
Por eso yo procuro dar pinchacitos.
Y no hay nada peor que decirle a un paciente que algo no le va a doler y luego hacerle daño.
-"Un picotacillo de nada. Esto no duele".
Y el paciente se rebota en su camilla.
-"Si esto no duele, dígame usted a mí lo que usted entiende por dolor. Y avíseme antes de que me vaya a hacer algo que según usted me vaya a doler de verdad, por favor. No quiero desmayarme."
Tuve yo un maestro de la anestesia que procuraba llamarte la atención sobre las cosas que no vienen en los libros. Si quieres saber las dosis de remifentanilo la encuentras en cualquier manual. Si quieres saber la duración del efecto de los bloqueantes neuromusculares, lo encuentras en cualquier prospecto del medicamento.
Pero si lo que quieres saber es como hacer tu trabajo con honradez y honestidad, tienes que pensar de vez en cuando en la opinión del paciente.
Y el concepto más claro que me puso este maestro delante, es que los anestesistas no le duermen los pacientes a los cirujanos.
Parece una tontería.
No lo es.
Es verdad que los anestesistas dormimos a los pacientes para que lo operen, pero no se lo dormimos a nadie.
Lo dormimos.
Así de fácil.
Y ¿dónde está el concepto tan clarividente entonces?
En que yo no trato de quitarle el dolor que le va a provocar el cirujano, las molestias de la cirugía. Tengo que quitarle todos los dolores. Todos. Incluidos los míos.
Y es que el paciente empieza a tener dolores cuando iniciamos nuestras técnicas con él.
El anestesista tiene que quitarle al paciente el dolor que le provoca el cirujano y también el dolor que le provoca el propio anestesista.
Es decir que lo primero que yo hago es dormirme a mi paciente para mí mismo. Procurar que no le duela lo que yo le hago.
Poner anestesia local para coger una vía venosa.
Poner anestesia local para realizar una punción lumbar.
Poner anestesia local para iniciar un bloqueo.
Sedar al paciente para que empiece a estar ajeno a todo lo que hacemos.
Es bueno avisar al paciente con la verdad cuando le vas a hacer daño:
-"Esto molesta un poco"
o
-"Esto molesta bastante, pero lo voy a hacer con mucho mimo".
Mejor que las mentirijillas piadosas que al final hace que el paciente pierda la confianza en ti.
Hay veces que el anestesista agrede más al paciente con sus técnicas, que el cirujano con su operación. Afortunadamente es cuando el paciente está dormido. Es decir, que hay veces que el anestesista duerme al paciente para sus cosas y el cirujano, aprovechando, lo opera. Por ejemplo, intubar al paciente es una de las agresiones que provoca una respuesta más intensa en el organismo de los pacientes. Nuestro cuerpo acepta mejor que cortemos la piel, que nos pinchen, que, por ejemplo, nos metan algo en la traquea.
Es por eso que digo que, algunas veces, me duermo al paciente a mí mismo para poder intubarlo y el cirujano, aprovechando la duración del efecto de esta anestesia, utiliza ese tiempo para operarlo.
Me duermo el paciente para mí, y de camino lo operan.
Por eso tengo presente siempre las enseñanzas de mis maestros.
Todos los pinchazos duelen. Hasta el de coger una vía venosa.
Por eso yo doy pinchacitos.
-"No me ha dolido nada, absolutamente nada"
Son las palabras más dulces que nos puede decir un paciente.
P.D.:Dedicado a NuriaSinAmo. Desde su mismo lado de la trinchera.