
Cuando el Jefe de Servicio subió por la mañana en el ascensor no cayó en la cuenta de que iba una embarazada muy peculiar acompañándole.
Después recordó que le llamó la atención que la joven le decía a la mayor que le acompañaba, que agradecía la preocupación por ayudarla en la preparación del parto, pero que los tiempos habían cambiado y que prefería la colaboración de una matrona.
-Ana, no sé si podrás estar conmigo en el momento del parto. Ya sabes que José prefiere que lo tengamos en su pueblo.
Era una conversación corriente y moliente entre una pareja de mujeres que anticipaban las necesidades de un parto, por eso no le dio más importancia.
Todo ésto lo recordó de una forma espontánea cuando recibió la llamada del señor director:
-¿Sabes a quién tienes en Educación Maternal, recibiendo una clase?
Le faltó poco para soltar el teléfono sobre la mesa y correr por los pasillos hasta la sala de preparación al parto.
Cuando entró en la habitación del fondo del pasillo, pasó la vista por encima de todas las cabezas de las embarazadas que estaban en el suelo, acomodadas, haciendo los ejercicios de respiración e hizo una seña a la matrona, arrugando los ojos y encogiendo la cabeza.
A buena entendedora, pocas palabras basta. La matrona preparó el capote:
-María, muy bien. Repítelo ahora más lento, relajándote.
Ana sostenía por la espalda a su hija María y le ayudaba a realizar los ejercicios.
No lo podía creer. La Virgen María en clase de respiraciones y de pujos.
La misma cara de incredulidad que puso él, la habían puesto antes todas las compañeras que la vieron llegar.
-Pero María, si tu parto va a ser especial. Si tu parto va a ser modelo. Ya quisiéramos todas tener la garantía que vas a tener tú con el tuyo.
Y María contestaba con resignación y modestia.
-Nunca se sabe, amiga. Nunca se sabe. Por si acaso quiero ir bien preparada.
Cuando acabó la clase, el Jefe se dirigió a María:
-¡Qué bueno verla por aquí!. Me gustaría que me hubiera avisado para poder atenderla mejor. ¿Le apetece un café? ¿Le puedo invitar a desayunar?
-Se lo agradezco en el alma, pero no me quiero perder la clase de la analgesia epidural que va a dar ahora mismo el anestesista.
-¿Analgesia epidural?
-Nunca se sabe, hijo mío. Nunca se sabe.
P.D.: Felices fiestas y feliz entrada de año.