
En todos estos años pasados, sólo sabía que tenía un día libre cuando el día ya había terminado. Siempre me podían llamar en cualquier momento y he tenido que dejar a Frodo sólo batiéndose contra los Orcos en la Gran Torre y salir del cine con la sangre por las rodillas, mientras me caían flechas por todas partes y los gritos de mis hijos y de Frodo gritando: "No te vayas, por favor, no nos dejes sólos". Tuve que dejar a CinderellaMan en no sé que asalto, recibiendo una manta de palos que le estaba destrozando la cara y desde entonces, cada vez que veo una película de Russell Crowe procuro entrar ya empezada la película, para que no me recrimine por ese mal detalle que tuve con él.
Esas veces estaba con mi santa esposa, que podía seguir cuidando de mis criaturas. Pero algunas veces he estado sólo con ellos y la influencia ha sido muy grande.
Carmen tenía seis años y andábamos por Puerta Real esperando a la madre cuando me llamaron para un parto urgente. Nos metimos en el coche y allá que fuimos para el hospital.
-"¿Que te llevas a la niña...??????"
-"Sí, no te preocupes, es un parto rápido, nos vemos a la hora del almuerzo."
-"¿Y dónde la vas a dejar...?"
-"No te preocupes..."
No te preocupes, no te preocupes. De haberlo sabido...
Estaba una matrona muy simpática, con la que la niña había hecho ya migas. Llegué, ví, dejé a la niña y ... vencí.
Eso creí yo.
El parto fue más rápido de lo que yo pensé. Así que todas las manos eran pocas para atender a la paciente. Por eso, creo que fue por eso, me encontré a mi hija vestida con pijama de quirófano, gorro, mascarilla y guantes en la puerta de paritorio.
-"¡Hola papá!"
Miré a la matrona. Miré a mi hija. Miré a la señora.
-"Por mí se puede quedar", me dijo la futura mamá.
-"Va a ser un parto muy bonito, no ves que es el tercero...", refrendó la matrona sin dejarme pensar.
-"Empuja"- gritó la ginecóloga.
Y la verdad es que todo fue maravilloso.
Carmen en primera fila, viéndolo de cabo a rabo y pareciéndole de película. La matrona la cogía en brazos y la llevaba de un lado para otro explicándole cada cosa.
Carmen, al terminar se acercó a la paciente y le dió un beso.
-"Tienes un niño muy bonito".
Y colorín colorado, vocación de médico, que ha sacado.
Miguel Ángel y papá están en Puerta Real. El móvil que suena. "Mujer con contracciones que desea la epidural". Se repite la película, pero en cámara lenta, sin prisas. Miguel Ángel tiene 7 años.
-"No te preocupes, va a ser un parto lento. Vienes a recogerme al hospital y comemos por allí cerca."
-"¿Y el niño?"
-"Con él no va a haber problemas".
Por el camino, Miguel Ángel estaba pensativo.
-"Papá, ¿voy a ver un parto?"
-"No, hijo mío, le voy a poner la epidural. El parto será esta tarde"
Cara de tranquilidad. Cara de QuéPesoMeHeQuitadoDeEncima. Cara de PeroBuenoSiMeDeja... Cara de VoyAVerQuéMeDice...
-"¿Y puedo ver cómo la pones"
-"¿Estás seguro?"
-"¡Pues claro!"
-"¡Pues venga!"
Cara de ¡¡¡¡¡¡CuandoSeLoCuenteAMisAmigos!!!!!
Así que llegamos al hospital y por la puerta de paritorio sólo se podía ver mi espalda, lo que se dejaba translucir de la cabeza de la paciente y nada más.
Estaba poniendo la primera epidural en que mi hijo me observaba. Procuré darle un ambiente de tranquilidad y empecé a entablar conversación con la paciente.
Pero hay pacientes que hablan y otras que son más reservadas.
¡No dijo ni pío durante toda la maniobra!. Así que sin querer, se me escapó, mientras le ponía el apósito sobre el catéter, una vez habíamos terminado:
-"No dices nada, ¿es que te has muerto?"
Y antes de que respondiera la paciente, escuché, trás de mí, una carrera agitada. Miré para atrás y mi hijo había desaparecido. Dejé a la paciente y fui al estar de médicos que había al lado de paritorios.
Mi hijo estaba tirado encima de una fila de sillones, blanco como la nieve, sudoroso, temblando:
-"Papá, dime que no se ha muerto..."
Mis risas le dieron la respuesta y él me acompañó en la alegría.
Y pocas veces me ha acompañado en algo más en el hospital.
Y colorín, colorado, vocación de ingeniero, que ha sacado.