sábado, 16 de julio de 2011

¿Y después de meterlo en la cárcel, qué?



Se necesita un culpable para concentrar todo nuestro dolor. Se necesita señalar a alguien con nombre y apellidos. Necesitamos dirigir nuestro dedo acusador en una dirección concreta para creer que la justicia volteará hacia allí su espada salvadora y nos liberará de tanta tristeza, de tanto sufrimiento, de tanta rabia contenida.
Pero nada de eso es suficiente. No existe el consuelo.
Por muchos anestesistas que acabaran en la cárcel. Por muchas compañías que pagaran millones de Euros.
¿Cuántas madres más necesitan pasar calvario tras calvario, para que no se repitan nuevas pesadillas?
¿Cuántos directores de hospital saben hoy que en su hospital se van a seguir dando anestesias simultáneas y mirarán para otro lado?
¿Cuántos compañeros anestesistas forzarán estas situaciones al ofrecerse a realizar varias anestesias a la vez, sin reclamar unos honorarios dignos, para que siga sin haber una auténtica competencia en la medicina privada?
Si quitamos al anestesista culpabilizado de su puesto de trabajo y colocamos a un sustituto sin variar las exigencias, sin modificar su hoja de ruta, sin controlar que no vuelva a ser un nuevo jornalero de la anestesia, estaremos haciendo invocaciones para repetir y repetir y repetir los mismos guiones.
Ya dije una vez que el precio que debe cobrar un anestesista tendría que ser el suficiente para no tener que hacer anestesias simultáneas. Y no se debería permitir bajo ningún concepto que nadie se ofreciera a hacerlas más baratas, a cambio de que se mire para otro sitio si se comparte dos quirófanos.
Ya dije una vez que había que establecer indicadores de calidad hospitalarios, de obligado cumplimiento por las direcciones de los hospitales, que impidieran las anestesias simultáneas y otros desaguisados.
Un millón de euros. Es el precio del silencio. No solamente intentan callar a la madre. Están intentando comprar el silencio de todos nosotros. Nos quieren decir que ya se ha hecho justicia y que "la función debe continuar". Pero, con mucho menos dinero, invertido en prevención, se conseguiría pasar muchas menos vergüenzas.
La sociedad, ocurre de vez en cuando, le pone precio a la vida. Y yo me resisto a pensar que, de vez en cuando, suceden estas cosas y son irremediables.
Nos han pagado un millón de euros para que estemos callados. Yo no quiero mi parte.

4 comentarios:

Ana, princesa del guisante dijo...

Se me ha puesto la piel de gallina. Menudo pastel.

MiAnestesista dijo...

Ana, el problema no es el anestesista. Aunque pudieran encontrarlo culpable, él no es el problema.

capitán garfio dijo...

donde vamos a ir a parar...
anestesistas a destajo...???
un saludo...

Anónimo dijo...

Como dicen por ahí: todos somos put@s en potencia, lo que falta es dinero.

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