
En este país es muy fácil llamarse Juan. Es más complicado que el respeto y el reconocimiento de los demás te hagan convertirte en
don Juan. Pero lo auténticamente difícil es llegar a ser un
DonJuan.
-Papá tengo un profesor de matemáticas que es guapísimo - es mi hija la que habla.
Un profesor de matemáticas guapísimo es un peligro para los padres, porque tiene el riesgo de fomentar más la imaginación que el cálculo.
-Yo lo tuve el año pasado y te prevengo, es más bueno y exigente que guapo - mi hijo pone las cosas en su sitio, o por lo menos, lo intenta.
-Tiene unos ojos, papá...
-Que no te equivoques, que no es un guaperas...
-Tiene una mirada, papá...
-Es un seductor, es verdad, pero duro como él solo. Ya verás en los exámenes. Se te hará difícil ganarte una buena nota.
-Yo no quiero una buena nota, quiero una sonrisa.
Éste es don Juan Tortosa. Un profesor de matemáticas encantador. Y temible.
-Con Don Juan estudias.
-Con Don Juan aprendes.
-Con Don Juan te esfuerzas.
-Don Juan te pone a prueba.
Son comentarios de alumnos en el patio del recreo de los Agustinos de Granada.
Un profesor encantador. Un profesor temible. Un profesor encantadoramente temible. Un profesor temiblemente encantador.
Quizá por eso, en el último mes, se ha enamorado de él una pérfida engatusadora.
-Juan, tengo malas noticias que darte, tienes leucemia.
Su corazón tiene espacio para todo, tiene fama de tener un gran corazón. Sus venas tienen capacidad para todo, no le asusta ningún problema, ninguna ecuación, ningún enunciado.
Don Juan tiene fama de salvar al libro de matemáticas de un suicidio inminente, porque le resolvió todos sus problemas. Sabe apostar por la vida.
Él, que ha puesto a todos sus alumnos tantos exámenes que aunque duraran dos horas se les hacían interminables, está, cara a cara, ante todo un auténtico concurso oposición con pruebas duras, muy duras, con enunciados complicados, con muchas incógnitas.
Pero él sabe que un Agustino, nunca lucha solo. Que, sus alumnos están con él. Y él
pudo verlos delante del hospital esta semana. Y los nota cerca día a día, seguro. Al igual que sabe de la cercanía de los padres y las madres que hemos confiado en él durante todos estos años. Esos padres y madres que sabemos que ha sabido utilizar su encanto para que se enamoren de una asignatura difícil. Esos padres y madres que sabemos que va a dar plantón a su actual y dura compañera.
Lo echamos de menos en clase, lo echamos de menos en el colegio, lo echamos de menos en el polideportivo jugando las pachanguitas de FútbolSala con sus compañeros. Lo echamos de menos los lunes, hablando de fútbol, defendiendo a su equipo. Lo hemos echado de menos después del Clásico. Porque no todo son virtudes, Don Juan tiene un defecto. Es del Barça. ¿Qué le vamos a hacer?.
Nadie es perfecto.