miércoles, 23 de junio de 2010

La Supervisora de Planta


Creo que se llamaba Aurora. ¿Cómo se me ha podido olvidar el nombre de aquella niña?. Hace mucho tiempo de ésto. Sí, creo que se llamaba Aurora, podría tener unos 6 añitos.
Aurora era muy dispuesta. Tan dispuesta que llegó al hospital con una quemadura de aceite hirviendo que, afortunadamente, le había afectado a la parte posterior de la pierna derecha. La zona del talón era la que estaba peor. Sin embargo, una quemadura en una sitio donde debe de haber movimiento, puede dejar una limitación importante. Había intentado ayudar a la madre en la cocina y...

Don Carmelo se había formado en Alemania. Era el Jefe de Servicio de Cirugía Infantil. En Alemania le habían hecho especialista. En Alemania había aprendido a operar todas y cada una de las patologías del niño. En Alemania le habían hecho un cirujano seguro. Pero, a pesar de todo, en Alemania no dejó de ser un niño. Don Carmelo era el niño grande de la planta. Y Don Carmelo había puesto todo su empeño en que Aurora no tuviera ninguna limitación por culpa de las cicatrices del tobillo.
Todos los días, Don Carmelo, curaba a Aurora. Todos los días.
Eso suponía que todos los días Aurora, todos los días, pasaba por quirófano.
La cura de una cicatriz de quemadura trata de que no se formen bridas que condicionen tiranteces. Don Carmelo había pedido un apósito especial que, después de frotar con cepillo, limpiar, desbridar... colocaba con mucho amor sobre la herida. Y yo no sé si el amor o el apósito iba haciendo efecto día a día.
Aurora llegaba a quirófano toda dispuesta, con la sonrisa en la cara. Se había levantado por la mañana temprano y había ido a darle un paseo a Manuel, un niño que precisaba ventilación artificial y que ella ayudaba a colocar en su silla de ruedas con ventilador todos los días y llevarlo al comedor, pasando antes por las habitaciones para ir despertando a todo el mundo. Manuel esperaba con ilusión todos los días la visita de Aurora y se dejaba pasear por ella a lo largo del pasillo, ayudándola a despertar a sus compañeros. Ella no podía desayunar por culpa de la cura diaria, así que ayudaba a las enfermeras con los más pequeñitos y siempre tenía tiempo de hacer un dibujito, de contar un cuento, de sacar una sonrisa a la pandilla de enfermitos.
Aurora llegaba a quirófano toda dispuesta, con la sonrisa en la cara. Menos un día. Un día en que volvió a ser niña.
-Miguel Ángel, yo no quiero que me duermas.
-Qué tontería estás diciendo Aurora, ¿es que no quieres curarte?
-Sí que quiero. Si yo lo único que digo es que me gustaría poder desayunar con mis amigos, poder seguir jugando con ellos por las mañanas, poder pasear a Manolito y llevarlo de una habitación a otra... Y todos los días me quedo sin mañanas. Todos los días salgo borracha del quirófano. Algunas veces con mareos que me hacen vomitar una y otra vez. Otras, cuando me pincháis NoSeQuéCosa, teniendo unas pesadillas que parece que estoy loca. Yo lo que quiero es que me hagan la cura sin dormirme.
-Eso no puede ser, Aurora.
-¿Y si hablamos con Don Carmelo?
-Bueno, vamos a hablar con Don Carmelo.
Y buscamos al NiñoGrande que hacía de Jefe.
-Te va a doler Aurora.
-Seguro que no, Don Carmelo, con lo primoroso que es usted.
-Quedan todavía muchos días...
-Por eso mismo, Don Carmelo...
Y Don Carmelo me miró y en su mirada había la comprensión de un niño ante otro niño.
-Vamos a intentarlo.
Y nos fuimos a quirófano.
Aurora se puso boca abajo. Me cogió la mano. Creo que era yo el que apretaba más fuerte. Me miró a los ojos. Me sonrió.
-Empezad cuando queráis.
Y Aurora hablaba, hablaba, hablaba... Y sonreía. Don Carmelo se vistió de ángel e hizo, ese día, todo lo que hacía todos los días, pero flotando en el aire. Miraba el campo quirúrgico y miraba a la niña. Frotaba. Curaba. Limpiaba. Flotaba.
-Y ya hemos terminado.
Quizá ha sido el día en que más callado he visto a todo el personal de quirófano. Quizá ha sido el día en que más tensión había en el ambiente. Y quizá fue el día en que más nos curó a todos nosotros, los curanderos, las palabras de una niña y su sonrisa, sobre todo su sonrisa.
-Pues me voy, que Manolito me estará esperando.

6 comentarios:

Victoria dijo...

Un equipo bien motivado, una entrada muy entrañable.
Un abrazo Victoria.

Miguel Angel dijo...

Con dos ovarios... Aurora dijo eso de 'el dolor es inevitable, es sufrimiento... opcional'.

PLÁSPLÁSPLÁSPLÁSPLÁSPLÁSPLÁSPLÁS

Anónimo dijo...

Dios!! ¿pero no existía ninguna forma de paliar el dolor sin anestesia general? Jo, con la de avances que hay hoy en día y no hay opción para hacer una simple cura... ¿y con anestesia local?

Anónimo dijo...

Dios!! ¿pero no existía ninguna forma de paliar el dolor sin anestesia general? Jo, con la de avances que hay hoy en día y no hay opción para hacer una simple cura... ¿y con anestesia local?

MiAnestesista dijo...

Victoria, Miguel Ángel: Una niña que te marca.
Anónimo: Creo que no me he explicado bien. La moraleja de la historia es doble. Miguel Ángel lo ha explicado bien, no siempre que hay dolor hay sufrimiento. La sobreprotección lleva a veces intentar matar moscas a cañonazos. Una primera cura para una quemadura se hace siempre con anestesia general, sobre todo en un niño. Las curas siguientes depende de la respuesta del niño. Y ahí es donde está la segunda moraleja: no se curan heridas, se curan pacientes. Si se tienen las orejas abiertas cada día, se puede atender las solicitudes de quienes nos hablan. Aurora quería que la escucharan y eso tratamos de hacer. Creo que lo conseguimos. Eran curas menos dolorosas (¿qué es el dolor?, tengo una entrada anterior donde lo explico http://mianestesista.blogspot.com/2009/10/la-mejor-definicion-de-dolor.html ), pero teníamos todo preparado para poder atenderla lo mejor posible. Pero ella mandaba. No había sufrimiento, no hacía falta anestesia. Pero no faltó el cariño, no faltaron los cuidados.

angelitapapafrita dijo...

Miguel Angel...de verdad que me dejas sin palabras...Y mira que eso es difícil!!!...los niños dan unas lecciones...

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