domingo, 25 de abril de 2010

La mesa no se ha movido


Vuelvo a casa. Es el año 92. Después de 5 años con un contrato en el hospital hermano, apruebo las oposiciones y regreso con plaza en propiedad al Hospital donde me formé. Mi primer destino es el quirófano A de Cirugía General de la Séptima planta.
Es bueno coger seguridad en el vuelo en un ambiente distinto del que ha sido tu escuela de aprendizaje. Mi primer año de contrato fue en el mismo hospital en que aprendí la especialidad y no dejas de ser siempre el Residente de Anestesia.
Pero cuando llegas a otro hospital tienes que demostrar que te mereces tu puesto y no puedes estar preguntando constantemente si estás haciendo bien las cosas.


En cada hospital tienen unos protocolos de actuación diferentes y eso es muy interesante porque te permite ampliar horizontes.
Los quirófanos del Hospital Universitario eran tan grandes que te permitían mover la mesa de quirófano y el respirador, para situarlos en la mejor disposición para operaciones determinadas y facilitar, de esta manera, la realización de la intervención. Hoy la mesa mira para La Meca, mañana para Damasco.
Pero esto no se había hecho nunca en el quirófano A de Cirugía. Y yo me encontraba incómodo.
Todos los enchufes estaban situados detrás de la mesa de anestesia, en la pared izquierda del quirófano. La mesa estaba  orientada de tal forma que te permitía poco espacio y difícil maniobrabilidad: la cabeza a la izquierda y los pies a la derecha. Al fondo, algo alejada, la mesa con la medicación.
Durante varios días estuve resituando mentalmente los muebles y al final me decidí. Llegué a las 8 de la mañana y, con la ayuda de los celadores, giré la mesa 90 grados y quedó la cabecera cerca de la pared del fondo, quedando orientada de adelante para atrás. Llevé el respirador un poco hacia la esquina y moví la mesa de la medicación. Desde la cabecera de la mesa de quirófano parecía la habitación el doble de grande.  A mi derecha el respirador, que me permitía manejarlo sin tener que darme la vuelta, como antes, cada vez que necesitaba modificar un parámetro o coger algo de encima. A la izquierda, pegada a mí, la mesa de la medicación. No tenía que moverme de la cabecera para seguir la intervención. Y la circulación en quirófano mejoraba ostensiblemente.
Pero empezaron los problemas.
Al primero no le hice ningún caso. Los cirujanos decían que estaban desorientados. Y no le hice caso por tres motivos. Primero porque si los cambios no los promueven ellos, siempre protestan. Segundo porque la desorientación es congénita en ellos y no se va a influir por la posición de la mesa, ni de la lámpara. Tercero, porque el Jefe de Cirugía, el doctor Checa Ceballos no puso ninguna pega ("los anestesistas tienen también algo que decir sobre la seguridad en quirófano, no quiero meterme en su campo").
Pero me llamaron al orden.
Los celadores protestaban de los continuos cambios. Algunas enfermeras se sumaron a las protestas. La Enfermera Jefe de Quirófano me llamó a su despacho.
Creo que entré en él vestido de residente y salí vestido de adjunto.
-"Antes de irte del quirófano cambias la mesa de sitio"
-"Le insistiré a los celadores para que no se les olvide"
-"Ellos no lo van a hacer. La cambiarás tú cada vez que vengas al quirófano"
-"¿Cómo?"
-"Miguel Ángel, eres el único anestesista que cambias la mesa. Si os pusierais de acuerdo los anestesistas no habría que estar cambiando la mesa constantemente."
No está mal planteado, pensé. Trata de ponerme en contra de mis compañeros o de que yo los critique y termine enfrentándome a ellos.
-"No lo entiendo J***a. La mesa no se ha movido nunca. No ha habido ningún cambio."
-"¿Cómo que no?"
-"Claro que no. ¿Cómo está la mesa cuando anestesia el doctor Rodríguez?"
-"De derecha a izquierda."
-"Te equivocas"
-"Me lo vas a decir tú a mí"
-"Cuando trabaja el doctor Rodríguez la mesa está como quiere el doctor Rodríguez. Cuando trabaja el doctor Palacio la mesa está como quiere el doctor Palacio. La mesa siempre está igual, como quiere el anestesista responsable. La mesa no se ha movido nunca."
-"¡!"
-"Buenos días, J***a"
Ese día acabé la residencia.

4 comentarios:

BlackZack dijo...

Pues sí, pues sí. Todo un ejemplo de asertividad que seguramente marcó ese cambio :P A ver si los embriones de matasanos cogemos recortes, que ya en la facultad se ríen de nosotros...

Sonsoles dijo...

Efectivamente es así. A mi me pasa lo mismo, me gusta cambiar y poner las cosas a mi gusto, para trabajar más cómoda y en definitiva más seguro para todos. Los cirujanos siempre ponen pegas a tus cambios, pero po rel contrario tu te tienes que adaptar siempre a sus cambios, innovaciones, improvisaciones... Y de alguna manera debe ser así, pero recíproco. Todos debemos tratar de adpatarnos para mejorar. Lo de "TODA LA VIDA HA ESTADO ASÍ" no nos vale para trabajar en nuestra profesión.

Sophie dijo...

Es curiosa la inercia de la gente y la dificultad de cambiar, probar, dejar hacer...menos mal que tú echaste espolones ese día, no sólo el cirujano iba a tener cresta en ese corral ;)

Juana dijo...

Los cambios no están exentos de "riesgos", pero merece la pena luchar por que las cosas mejoren, mi experiencia es que se termina consiguiendo, bueno o será que, como bien dice mi marido, tu consigues las cosas por persistencia y cabezonería, como él jajajajaja

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