viernes, 29 de octubre de 2010

¡Que sí, que sí!¡Que a lo mejor tiene razón!


¡Que sí! Que a lo mejor tiene usted hasta razón, que yo no puedo comprobarlo. ¿Que dice usted que el pago de la consulta anestésica va incluido en el acto anestésico? ¿Que fue un acuerdo al que se llegó hace mucho tiempo? ¡Qué lástima que no pueda usted demostrármelo!¡Qué lástima que no haya ningún papel escrito! Yo no le voy a decir que sea un bulo que salta cada vez que le conviene a alguien callarnos la boca. Yo no le voy a decir que no tenga usted razón. No me atrevo a discutir con usted de ese tema. Pero me gustaría reflexionar un poco, si me lo permite, de las consecuencias que ha traido que, los altos cargos como usted, intenten defender ese razonamiento.

En primer lugar, me reconocerá que no hay muchas Consultas de Anestesia. Si no se pagan los Estudios Preanestésicos, es normal que no las haya. Una consulta tiene sus gastos: alquiler, luz, agua, teléfono, calefacción, impuestos, nóminas de personal... Los médicos anestesistas no ganamos dinero con lo que paga una compañía por un talón de Consulta de Anestesia. Por eso distinguimos dos tipos de compañías: las que se solidarizan con el médico y comparten los gastos con él y reconocen su trabajo, y LasOtras.

Pero es que hay más. Puedo reconocer que tenga usted razón. Que pudiera haber un acuerdo. ¿Cuántos años hace de eso?¿Cuántos años tendrá ese acuerdo?. Por lo menos unos años más, que desde que se promulgara la Ley del Consentimiento Informado, la que reconocía que el paciente tenía derecho a una información clara y fiable de cualquier técnica que supusiera un riesgo para su salud. Y la anestesia lo es. Raro es el día en que el paciente no nos dice: "Si yo no le tengo miedo a la operación, lo que me da miedo es la anestesia". Así que creo que hay que hacer un esfuerzo por ponerse al día, por llevar el ritmo de los tiempos. Por eso distinguimos dos tipos de compañías: las que respetan los derechos de los pacientes, y LasOtras.

Y usted me dice que es más caro pagarle a un Médico Anestesiólogo que a un Médico Internista. ¿Pero no sabe usted que en vez de pedir las pruebas necesarias, pide todo tipo de pruebas? (revise si no la de electrocardiogramas y radiografías de tórax que se le han hecho a niños de 4 años para operarlos de adenoides). Por eso le digo que no tiene razón. El Médico Internista es más eficaz en su trabajo cuando hace aquello para lo que se le ha contratado: Médico Internista de 08:00 a 15:00. Si pierde todos los días 2 ó 3 horas en la consulta de preoperatorios, lo pierde usted todos los días durante 2 ó 3 horas. Es ese el motivo por el cual ha tenido que contratar a otro Médico Internista. Pero además el Médico Internista no le puede explicar al paciente la técnica anestésica que se le va a aplicar. No está capacitado. No tiene ni idea de eso. Y el médico anestesista tiene que hacerlo en la puerta de quirófano, con lo cual, además de que no está bonito, pierde un tiempo precioso con cada paciente, antes de la operación, para darles esas explicaciones. Y, ya sabe usted también, que eso no tiene capacidad legal. Vamos, que no tiene defensa en un juicio. Por eso distinguimos dos tipos de compañías: las que hacen las cosas como deben, y LasOtras.

No quiero hablar del día que haya un problema gordo con un paciente y se pueda decir que no se estudió suficientemente al paciente, y, entonces, se empiecen a echar las culpas el internista que hizo el estudio y el anestesista que sólo dio el visto bueno en la puerta de quirófano, que ¡poca cosa más puede hacer con este enfoque que se pretende defender!. Ya me dirá usted qué hacemos entonces.

Ya ve usted a lo que se llega cuando se dice que el pago de la consulta de anestesia está incluido en el acto anestésico. No se empeñe en seguir defendiéndolo. Porque además, todas las demás compañías lo pagan. Y no es porque tengan más dinero, sino porque saben que lo importante no es que todo sea más barato, sino que sea más económico. Y cuando cada uno hace lo que tiene que hacer, al final se gasta menos.

Y comprenda que me dé un poco de risa cuando trata de seguir defendiendo que el precio de la consulta de anestesia está incluido en el pago de la operación cuando, además de no pagarla, no subieron durante diez años un solo euro el baremo de anestesia, mientras que las demás compañias se acercaban a la mitad del IPC por lo menos. ¿También estaría incluido el tratamiento del dolor en dicha cantidad que ustedes no han subido?. ¿ Cuándo hablaremos en serio del Tratamiento del Dolor postoperatorio?.

Pero no se preocupe, que aunque su compañía no me pague los preoperatorios, yo seguiré teniendo mi consulta abierta. No he dejado de ver ningún día a ningún paciente de su compañía que haya tenido alguna duda. No he dejado de ver ningún día a ningún paciente de su compañía que haya llamado a mi puerta. No he dejado de hablar ningún día con ningún padre de ningún niño que quisiera tener una charla conmigo más tranquila que la que se tiene en la puerta de quirófano. Y no le he cobrado a ninguno de ellos. El dinero lo pongo yo de mi bolsillo. Yo pago las consultas de anestesia. Y, mientras haya compañías que colaboren conmigo en el mantenimiento de los gastos, seguirá abierta.

Para mí hay dos tipos de compañía: las solidarias, y LasOtras.

Y un solo tipo de paciente.

sábado, 23 de octubre de 2010

Un sueño


Siempre soñé con tener una foto así. Y la tengo. Tengo suerte.
Siempre soñé con una imagen parecida. Y no sabía que yo podía estar en ella. Tengo suerte.
Siempre soñé que en un atardecer podría compartir la belleza del sol huyendo. Y que tú estarías conmigo. Tengo suerte.
Siempre soñé que alguien le pondría música a un momento mágico. Y no hay melodía más dulce que el poder compartir contigo un recuerdo. Tengo suerte.
Siempre soñé que un duende guardaría los mejores momentos de mi vida y me los pasaría alguna vez para recomponer una sonrisa. Tengo suerte.
Hoy, un duende, mi duende, mi hija, me ha sorprendido con una imagen que yo creía que sólo existiría en el recuerdo de la arena, en la nostalgia de la espuma por su ola propietaria, en la presencia del brillo dulce de tu mirada. Y hoy, tengo suerte, sé que la felicidad se comparte. Que alguien ha sido testigo de ella.

jueves, 21 de octubre de 2010

Queridos amigos


Necesito que los días duren 50 horas (cincuenta horas). Si no, no creo que pueda dar la talla.
Se me están acortando tanto los días, que se me junta el saludo del amanecer a ese hombre que se está dejando la barba y me guiña desde el otro lado del espejo de mi cuarto de baño, con la compañía que me ofrece cuando se lava los dientes por la noche, que se espera hasta que yo llego, y se despide de mí con mirada dulce invitándome a que me cuide y descanse un poco más.
Entre una y otra escena, pasa un segundo. Un segundo intenso en que DesayunoMiPanConAceiteYUnCaféCargadito y LlevoALosNiñosAlColePorLaAutovíaRepletaDeCoches y EmpiezoLaConsultaLosLunesYJuevesALasOchoEnPuntoHastaElMediodía y ComoBocadillosDeTortillaDeAtúnDíaSíYDíaNoEnUnPasilloDelHospital y SaltoDeUnQuirófanoAOtroCheckListProfilaxisInducción y MeGustaDespertarALosPacientesDormirSuaveDespertarSuave y EscriboInformesTratamienyosInformoAFamilaresYAcompañoAlPacienteALaURPA y TratoDeNoPerderLaSonrisaDeLaBocaConCirujanosPacientesYEnfermeras y MeGustaMuchoLoQueHagoYDisfrutoDemasiadoDeMiTrabajo y HoyMiHijoQuiereVerElFútbolConmigoQueEstáElMadridQueSeSale y
ALaVueltaHayQuePararConMiEsposaEnMercadonaYTerminarLaCompra y
LosPerrosSeEscapanYHayQueBuscarlosPorLosAlrededoresDeLaCasa y
TengoQueOrdenarElDespachoYTirarTodoLoQueNoCojoDesdeHaceAños y
HayQueRevisarLasCuentasDelBancoQueEsteAñoPareceQueHayDemasiadosGastos y
PasaOtroDíaSinAbrirElBlogDeLaDoctoraJomieny y NoTengoPerdónDeDiosPorqueMeGustóSuÚltimaEntradaYNoLeDejéNingúnComentario y
ComoHechoDeMenosLosZumosDeNaranjasDelGarfioYLasCancionesDeBerni y
QuéBuenaLaEntradaDeEstadísticaDeECJPRSeLaTengoQueEnseñarAMisHijos y
TengoQueResponderAMartukaYAJuanaYMandarMiTeléfonoAlGangasQueVieneAGranada y
VisitarElBlogDeSonsolesYDeAnestesiadosYMandarUnAbrazoAlMañoYLosEnfermeroas y
SeguirLoDelCoronelTimermannnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn y
OtraVezMeQuedoDormidoDelanteDelOrdenador y
DiosMíoLasDoceYQuéRápidoSeMeHaPasadoElDía y
MeSiento_ESPECIALMENTE_DESCONCHADO_YQuienLoEntiendaYaLoSabe

¿Quién sabrá hacer que los días sean más largos?

martes, 19 de octubre de 2010

Diferencia entre arreglar y resolver.


El Moli fue mi compañero de guardia durante mucho tiempo y en una ocasión me explicó la diferencia que había entre estos dos conceptos tan parecidos.
Durante las guardias hospitalarias siempre buscas un momento para poder contarle a tu mujer lo dura que es la guardia, o para preguntarle a tu hijo si ha entendido todo en clase o quiere que su papaíto le resuelva alguna duda. Y en todos los hospitales hay una habitación en la que ponen un teléfono para que los médicos se puedan poner en contacto con el exterior. Y en todos los hospitales ese teléfono será el peor teléfono de toda la planta.
-¿Qué pasa hoy, Moli?
-Que la clavija tiene la cejilla rota y constantemente se suelta, pero no hay nada que un buen anestesista no pueda arreglar con un buen trozo de esparadrapo.
Y el teléfono seguía su agonía, sobreponiéndose a todas las eventualidades posibles.
-¿Y hoy que pasa?
-Que se ha despegado un poco la soldadura del cable que se conecta con el micrófono del auricular y, según como lo cojas, escuchas o no. Nada, una tontería. Ahora mismo lo arreglo.
Estuvimos cerca de cinco años de pareja de guardia y cerca de cinco años en que, un mes sí y otro también, había que hacer una operación a vida o muerte al dichoso teléfono.
En un momento en que las guardias fueron mucho más acaparadoras y no había tiempo de acercarse al teléfono como MacGuiber, pero sí como usuario, no podíamos conectarnos con nuestros hogares hasta que, al día siguiente, nos arrastrábamos agotados hasta el tranquillo de nuestras casas.
Fue entonces cuando decidimos dar partes diarios del mal estado de conservación del teléfono.
Y parte que dábamos, milagro que ocurría. No saben ustedes la cantidad de conocimientos que puede haber en el Servicio de Mantenimiento de un hospital para conseguir prolongar la vida de cualquier chisme. La de Premios Nobeles que podría tener España si se reconociera la categoría de "La Chapuza" como especialidad científica.
Pero llegó un día en que al entrar en la habitación el Moli no vio el aparato. El cabreo fue doble. Por una parte por que se le coge cariño a las máquinas cuando las tienes cerca durante mucho tiempo procurando alegrarte la vida. Por otra parte porque se presentaba otro día de penosa guardia sin poder darle el beso de buenas noches a tu familia.
Al día siguiente entró el Moli en el despacho del jefe afeando la mala conducta del ladronzuelo.
-Y encima un GILITONTO nos ha robado el teléfono del despacho, no sé dónde vamos a llegar.
Ya se veía sin teléfono para todos los días de nuestra vida. Pero al empezar la siguiente guardia, me llamó el Moli al cuartito para enseñarme el despampanante aparato que nos iba a acompañar en nuestras batallas.
-Parece que hemos resuelto el problema, Moli.
-Pues eso parece, porque ya el cacharro no tenía más arreglo. Es la diferencia entre arreglar y resolver.
Hoy, después de muchos años, pienso que hay que poner todo el empeño necesario en arreglar, una y otra vez, los problemas que nos surgen, sin desfallecer. Y sigo admirando a la gente que pone todo su esfuerzo y conocimiento en darle una solución a todo, sin pedir nada a cambio. Es una buena forma de afrontar muchas contrariedades.
Hoy, después de muchos años, ya lo sabe el Moli, os voy a confesar que yo fui el ladronzuelo GILITONTO que tiró el teléfono y todos sus cables en el primer contenedor de basura que me encontré en la calle al acabar la guardia.

sábado, 16 de octubre de 2010

Pedro y el lobo


No hace falta que les presente a Pedro, ¿o sí?.
Pedro está siempre en quirófano. Atento al lobo.

Una de las misiones del anestesista es ahuyentar al lobo. Hacer todo lo posible para que no se presente. Saber de sus costumbres, de sus horarios, de sus trampas, de su astucia. El anestesista, como buen pastor, debe ser más listo que cualquier lobo.
Al lobo le gusta dar sustos a los pacientes frágiles de corazón. Le endulza la vida a los pacientes melosos. Agota a los abuelitos. Y le encanta hacer de las suyas cuando el pastor se despista o se duerme.
Todo pastor que se precie sabe que necesita un ayudante. No se puede mantener la atención constantemente. Es bueno compartir el cansancio.
Por eso hay que confiar en Pedro. ¡Atento si Pedro te avisa!. Hay que hacerle siempre caso a Pedro.
Hubo una vez un Pedro que le dio mala fama a todos los Pedros, pero la cosa ha cambiado, eso es cosa del pasado, ¿o no?.
¿Te fías de tu Pedro?¿No te fías de él?
¿Cómo debe ser un buen Pedro? Está claro: inteligente.
Mi Pedro es un aparato al que yo le confío en control de las constantes más importantes de mis pacientes.
Por ejemplo, el pulso:
-"Pedro, avísame si se enlentece o si se acelera".
Por ejemplo, la tensión arterial:
-"Pedro, avísame si se sube mucho o baja mucho".
Por ejemplo, los niveles de oxígeno en la sangre:
-"Pedro, avísame si se se pone demasiado azulito".
Y Pedro me avisa:
-"Pipipipipí, Pipipipipí, Pipipipipí....."
Que quiere decir:
-"El lobo, el lobo, el lobo..."
Y sabe distinguir si el pulso se está acelerando o si es que el paciente está jugando con la pinza que tiene colocada en el dedo. Y sabe distinguir entre que está disminuyendo el aporte de sangre a la mano o es que coincide que le está tomando la tensión en ese momento en la misma mano que tiene el sensor de pulso. ¡Es listo mi Pedro!¿verdad?.
Se imaginan un Pedro que constantemente y por cualquier motivo estuviera gritando:
-"El lobo, el lobo, el lobo..."
Acabarían no haciéndole caso nunca, incluso cuando apareciera el lobo.
Se imaginan un Pedro que cuando los cirujanos utilizaran el bísturí eléctrico estuviera gritando constantemente:
-"El lobo, el lobo, el lobo..."
Como si el paciente hubiera entrado en fabrilación ventricular. Acabarían no haciéndole caso nunca, incluso cuando fuera verdad.
¿Que no siga?¿que el Pedro qué tu tienes es de los que gritan constantemente?¿que en tu quirófano ya nadie le hace caso a tu Pedro?
¡Bueno!¡me callo!
Creía yo que no había tantos antiguos Pedros, creía que ya todos eran inteligentes.
¡Y yo que estaba preocupado porque quiero enseñar a mi Pedro a que si le digo que se calle durante tres minutos porque hallamos detectado ya algún lobo y él detecta otro lobo con perores intenciones, pase de la orden de estar callado y me avise!. Bueno, ya no hablo más.
-¡Qué suerte tengo con mi Pedro! A lo mejor, si los que nos dejan sus ovejas para que las cuidemos lo supieran...

P.D.1: La velocidad con que se está desarrollando la tecnología informática no se corresponde con la actualización del aparataje anestésico en quirófano. Las compras para anestesia, en realidad para el paciente, ocupan los últimos lugares de los presupuestos hospitalarios.


P.D.2: Cuando una alarma de un monitor anestésico se apaga, se apagan todas las alarmas durante 3 minutos. La incorporación de un sistema que diera prioridad a una serie de incidentes que se suelen asociar a situaciones de alta peligrosidad evitaría problemas importantes. Ej: Si durante una intubación dificultosa se desconectan las alarmas al confirmar una disminución de la tensión, no se detectará una disminución de los niveles de oxígeno en la sangre del paciente durante los tres minutos siguientes al momento en que se desconectaron las alarmas.


domingo, 10 de octubre de 2010

Yo tero un Pupete


Hay villanos que lo son a su pesar. Hay villanos que tienen un corazón grande, grande, grande. Solo hay que ayudarles a encontrarlo.
Yo tero un Pupete.
Yo quiero un villano que me cuente un cuento antes de dormir.

jueves, 7 de octubre de 2010

Anestesia Privada y Vida Privada: El nudo lo Confirmó todo.






El Monasterio de los Jerónimos de Granada es un tesoro escondido en medio de la ciudad. Un paraiso, un oasis.
Hay una Granada mora sublime, que encandila, que conoce todo el mundo. Y una Granada cristiana, no menos cautivadora, pero que está reservada para los granadinos y para los visitantes curiosos de descubrir la ciudad oculta.
Y allí es dónde eligió el padre Toñín el lugar en el que se iba a celebrar la Confirmación de mis dos hijos.
Todo estaba preparado: "En el nombre del Padre, del Hijo, del Espiritu Santo. La Gloria del Señor se derrame sobre nosotros".
Y me sonó el teléfono.
Saben que trabajo con una Ginecóloga que se llama Gloria, y esa misma Gloria me apareció a mí en la pantalla de mi teléfono. Es decir, que mientras la Gloria divina se desparramaba sobre todos los asistentes de la ceremonia, yo tenía mi propia Gloria reservada sólo y exclusivamente para mí.
-"Miguel Ángel, una cesárea urgente".
Me había resguardado, para poder contestar a la llamada, en el pórtico que da entrada a la iglesia y tuve que volver sobre mis propios pasos para coger las llaves del coche del bolso de MiEsposa. Afortunadamente estaban a mano, no tardó más de tres eternos minutos en abrir todos las cremalleras, bolsillos y escondrijos del pequeño bolso y solo le faltó volcar todo el contenido sobre el banco de la iglesia. Pero aparecieron, al fín.
En la cola de la máquina de cobro del parkin sólo había una señora, que estaba tratando de abonar el total de su aparcamiento, acompañada de una "ayudante" que le asesoraba amablemente de que los billetes hay que estirarlos antes de meterlos en la máquina y de que todavía faltaba alguna cantidad, que ella metía céntimo a céntimo por la ranura.
A la salida del aparcamiento me encontré una familia entrando en un coche aparcado en medio de la calle, como si de una pasarela Cibeles se tratara, recreándose cada uno de ellos en mostrar sus preciosos vestidos de fiesta antes de entrar en el utilitario.
El Monasterio no está lejos del Hospital y tuve la gentileza de ir saludando a todas las cámaras del Ayuntamiento que registran a los coches que avanzan por el carril TaxiBus y cuyas fotos confirmarán que no estoy hablando de un suceso inventado.
Al llegar al hospital todo estaba en orden, había dado tiempo de preparar a la paciente para la cesárea y me dio lugar de preparar la medicación antes de que llegara a quirófano.
La futura mamá no se creía lo que estaba ocurriendo. Faltaban todavía cuatro semanas para que naciera Javier, pero había acudido al hospital, en contra de la opinión de todas sus amigas y conocidas, porque se había notado que tenía un flujo algo más abundante de lo que consideraba normal y se había encontrado con que los acontecimientos se habían acelerado como si se hubiera subido en un tobogán que le precipitara al vacío.
La matrona, sospechando una fisura de la bolsa, le había hecho un registro al niño y se puso de manifiesto que las contracciones uterinas que había empezado a tener la madre, no le sentaban nada bien a Javier. Cada contracción se asociaba a un descenso intenso de la frecuencia cardíaca, que remontaba poco después y llevaba de nuevo a Javier a tener un ritmo normal. Las alteraciones del ritmo sugerían que había un problema latente que había que resolver pronto.
Los abuelos venían en camino, pero no había opción de esperarlos.
La anestesia no tuvo ninguna complicación y mientras que en el Monasterio de los Jerónimos una veintena de jóvenes confirmaban su confianza en desenredar su vida alrededor de un ideal, los padres de Javier tomaban conciencia de que cada vez que este niño proteste en el futuro, no tendrán más remedio que hacerle caso.

Nació un niño sano, que transformó todas las preocupaciones en alegría, las lágrimas en sonrisas.
El motivo de todas las modificaciones que se habían puesto de manifiesto en la exploración que la matrona había realizado previamente, era que durante el embarazo, entre brazada y brazada, entre salto y salto en el líquido amniótico, Javier se había hecho un nudo auténtico en su cordón. Un nudo que afortunadamente había estado flojo, un nudo que quizá se había apretado un poco en el comienzo de las contracciones y que amenazaba con irse apretando, o no, con el paso del tiempo.
Un nudo que lo confirmaba todo. Un nudo que hacía la competencia a la Confirmación que se estaba celebrando en el Monasterio de los Jerónimos. Un nudo que me ataba a la vida el día en que no pude estar con mis hijos en su ceremonia de Confirmación.



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