miércoles, 30 de junio de 2010

Rosario no me dio el numerito


Ya conocen a Rosario. Se decica todos los días a dar el numerito. Vive de eso.
-"¡Rosario, a ver qué numero me das hoy!"
-"Hoy te voy a dar uno que acabe en dos, pa que a las penas le digas adios".
-"¡Rosario, que quiero cambiar de vida"
-"Uno que acabe en nueve, nueve, pa que así cambies y te renueves..."
Ayer fue a quirófano.

Estaba sentada en un taburete junto a la mesa de operaciones.
-"Me voy"
-"¿Qué dices Rosario?"
-"Que no me opero"
-"¿Que no te operas?"
-"Tengo un ataque de ansiedad grandísimo. Me voy"
-"Pues yo me voy contigo"
La cogí de mi brazo y nos salimos al pasillo.
La intervención estaba preparada para un cuarto de hora después. Todavía no había llegado el cirujano. No había ninguna prisa.
Rosario padece de Vertigo de Meniêre. El tratamiento es realizar una inyección dentro del oído de una medicación que afecta al nervio responsable del equilibrio. Se suele hacer con sedación en quirófano. Hay que abrir la membrana del tímpano con una lancetita y hay pacientes que lo pasan mal.
Rosario lo estaba pasando mal de solo pensarlo.
-"Rosario, yo tampoco tengo ganas de estar aquí. También tengo ganas de irme. Pero es una pena que habiendo llegado hasta aquí, te vayas ahora. Esto va a ser un momentito..."
-"Que me voy"
-"Pues me voy contigo. Nos tomamos un café por ahí."
-"Con el marido tan celoso que tengo, no íbamos a poder llegar muy lejos."
-"Salimos por una puerta que no nos vea..."
Fue la primera sonrisa que echó Rosario.
-"Es que me acuerdo de tantas cosas. Me pongo mala. Se me aprieta el corazón de una forma. No puedo ni pensar en que me duermas."
-"Ah, ¿pero es sólo eso?. Pues no te duermo y en paz. En cuanto que venga el cirujano le digo a ver si podemos hacerlo sin dormirte."
Le dije que mientras venía el médico le iba a dar una pastillita que le iba a sentar muy bien y ella accedió. Y allí que estábamos Rosario y yo paseando por los pasillos y saludando a los auxiliares que pasaban.
-"Mira que buena pareja hacen."
-"Como se entere tu marido, nos mata."
Y en esto que llegó el cirujano.
-"Que hemos pensado hacerlos sin sedación."
Y primera pega.
-"Pues no va a ser posible."
-"Es que dice que está muy nerviosa."
-"Aunque sea le coges una vía venosa, por si hiciera falta."
"¡Pues vaya!", pensé. Pero menos mal que mi compi ponía algo de cordura en el asunto. Con una vía en una paciente nerviosa tenemos más tranquilidad en lo que estamos haciendo. Pero me tocaba a mí colocarle la vena.
¿Han visto ustedes la vena que va por el dorso de la cola de los ratones blancos?. Esos chiquititos que sacan en algunas actuaciones de circo. No se habrán fijado nunca, claro. Yo sí sé que existen. Estuve un mes entero administrando medicación en la vena de la cola a un ratoncito tras otro para hacer un trabajo sobre el Propofol. Cada vez que veo una vena pequeña, pequeña, pequeña... me acuerdo de aquel trabajo.
La sentamos en la mesa de quirófano para cogerle la vía y le puse un poco de anestesia local. El cirujano, que viene de buena casta (no en vano es descendiente del que descubrió aquello de las huellas dactilares) empezó a echar una mano.
-"¿Y dónde tienes el puesto de la ONCE, Rosario?"
-"Pues..."
-"Qué gracia, cerca tiene mi hija una casa..."
-"¡Qué bonitas que son. Yo hubiera querido comprarme una, pero...."
-"Pues esto...."
-"Pues lo otro..."
-"Pues lo de más allá...."
Y, mientras tanto le puede coger la venita de ratón que tenía en el dorso de la mano.
-"Rosario, te vamos a echar en la camita, que ya te estará haciendo efecto la medicación que te has tomado, no vayas a marearte..."
Le puse por la vía una mijita de medicación, que ayudó a que estuviera más tranquila.
-"Vamos a empezar."
Y empezamos, y seguimos, y continuamos, y terminamos.
Rosario me tenía cogidas las manos mientras duró todo y nos contó cosas de sus hijas, de su marido, de su puesto, de los premios...
-"Perdonen ustedes por el numerito..."
-"Mira Rosario, te permito todo menos eso, que hoy no nos has dado el numerito. Que sabemos que tu vives de eso, que todos los días vas repartiendo numeritos, pero que hoy nos hemos quedado con las ganas. Conque nos debes uno, Rosario. Nos debes un numerito".

Espero que te cures, Rosario.

5 comentarios:

enfermero9 dijo...

La entrada de hoy te la dedico Miguel Ángel, esta tarde la publico.

angelitapapafrita dijo...

Que Dios nos coja confesados, si alguna vez paso por quirófano!!!...
Cuando "sajaron" a MiRafa, salí que parecía que me lo habían hecho a mí!!!...como si me hubiese acabado de bajar de Rocinante...y el tan pancho.
Un besazo Cadista.

enfermero9 dijo...

Lo prometido es deuda... saldada
http://enfermero9.blogspot.com/2010/06/historia-de-quirofano.html

capitán garfio dijo...

Me encanta....eres un mago del sentimiento....que gusto dar con esa humanidad que derrochas por los ocho costaos
un abrazo de todo corazón

MiAnestesista dijo...

Cuando se conoce a las personas antes de entrar en quirófano, las cosas pueden ser de otra manera...
Es lo mejor de la especialidad.
No me gustaría que me lo quitaran.

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