad.

Por eso, permítame una sugerencia. Permítame una incorporación en la edición siguiente. Una paginita más.

Una página de un invento que ha conseguido poner más de una sonrisa en muchas caras. Un invento que consuela a la mujer en el parto y al doliente en su lecho.

El invento: La epidural.

El inventor: Fidel Pagés, médico español.

El año: 1921.

El resultado: La sonrisa.

sábado, 22 de enero de 2011

El Senatone


Llevo días en que me pasa por la cabeza una sola cosa: hacerme rico.
No sé si porque la anestesia no da para tanto, trabaje uno lo que trabaje, o porque me gustaría tener cierta fortuna para permitirme algunos anhelos pendientes que parece que no van a llegar nunca cuando se va acercando uno peligrosamente a ciertas edades.
Así que he podido fabricar un aparatejo en el que confío para poder solucionar mis cuitas económicas: El Senatone.
Porque yo sé lo dificil que es entender un idioma extraño, porque yo sé de la necesidad de hablar en la lengua que me enseñaron en mi casa, porque yo sé lo que es tener que abandonar palabras familiares y tener que aprender palabros extraños.
Y tras un intenso diseño y una elaboración dificultosa, lo he estado probando estos días atrás, en las tiendas que hay delante de mi hospital, entre paciente y paciente. Y funciona perfectamente.
Ayer probé en la panadería. Entré y me puse en cola. Siempre hay mucha gente. El pan de Alfacar que venden en ella es antológico. Esperé cuidadosamente y me fui alegrando de que detrás mía se fueran colocando nuevos clientes. Cuando me llegó el turno, me coloqué el aparato en la encía, entre el segundo y tercer molar, en el hueco con el carrillo.
-¿Qué desea usted?
-Me pone dos Juanitos, una Telera y dos Manoletes.
Tenía ganas e ilusión en pedir pan en "gaditano" en una panadería granadina. Me acordé de la primera vez que lo hice allá por los años ochenta y también recordé la cara de estupor que me puso la dependienta.
-¿Qué quiere que le ponga?
Yo me limité a señalar con mi dedo las piezas de pan en que estaba interesado y ella fue seleccionándolo mientras me repetía:
-¿Como los ha llamado?
Y no pude repetir ni una letra Mi desconsuelo me congelaba la lengua y me enfriaba el alma.
Fue la primera vez que entendí que ya no estaba en mi casa. Y comprendí que la distancia entre Cádiz y Granada era un abismo que me distancia de lo mío.
En cerca de treinta años no había repetido la misma petición. Y mi alma se llenó de gozo, cuando la dependienta fue recogiendo de cada cesta las piezas que yo le había pedido y que a ninguno de los paisanos de la cola le llamaba la atención la forma en que requería el pan.
-¿Cuanto es?
-Pues han sido dos piezas pequeñas, una Casera y dos Barras Finas...
¡La traducción perfecta! ¡No había duda!¡El aparato funcionaba!
Tenía que poner una epidural, pero no pude aguantar la espera y me dirigí a la frutería de al lado.
-Antonio ¿tienes damascos?
-Me han llegado unos muy buenos de Níjar, ¿te pongo medio kilo?
Y me enseñó unos albaricoques con una pinta estupenda que tenía cerca de la balanza.
-Que sea un kilo, Antonio.

Y lo he probado día tras día y funciona estupendamente. Hay que colocárselo exactamente entre el segundo y tercer molar, porque está cerca del conducto auditivo y te sirve para traducir las frases que te dirigen algunos pacientes. ¡Me he librado de unos buenos líos en la consulta!

-Doctor tengo miedo a la anestesia.
-Dígame.
-Pues que cuando voy andando por la calle, me tengo que apontocá con mucha frecuencia.
Y ningún problema. La maquinita me traduce "apontocar".

-Doctor está hay fuera Manuela y se la ve mucho mejor.
-¿En qué lo has notado?
-En que viene muy retotollúa.
Y ningún problema. La maquinita me traduce "retotollúa".

-Necesita usted que la cuiden, María.
-No se preocupe usted doctor, que mi Isabel es muy colleja.
Y ningún problema. La maquinita me traduce "colleja".

Y me siento ya en Granada como en mi casa. Hasta cuando un paciente me dice:
-Cuidado con la polla doctor, que para pollas, pollas. No vayamos a pollas.
entiendo palabra a palabra y, hasta según la entonación, le doy un sentido u otro.

He escrito a José Bono para que lo usen en el Senado y también en el Congreso. Tengo cita con él el lunes que viene. Le voy a proponer un buen precio, nada de los trecientos mil euros que les está costando el pinganillo. Que yo quiero ser rico, pero no mucho. Nada más que lo suficiente.


No vayamos a pollas.

P.D.:

Apontocarse: Pararse y apollarse en los dos pies.
Retotollúa: Mujer arreglada en exceso.
Colleja: Dulce, apañada, coqueta.
Pollas: Su propio nombre lo dice.

martes, 7 de diciembre de 2010

Algunos controladores aéreos también tenemos Derechos


Me toca muy de cerca. Es lo que hay.
Generalmente se ha comparado el quirófano con una cabina de avión. Y allí nos metían a los médicos anestesistas. En la cabina.
Ya he dicho yo otras veces que me veía más como controlador. En la torre de control.
Por eso me toca de cerca.
Hace dos años compartí con mis compañeros mi idea de que hacen falta más médicos anestesistas en la medicina privada. Y para eso había que corregir ciertos errores.
Haciendo historia, la lucha que se había producido, hace ya años, para hacerse con el mercado anestésico, había llevado a una serie de condicionamientos:
-El beneficio de las compañías, que durante diez años no había subido NADA los baremos. Y es que cuando hay el número de médicos que tiene que haber es obligatorio pagarle a cada uno lo que se le tiene que pagar. Porque cuando hay menos anestesistas y ganan más, se le puede hacer un recorte en el baremo sin que haya unas protestas desmedidas.
-El beneficio particular de cada médico, que se concretaba en un sueldo final deslumbrante. Sin embargo se obtenía a costa de un mayor esfuerzo, una pérdida irrecuperable de la vida familiar y una acumulación de cansancio desorbitada.
Y ya está armado el follón. Difícilmente se sale de él.
Son las leyes del mercado. Por lo menos eso me dijo un Gerente provincial. Y debe de ser verdad.
Y el mercado debe de funcionar para que todo funcione. Es posible que haya algo de verdad en lo que decía el Gerente. Pero la tendencia a desequilibrarse todo es muy grande. Y si hubiera un punto intermedio, puede ser hasta aceptable.
Pero la cuerda se tensa. Y cuando está tensa:
-No hay ningún beneficio para el paciente.

Y entonces pasa lo que pasa.
Lo que no es rentable se deja de hacer:
-No es rentable la consulta de anestesia, pues se dice que no hace falta. Conclusión: Los Consentimientos Informados se hacen en la puerta de los quirófanos.
-No es rentable el Tratamiento del Dolor Postoperatorio, pues no se hace. Conclusión: "Si a un paciente de mi compañía le duele, que le den un Dorotir, como se ha hecho siempre (SIC)".
-El número de anestesias simultáneas aumentan, ¿qué hacemos?. (Personalmente, yo contraté a un compañero durante un año y me dejé en ello todos mis ahorros. No sé si puedo hacer más. Cuando el trabajo empezó a disminuir, no me lo he podido permitir).

La jugada es maestra por parte de las compañías (no de todas, doy fe): tienen a una serie de profesionales peleándose por trabajar, el sueldo es más bajo y no hay protestas. Y cuando alguien protesta se le echa y ya está.

Por eso defiendo que hay que regular las condiciones laborales de los médicos con las compañías privadas. Por eso defiendo el diálogo abierto. Por eso creo necesario que se tome en serio la opinión de los especialistas en la medicina privada (que no es tan privada, o si no, que se lo pregunten a los funcionarios). Por eso creo que no se debe de dejar a los pirómanos el cuidado de los incendios.

Que los controladores de quirófano también tenemos nuestros derechos.

P.D.: Mi solidaridad con los Controladores Aéreos Dignos, que haberlos seguro que los hay.

sábado, 4 de diciembre de 2010

La Sinrazón de los Controladores Aéreos


¿Cuántos controladores aéreos conocéis?
Mirad alrededor. Yo conozco a alguno.
Y no trabajan en los aeropuertos.

Yo no sé que hay de verdad en todo lo que me están contando. Y hablo de las razones. O de las sinrazones.
Puede ser que sea verdad que ser Controlador Aéreo en España haya sido un chollo. Que se hayan limitado las plazas de forma intencionada. Que pusieran filtros para que tuvieran que ser familiares directos de los que ya estaban dentro. Que ganaran mucho, mucho, mucho dinero. Que trabajaran mucho y, también, que descansaran mucho. O puede ser que todo sea mentira. Pero no me creo que todos fueran unos rastreros, que todos fueran unos interesados, que todos fueran tan sibilinos.
Permítanme que piense que algunos, o alguno, quisiera darle cierta racionalidad al trabajo. Que quisiera que hubiera equilibrio entre el trabajo y el sueldo, entre el trabajo y la vida familiar, entre el trabajo y el descanso. Alguno habría. Creo yo. Seré iluso. Pero lo pienso.
Voy a creer que alguien querría aumentar el número de plazas en los aeropuertos. Voy a imaginarme que alguien tuviera bastante con un sueldo un diez o incluso un veinte por ciento inferior. Voy a esforzarme y hasta voy a defender que la tendencia general fuera pensar que todo tenía que evolucionar, que cambiar, que mejorar. Y voy a pensar que en esto ha llegado el pulso entre Gobierno y el Colectivo. Cuando el plato todavía estaba por preparar. Cuando todo estaba crudo.
Un problema de velocidades. Los críticos no han tenido tiempo, o no han sabido ir a la velocidad adecuada para poder resolver el problema antes de que fuera tarde.
Y quizá sea hasta lógico. Se les ha quemado el cocido antes de meterlo en el horno. Y hay que saber cambiar a tiempo. Y ellos no han sabido. Se les había acabado ya el tiempo a los que estaban luchando contra los privilegios.
¿Cuántos intereses ha habido, mientras tanto, para que todo siguiera igual que estaba? ¿Por qué se ha mantenido todo exactamente sin cambios durante tanto tiempo?


Y lo mismo, lo mismito, veo a mi alrededor. Necesidades imperiosas de cambio.
Cambios que no llegarán, seguramente, a producirse.
Veo ControladoresAéreosDeLosMalvados en el hospital. Forzando al máximo la endogamia. No permitiendo que entre nadie nuevo. Creando círculos totalmente cerrados donde es imposible entrar. Imponen criterios estrictos que hace que cualquier pensamiento distinto sea tomado como Extraño, como Malvado, como Absurdo.
Y, máldita sea, me pilla todo tan cercano.
No quiero que los anestesistas sean los futuros ControladoresAéreosMalvados. No quiero escuchar las mismas críticas.
-¡Cuánto ganan!
-¡No descansan lo necesario!
-¡Son capaces de hacer cualquier cosa por dinero!
-¡Estaban llevando varias cosas a la vez!
-¡Tienen su merecido!

Espero que todo se arregle. No entiendo el Secuestro al que los ControladoresMalvados han sometido a la sociedad española. Espero que se tomen las medidas oportunas. Espero que paguen tanto los Culpables como los Responsables. Todo esto ha sido una patada al estado de derecho.

Pero, también espero que todo esto sirva para algo. Que, a partir de ahora, se mire alrededor. Que se vea y se descubran a todos los Controladores Aéreos que hay fuera de los Aeropuertos.

Haberlos lo hay.

Y hacen mucho daño.

jueves, 18 de noviembre de 2010

¿Te imaginas?


¿Te imaginas un país dónde se escuchara a los pacientes?
¿Te imaginas un país dónde los médicos también tuvieran voz?
¿Te imaginas que la bata blanca no diera miedo?
¿Te imaginas que tu paciente te mirara otra vez desde la amistad?

Si no te escuchan, Abla.

martes, 16 de noviembre de 2010

Arzak preparando Bocadillos de Mortadela


Seguro que usted come muy bien en su casa. Seguro que de vez en cuando enciende los fogones, se enfunda el delantal y el gorro de cocinero y saca merluzas, filetes de buey o, incluso, un buen aceite y unas buenas frutas de la huerta para hacer un excelente gazpacho.
Y si un día JuanMariArzak llamara a su puerta para ayudarle en la cocina, usted sería la persona más feliz del mundo.
Pues yo le tengo que hablar de mi decepción por los JuanMariArzak que día tras día no pueden hacer más que bocadillos de mortadela en muchos fogones de España.
Un día se lo dije a un cirujano:
-"Tu problema es que no te dan las mejores anestesias".
-"¿Qué me dices, que mi anestesista no es bueno?".
-"Todo lo contrario, es uno de los mejores. Pero no le permites que te dé buenas anestesias. Te escucho todos los días programarle las intervenciones: 'Hoy hay dos locales, una general y dos epidurales'."
-"Yo soy el cirujano y si los pacientes vienen a mí, yo soy el responsable de todo lo que ocurre en quirófano".
-"Bocadillos de mortadela".
-"¿Te explicas mejor?".
-"Que la anestesia ha avanzado mucho y te has quedado atrasado. Que si confiaras en nosotros, si confiaras en él, te pondría los mejores platos. Le obligas a ponerte bocadillos de mortadela todos los días a Arzak, cuando, si él pudiera hacer lo que sabe, te chuparías los dedos con sus platos".

Y es que todavía hay cirujanos que se atreven a decirle a "sus" anestesistas la anestesia que deben de dar.

martes, 19 de octubre de 2010

Diferencia entre arreglar y resolver.


El Moli fue mi compañero de guardia durante mucho tiempo y en una ocasión me explicó la diferencia que había entre estos dos conceptos tan parecidos.
Durante las guardias hospitalarias siempre buscas un momento para poder contarle a tu mujer lo dura que es la guardia, o para preguntarle a tu hijo si ha entendido todo en clase o quiere que su papaíto le resuelva alguna duda. Y en todos los hospitales hay una habitación en la que ponen un teléfono para que los médicos se puedan poner en contacto con el exterior. Y en todos los hospitales ese teléfono será el peor teléfono de toda la planta.
-¿Qué pasa hoy, Moli?
-Que la clavija tiene la cejilla rota y constantemente se suelta, pero no hay nada que un buen anestesista no pueda arreglar con un buen trozo de esparadrapo.
Y el teléfono seguía su agonía, sobreponiéndose a todas las eventualidades posibles.
-¿Y hoy que pasa?
-Que se ha despegado un poco la soldadura del cable que se conecta con el micrófono del auricular y, según como lo cojas, escuchas o no. Nada, una tontería. Ahora mismo lo arreglo.
Estuvimos cerca de cinco años de pareja de guardia y cerca de cinco años en que, un mes sí y otro también, había que hacer una operación a vida o muerte al dichoso teléfono.
En un momento en que las guardias fueron mucho más acaparadoras y no había tiempo de acercarse al teléfono como MacGuiber, pero sí como usuario, no podíamos conectarnos con nuestros hogares hasta que, al día siguiente, nos arrastrábamos agotados hasta el tranquillo de nuestras casas.
Fue entonces cuando decidimos dar partes diarios del mal estado de conservación del teléfono.
Y parte que dábamos, milagro que ocurría. No saben ustedes la cantidad de conocimientos que puede haber en el Servicio de Mantenimiento de un hospital para conseguir prolongar la vida de cualquier chisme. La de Premios Nobeles que podría tener España si se reconociera la categoría de "La Chapuza" como especialidad científica.
Pero llegó un día en que al entrar en la habitación el Moli no vio el aparato. El cabreo fue doble. Por una parte por que se le coge cariño a las máquinas cuando las tienes cerca durante mucho tiempo procurando alegrarte la vida. Por otra parte porque se presentaba otro día de penosa guardia sin poder darle el beso de buenas noches a tu familia.
Al día siguiente entró el Moli en el despacho del jefe afeando la mala conducta del ladronzuelo.
-Y encima un GILITONTO nos ha robado el teléfono del despacho, no sé dónde vamos a llegar.
Ya se veía sin teléfono para todos los días de nuestra vida. Pero al empezar la siguiente guardia, me llamó el Moli al cuartito para enseñarme el despampanante aparato que nos iba a acompañar en nuestras batallas.
-Parece que hemos resuelto el problema, Moli.
-Pues eso parece, porque ya el cacharro no tenía más arreglo. Es la diferencia entre arreglar y resolver.
Hoy, después de muchos años, pienso que hay que poner todo el empeño necesario en arreglar, una y otra vez, los problemas que nos surgen, sin desfallecer. Y sigo admirando a la gente que pone todo su esfuerzo y conocimiento en darle una solución a todo, sin pedir nada a cambio. Es una buena forma de afrontar muchas contrariedades.
Hoy, después de muchos años, ya lo sabe el Moli, os voy a confesar que yo fui el ladronzuelo GILITONTO que tiró el teléfono y todos sus cables en el primer contenedor de basura que me encontré en la calle al acabar la guardia.

sábado, 10 de julio de 2010

Echando luz sobre la Factura en la Sombra. 3.0


-"No me salen las cuentas. Vaya rollo en el que me ha metido usted, señor Director"
-"¿Qué problema hay?"
-"El problema de Matrix. La unión entre el mundo real y el mundo virtual"
-"¡Qué cosas tiene usted!"
-"Y sin la oportunidad de elegir entre la pastilla roja y la azul"

-"Desde que vino el representante sindical a que se le explicara lo de la Factura en la Sombra y usted le dijo que yo me encargaría de hacerle un dossier, empezaron los problemas. Si usted se hubiera limitado a decir que se le hiciera un par de ejemplos... Pero el empeño en tratar de hacer un Libro de Caja con la armonización de los gastos e ingresos con las Facturas que se le entregan a los pacientes... Ahí está el problema."
-"No lo veo. ¿Cual es el problema?"
-"El problema está en que no cuadran los números. Sumando todas las facturas los ingresos sobrepasan los gastos."
-"¿Y por qué cree que ocurre ésto?"
-"La tabla de facturación es una tabla genérica que se hizo por consenso. Con un trabajo bien elaborado, sin duda, pero dónde se recogía una valoración de actos médicos sin una relación exacta con el mercado."
-"Y..."
-"Con los sueldos proporcionalmente más bajos que tienen los médicos y la enfermería en el sistema público, en relación con los tomados como patrón, que eran los gastos medios en hospitales de nuestro entorno, tendríamos unos ingresos bastante más elevados..."
-"Y..."
-"Que cuando los pongamos en conocimiento de los sindicatos, podrán sacar una serie de conclusiones entre las que destacarán que el estado reconoce sus bajos sueldos. Claro. Con esta facturación en la medicina privada, se haría un reparto de beneficios entre los trabajadores o habría que disminuir la factura"
-"Opto por lo segundo"
-"Entonces las Mutuas nos podrán reclamar que le disminuyamos los baremos. Ya sabe usted que nosotros nos encargamos de atender a pacientes que no pueden ser atendidos por ellos"
-"Pues parece que sí es un problema"
-"Y sin poder elegir entre la pastilla roja o azul"
-"Parece que nos vamos a comer un marrón...."

P.D.: ¿Puedo estar equivocado?. Seguramente. O no...

viernes, 9 de julio de 2010

Los bollos y los sacrificios


Érase que se era que un Jefe se Servicio recibía, día sí y día no, indicaciones del director del Hospital para aumentar la productividad de su Área.
Éste buen Jefe de Anestesia (comprendan que estamos en un cuento y puedo inventarme criaturas imposibles) tenía la suerte de estar rodeado de un fabuloso grupo de residentes ansiosos de aprender y de unos facultativos responsables y concienciados (perdonadme que aquí no acuda a la fantasía, porque se me ha agotado entera en la creación del primer personaje).
-Con dos adjuntos de guardia ya no podemos cubrir tanta urgencia y haría falta poner a tres cada día. Eso supondría hacer más guardias. Empezaremos a partir de mañana. ¿Alguna pega?
Y los miembros del servicio asentían
-Tendríamos que redistribuir las guardias de residente para que simpre hubiese un RGrande y un rchico. Empezaremos a partir de mañana. ¿Alguna pega?
Y los residentes del servicio asentían.
-Haría falta reorganizar los salientes de guardia para cubrir los huecos que se nos están quedando por el aurmento de trabajo que tenemos. Empezaremos a partir de mañana. ¿Alguna pega?
Y los residentes y los miembros del servicio asentían.
Los que saben de cuentos saben que a la fiera es peligroso alimentarla, así que el Director pedía cada vez más y más, y el Servicio respondía haciendo lo que podía.
Y todo tiene un límite.
¿Y quién le pone el cascabel al gato?

Es el momento de que se sienten y piensen en una cosa que les voy a decir: las matemáticas son mentira. Los números llevan a muchos errores. La suma y la resta tienen trampas oscuras camufladas en su interior.
Los médicos residentes eran los que más sufrían el exceso de trabajo. Algún que otro día tenían que suspender su rotatorio para cubrir algún que otro hueco. Y cada vez se les exigía más. Y ellos habían estado siempre a la altura. Pero todo tiene un límite. Y decidieron ser ellos los que le pusieran el cascabel al gato.
-AmadoJefe nos gustaría que invitara usted al SeñorDirector a uno de nuestros desayunos para poder encontrarle una solución razonable a nuestros problemas.
Háganse una idea. Una sala más bien pequeña, una mesa camilla, una gran fuente de bollos en medio, una jarra de leche y una gran cafetera humeante, además de un par de sofás donde se distribuyen el resto de los residentes. El Dire, el Jefe y el ResiValiente sentados en la mesa. Empieza la reunión.
-En primer lugar quiero darles las gracias por haberme invitado a este desayuno y así tener la oportunidad de agradecerles la colaboración que siempre he tenido de vosotros y que espero seguir teniendo. Si tengo que decir que estoy orgulloso de tener residentes en mi hospital, destaco por encima de todos a los resis de anestesia.
-Muchas gracias, SrDirector.
-Vayamos al grano, estamos aquí por la necesidad que tiene el hospital de que hagáis una guardia más de puerta y una guardia más en vuestro servicio. ¿No es eso? Es un pequeño sacrificio que supondría un gran impulso en la asistencia.
-¿Café con leche o sólo? - pregunta el residente.
-Con leche, gracias.
-¿Le apetece un bollo?
-Tienen buena pinta. Me comeré uno.
-Están buenísimos SrDiector, seguramente no podrá conformarse sólo con uno.
-Tienes razón -responde el SrDirector, mientras coge otro y se lo lleva a su boca.
-Hemos hablado largo y tendido del tema de las Guardias SrDiector y queríamos decirle que sabemos de la importancia que tiene para nuestra formación el poder aprovechar nuestro tiempo de residencia anestesiando a pacientes agudos en situaciones especiales. Cuando yo empecé la residencia hacía 4 guardias, ¿se acuerda?. Cuatro guardias de especialidad y una de puerta. ¿Le apetece otro bollo? Tome usted, ¡están riquísimos!
-Muchas gracias, sí que me acuerdo. Pero las necesidades han cambiado y estoy agradecido de su esfuerzo.
-Gracias a usted, SrDirector. Creo que el aumento de guardias ha mejorado mi formación. ¿Otro bollo? No se lo querrá perder, ¿verdad? Están exquisitos. Sería una pena que no se aprovecharan.
-Siempre me han gustado así los residentes. ¿Usted es de cuarto año, verdad? Voy a ver si puedo ir buscándole un hueco para el año que viene. Y hablando de huecos, creo que voy a llenar el último huequecito que me queda con el bollo que me ofrece.
-SrDirector, hemos estado hablando nuestros compañeros y yo y ha llegado el momento de decirle que no podemos aceptar su ofrecimiento.
-¿Cómo dice usted? ¿Que no pueden hacer dos guardias más? No le estoy pidiendo ningún sacrificio. Son sólo dos simples guardias.
-SrDirector le apetece a usted dos sencillos bollos más - le dice el residente cogiendo un bollo con cada mano -, son dos simples y sencillos bollos. No me dirá que no puede con dos sencillos bollitos de nada.
El SrDirector se ahorró tener que dar explicaciones de que ya se había comido 5 bollos anteriormente. Se dio cuenta de que había recibido una buena clase de Gestión. Muy docente. Muy instructiva. Una clase que explicaba que la distancia que existe entre dos y cuatro no es la misma que entre cinco y siete. No señor: las matemáticas son mentira. Los números llevan a muchos errores. La suma y la resta tienen trampas oscuras camufladas en su interior.
Que se lo preguntaran a Mike Powell que sabía que no era lo mismo pasar de 8,9 a 8,95 en el salto que pasar de 8,95 a 9, a los que nunca llegó. Nadie le recriminó entonces que era solamente un sencillo medio centímetro más.
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